Por: Valentina Pérez
La cosmogonía egipcia reta tanto a la dualidad hombre y mujer para la procreación, como las fuentes tradicionales de placer. La explicación del origen de la vida y sus deidades inicia en un acto de onanismo: el dios Atum creó al grupo de dioses a través de la continua y rítmica agitación de su pene que lo llevo eventualmente al orgasmo y a la eyaculación.
La masturbación en las deidades masculinas tenía como fin el propio placer pero también la creación de otros dioses, como el caso de Atum. Las cosas y su afluente rastrean su origen en el líquido divino emanado de los hombres.
La existencia del Nilo, sus inundaciones –que permiten la fertilidad de la tierra desértica-, y su afluente también son atribuidas a la masturbación original.
El acto de autoerotización se convirtió también en una forma de reverenciar a los dioses y de preservar su legado. Cada vez que un Faraón llegaba al trono se acostumbraba la masturbación enfrente de la imagen de deidades, por lo que el acto incitó a que durante ceremonias religiosas se practicara la masturbación pública.
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