(24 de octubre, 2013).- Entre las avenidas con más de 6 carriles, puentes que se entretejen en nudos de asfalto por los cuales transitan millones de automóviles, gente que se traslada de un extremo al otro de la ciudad, luces, ruido, tráfico, camiones y hombros que chocan entre sí en el apuro de las horas pico en el primer cuadro del Centro Histórico, se dejan ver los vestigios de los que aún conservan su calidad de pueblos originarios.
En la inmensidad de la Ciudad de México, con más de 8 millones 800 mil habitantes, aún existen entre 100 y 150 pueblos originarios que se asoman al caos jerárquico que sugiere una de las ciudades más grandes del mundo, algunos con un kiosco central, un lavadero comunitario o un panteón en el que sólo pueden estar enterrados aquellos que pertenecieron a esa pequeña demarcación.
“Tener una definición del concepto de pueblos originarios es parte del problema. Ahorita quienes están trabajando en la ley están planteando la característica del tiempo de permanencia en un territorio determinado y las características culturales como la fiesta patronal, sistema de cargos, entre otros”, explicó la antropóloga Ana Portal Arriosa, en el 3er Foro “Patrimonio Cultural Inmaterial en la Ciudad de México”.
Ante la necesidad de tener una legislación que ampare a estas comunidades originarias, rurales, insertadas en la narrativa citadina, se ha planteado la elaboración de la Ley de Derechos de los Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas Residentes, la cual es un gran avance en el reconocimiento de la existencia de los pueblos originarios que, por muchos años, las autoridades locales han hecho un gran esfuerzo por desaparecer u homologar, explicó la antropóloga.
Este hecho ha enfrentado a académicos y legisladores a la problemática que sugiere este caso en especifico sobre la de la definición de conceptos. Portal Arriosa explicó que es muy complicado encasillar a todos los pueblos en una sola definición o bajo ciertos parámetros, puesto que cada uno tiene sus propias particularidades según la circunstancia. Puede ser que algunos tengan más de 100 años habitando su territorio, que sólo conserven una fiesta patronal o que incluso, su territorio se haya reducido a tal grado de tener un espacio simbólico en vez de físico.
Así cómo lo teórico presenta sus dificultades, los pueblos originarios han enfrentado diversas complicaciones a lo largo de su historia, como el hecho de que los hayan obligados dejar sus tierras, luego de alguna expropiación, o la venta obligatoria de la cual fueron víctimas después de la presión del gobierno.
Otra de la dificultades que ha llegado a incidir en sus propio sistema de usos y costumbres fue la incursión de los partidos políticos cuando, en el Distrito Federal, se empezó a elegir democráticamente a los representantes de cada delegación.
Este hecho provocó que se fracturarán los sistemas de representantes que se mantenían en muchos pueblos originarios, ya que, antes, la elección de sus autoridades se hacía cara a cara y tenía que ver con el respeto y honor del representante.
En cambio, desde que se implementó el sistema de partidos en las delegaciones, los intereses que priman son precisamente los de los partidos políticos y no de la comunidad, lo que ha ocasionado peleas incluso entre familias.
Ante esta compleja realidad, se ha dado un énfasis particular al Foro “Patrimonio Cultural Inmaterial en la Ciudad de México” que coadyuvará al debate y a la apertura de espacios de diálogo que contribuyan a la elaboración de una ley que englobe las realidades de los más de 100 pueblos que luchan de manera cotidiana por ser reconocidos y no desaparecer en esta selva de asfalto.


