Valentina Pérez Botero / @vpbotero3_0
La letra se repite para hacer énfasis: M de mayo, mes y masturbación. En 1994 Joycelyn Elders, cirujana general de Estados Unidos, perdió su puesto al decir que la masturbación debería ser parte de la educación sexual en su país.
Elders entendía que el contacto solitario con el propio placer abría la llave de la educación sexual, la autoexploración y terminaba por contribuir con el desarrollo de la autoestima. El hecho de que la sugerencia proviniera de una autoridad en salud cimbró los principios morales y religiosos –en los que la sexualidad se acalla y obstaculiza-.
Al año siguiente, en el mes que fue pronunciada la frase y despedida la funcionaria, se inició a conmemorar la masturbación. Empezó en San Francisco hace 18 años y ahora ya es una celebración nacional que se acompaña con eventos como el Masturbatón (la conjunción de masturbación y maratón) en Filadelfia.
El Masturbatón busca llegar a la meta de recolectar fondos que se dedicarán para la educación sexual ,y durante el trayecto, a través de actividades lúdicas, se dedica a desvestir los tabúes sociales sobre el sexo. La premisa es que la ignorancia dispara las relaciones sexuales riesgosas e insatisfactorias.
Además de la retribución física de la masturbación, sus efectos colaterales en hombres, como en mujeres, recompensan la práctica: funciona como analgésico, contribuye al mejor funcionamiento cardiovascular, aumenta la sensación de bienestar, entre otras. La M debería ser parte del pronombre de apropiación: Me conozco, Me masturbo y Me provoco placer.


