En un hecho sin precedentes, Kim Manresa expone la intimidad, las contradicciones y la humanidad de 30 premios Nobel de Literatura.
Detrás de los grandes nombres que brillan con un Premio Nobel de Literatura existen historias, gestos y pasiones que rara vez llegan a los titulares. El fotoperiodista español Kim Manresa decidió ir más allá de la pluma de estos escritores, adentrándose en los lugares que los vieron crecer, tal como un pupitre y una escuela en ruinas; acompañándolos en su activismo y en las prisiones donde algunos padecieron tortura por su lucha a favor de los derechos humanos, y en los momentos cotidianos que revelan su lado más humano, como comprar verduras para cocinarse una sopa. Cada encuentro se convierte así en un retrato que va más allá del mito: se trata de la vida real, vibrante y sorprendente, de los escritores que creíamos conocer.
En “El otro Nobel” (Debate, 2025), Manresa no solo captura más de 200 fotografías, sino que abre ventanas a la vida íntima de quienes, para el mundo, son símbolos inalcanzables de la grandeza literaria. Desde calles empedradas hasta estudios caseros, de charlas filosóficas a risas inesperadas, cada encuentro es un relato que invita al lector a descubrir al ser humano detrás del Nobel.
Orhan Pamuk y el riesgo de acompañarlo a comprar alcachofas
Al encontrarse con Orhan Pamuk en Estambul, el escritor pidió a Manresa y a su acompañante que caminaran con él a comprar alcachofas, no sin antes advertirles que sus vidas correrían peligro inminente.
Poco tiempo antes, Orhan Pamuk denunció que el Estado turco había cometido genocidio en contra del pueblo armenio, lo que provocó la ira de los nacionalistas que lo amenazaron de muerte, por lo que tuvo que esconderse y ser custodiado por guardaespaldas. Pero a esa hora, cuando saldría, era la hora de la comida, entonces ideó un plan.
Le dijo a Manresa: “Tú te pones el chaleco de fotógrafo, agarras tus cámaras… y si nos disparan, primero te van a disparar a ti, porque te van a confundir con uno de mis guardaespaldas, y eso me dará tiempo de esconderme”. El fotoperiodista cuenta entre risas la experiencia durante la entrevista con Revolución 3.0; sin embargo, aclara que en ese momento sabía que su vida estaba en riesgo.
Para Manresa, aquel día no solo fue una sesión fotográfica, fue una lección sobre el valor, la vulnerabilidad y la fuerza que esconden detrás de la fama quienes cambian la literatura y el pensamiento con sus palabras.
Soyinka, un defensor de derechos humanos antes que escritor
El nigeriano Wole Soyinka fue el primer africano (no sudafricano) en ganar el Nobel de Literatura en 1986 y es reconocido por su activismo político y su teatro, que fusiona poesía y crítica social sobre la cultura africana y la política, siendo una figura clave contra el apartheid y la corrupción.
De él, Manresa recuerda que Soyinka estaba completamente comprometido con su pueblo y luchó contra la dictadura que había en Nigeria y contra las grandes petroleras, como Repsol. “Ahí, para explotar el petróleo, tuvieron que aniquilar a mucha población; es ahí cuando Soyinka comenzó a denunciar todas estas injusticias, principalmente cómo las multinacionales desaparecían a los pueblos autóctonos”.
“Es así que me llevó a caminar por los refugios de las montañas donde alguna vez hubo emboscadas y por los lugares donde se escondió de joven, mientras intentaba mantener su activismo contra un gobierno represor. Poco después nos llevó a la escuela donde él estudió de niño y, entre ruinas, ahí estaba un pupitre donde se sentó y dijo que ahí había estudiado”, narra el fotoperiodista.
Llegó el momento de hacer las fotografías de Soyinka y sugirió ir a la cárcel donde fue encerrado junto a Nelson Mandela, porque los dos lucharon contra el apartheid. El recorrido incluyó historias donde describía a los amigos que fueron, junto a él, víctimas de tortura. “El paseo fue muy emblemático”, reconoce Manresa.
J. M. Coetzee, el hombre invisible
De los 30 galardonados con el Premio Nobel de Literatura, J. M. Coetzee es el “hombre invisible”, dice Manresa. Él, describe, no admite preguntas si no se ha pedido permiso de hacerlas. El autor de “Diario de un mal año” solamente habla aquello que escribió con antelación y lo expresa leyéndolo.
Kim Manresa recuerda que cuando a Coetzee lo invitaron a una universidad y le tocó el turno para hablar, “metió su mano al bolsillo, sacó un papel, lo leyó y eso fue todo; no expresó nada más”.
El fotoperiodista confiesa que cuando por fin se presentó la oportunidad de fotografiarlo fue una experiencia un tanto incómoda, porque Coetzee no daba entrevistas y menos permitía que lo fotografiaran. Pero la directora de un premio de literatura chilena que se creó en honor al Nobel buscó a Kim y le dijo que lo haría pasar como un fotógrafo oficial y así podría tomarle algunas imágenes.
Manresa recuerda que Coetzee caminaba por el campus universitario, donde fue la premiación, en completo silencio. Incluso los alumnos lo saludaban, pero él no volteaba a verlos; siempre caminaba con la vista hacia abajo. “Los estudiantes lo reconocían y él permanecía impasible. Después le hicieron una recepción, había como 300 personas, duró una hora, y Coetzee buscó un lugar alejado de todos, dividido por una pequeña pared, y ahí se quedó tomando una copa de vino, sin decir absolutamente nada, nada, nada, nada. Un contraste con Darío Fo”.
Los cumpleaños de Darío Fo duran una semana
El dramaturgo Darío Fo pidió a Kim Manresa encontrarse durante las fechas cercanas a su cumpleaños. Le dijo que sería una buena época para visitarlo en su casa, porque habría una semana de fiesta. Todos los días la diversión era cada vez mejor, todo ello acompañado de fuegos artificiales, invitados, alegría y celebración.
Ahí mismo, entre brindis y brindis, Fo le platicó a Manresa sobre sus años universitarios, cuando era un revolucionario y estaba al frente de un grupo de jóvenes que buscaban un cambio político y social. Manresa confesó que fue emocionante fotografiar a Fo y lo describió como un “showman” y una persona con la que fue fácil conectar debido a su método empático de trabajo.
Svetlana Alexievich, una activista comprometida con los derechos humanos
Svetlana Alexievich y Kim Manresa conectaron de inmediato porque la conversación se dirigió hacia Chernóbil.
A través de sus vivencias y su pensamiento, el fotoperiodista entendió que la escritora es una mujer plenamente comprometida con los derechos humanos, los derechos de la mujer y una obra enfocada en exhibir las mentiras de los gobiernos; por eso, dice el autor de “El otro Nobel”, ha tenido que huir.
Recuerda que un día después de hacer la entrevista, ella tuvo que huir de Bielorrusia a Berlín y, lamentablemente, su intérprete no consiguió escapar, fue detenida y sigue encarcelada hasta este momento.
El autor relató que Alexievich utiliza la cocina de su casa como su despacho, el lugar donde ha entrevistado a las víctimas de sus libros, como Voces de Chernóbil y La guerra no tiene rostro de mujer. Manresa dice, con mucha seguridad, que por esa cocina “han pasado todos los horrores del siglo XX”.
Herta Müller rehúye a ser fotografiada
Kim Manresa contó durante la entrevista que la escritora rumano-alemana Herta Müller “no puede soportar” las cámaras y rehúye a ser fotografiada. A pesar de esto, Manresa logró capturar una imagen inusual y “altamente histórica” de ella.
En el libro “El otro Nobel”, Müller aparece cubriendo su rostro, un testimonio de su rechazo a las cámaras y del desafío que esto supuso para el fotógrafo. El motivo no es otro que, antes de ser escritora, Müller estuvo encarcelada por su activismo y por orden del gobierno.
“Cuando estaba encarcelada la torturaban no físicamente, sino con tortura psicológica. La encerraban en un cuarto y hacían que las luces parecieran flashes que no se detenían en toda la noche; es por ello que, cuando ve una cámara, le recuerda esta tortura”, comenta el fotoperiodista.
Kim Manresa tiene 65 años, vive en cualquier lugar del mundo y cuenta historias a través de la fotografía. Se sentó a conversar con Gabriel García Márquez en su casa de la Ciudad de México, salió a correr por Lima junto a Mario Vargas Llosa —quien incluso detuvo el tránsito para evitar que Manresa fuera atropellado— y convirtió encuentros improbables en escenas íntimas.
Algunos Nobel se resistieron a ser retratados; otros dejaron que la vida cotidiana hiciera el trabajo. La obra “El otro Nobel” no captura monumentos, sino personas; es decir, escritores bajados del pedestal, vulnerables, humanos. Ahí, lejos del mito, es donde la literatura vuelve a respirar.


