En la noche del 22 de enero de 2012, mientras millones de mexicanos seguían con nerviosismo y expectación la transmisión del sorteo Melate, Revancha y Revanchita, para los que veían por televisión todo era una suerte de azar genuino, cuando en realidad todo era resultado de un montaje meticulosamente planeado.
Ese domingo, los números ganadores que aparecieron en pantalla —06, 12, 15, 24, 25 y 49— ya habían sido seleccionados horas antes en un foro improvisado, donde un grupo de empleados de Just Marketing, la empresa encargada de grabar y transmitir el sorteo, filmó un falso sorteo completo para luego reproducirlo como si fuese en vivo.
La mecánica del fraude fue tan audaz como simple. Sabiendo de antemano los resultados, los implicados compraron 16 boletos con esos números ganadores, entre las 18:00 y 19:00 horas, varias horas antes del horario de la emisión oficial.
Después, insertaron el video preparado en el flujo “en vivo” de la transmisión correspondiente al sorteo 2518; el engaño alcanzó incluso a la interventora de la Secretaría de Gobernación, quien supervisaba el evento desde una sala alterna y creía que este sucedía en tiempo real.
Al día siguiente, la escena parecía haber sido un golpe perfecto. Los boletos “ganadores” fueron cobrados por familiares y cercanos de los empleados que participaron en el plan, en plazas como la Ciudad de México y Zacatecas, y un total estimado de más de 110 millones de pesos fue extraído de las arcas de Pronósticos para la Asistencia Pública, la entidad responsable de Melate.
Sin embargo, las pistas de la verdad comenzaron a aflorar. Los involucrados fácilmente desataron sospechas cuando no regresaron a trabajar, y la coordinadora técnica de Pronósticos, Annie Castillo, percibió que algo no cuadraba al notar la relación familiar entre los supuestos ganadores y los que días atrás habían manipulado la grabación.
La investigación que siguió fue una mezcla de asombro, frustración y burocracia. La entonces Procuraduría General de la República (PGR) emitió órdenes de aprehensión y aseguró cuentas bancarias, pero muchos de los acusados lograron enfrentar el proceso en libertad o vieron sus cargos diluirse con el tiempo.
La legislación del momento no consideraba como delito grave este tipo de fraude, lo que permitió que varios implicados sortearan condenas definitivas incluso tras años de proceso.
El plan que había sido consumado en apenas unos segundos de transmisión acabó por ser desarmado casi tan rápido como había sido descubierto, pero dejó un legado de impunidad y preguntas sin respuesta sobre la administración de los sorteos públicos.
Para Rodrigo Santos, reconocido cineasta, director y guionista mexicano, famoso por su trabajo en series de televisión que abordan temas políticos y sociales, en producciones como “Belascoarán”, “Un extraño enemigo” y la serie antológica “Historia de un crimen” (Colosio), la noticia “salió muy desvanecida, pese a la gran cantidad de dinero robado, la forma en que se ejecutó el fraude y la desconfianza que pudo generar en los mexicanos. Tuvo cobertura, pero no del tamaño que yo me imaginé. En mi caso, me enteré porque soy un jugador de Melate”, cuenta durante una entrevista con Revolución 3.0.
Los personajes no eran héroes, eran personas ordinarias
El cineasta confiesa que, desde el principio, le interesó profundamente este caso; “el fraude estaba relatado de una manera que me llamaba mucho la atención. La forma en que se llevó a cabo me intrigaba y despertaba una curiosidad que no me permitió soltar el hilo”. Así nació la idea de convertir en serie la historia real bajo el título “Me Late que Sí”, un éxito rotundo en Netflix, alcanzando el número 1 en el Top 10 de México poco después de su estreno.

El proyecto tardó cerca de 12 años en madurar, en encontrar su forma y el espacio adecuado para realizarse. Durante todo ese proceso, Santos se cuestionó si la visión original con la que había empezado el proyecto se mantendría o si, con el tiempo, los motivos para contar la historia cambiarían. Hoy, la razón principal sigue siendo la misma: el evento merecía ser contado. Además, como profesional dedicado al cine y la televisión, le atrae especialmente explorar ciertos géneros narrativos.
“En particular, me interesa el género conocido como ‘de atraco’, presente en innumerables películas de robos a bancos, museos y otros golpes magistrales. La historia de este fraude, con su ingenio y complejidad, ofrecía la oportunidad perfecta para adentrarme en esa tradición cinematográfica y explorarla desde una perspectiva única”, añade Santos.
A diferencia de las películas y series clásicas de este tipo, desde “Rififi” hasta “Ocean’s Eleven” y sus variantes modernas, en las que los protagonistas son extraordinariamente talentosos, con hackers que desactivan sistemas de seguridad imposibles o ladrones capaces de hazañas casi sobrehumanas, aquí sucedía algo distinto.
Lo que le fascinó a Rodrigo Santos, era que los personajes no eran héroes con habilidades excepcionales; eran personas ordinarias que lograron algo extraordinario gracias a su contexto, y a la posición que ocupaban en Pronósticos.
Su talento no era innato ni espectacular, sino que surgía de su entorno y de cómo aprovechaban su lugar en el organismo. Ese contraste con las reglas tradicionales del género le pareció al cineasta especialmente atractivo y le daba a la historia una dimensión única. “La astucia y el ingenio podían surgir de la rutina y de lo cotidiano, no solo del talento extraordinario”.
Ese enfoque, combinar un hecho real con la exploración del género del atraco desde una perspectiva humana y cercana, permitió a Santos mantenerse motivado durante años. La historia no solo era un fraude televisado, sino también un espejo del ingenio cotidiano y del contexto que permite que lo imposible suceda en manos de quienes, en apariencia, no tienen nada excepcional.
Cada escena, cada decisión de los personajes refleja cómo la vida real puede ser tan sorprendente y compleja como cualquier ficción. “En este proyecto nuestra principal tarea era traducir la realidad a un lenguaje cinematográfico que conectara con la audiencia y la hiciera sentir parte de esa intriga”.
Rodrigo Santos también reflexiona sobre el juego de Pronósticos, dice que, “como casi cualquier lotería o juego de azar, alimenta un sueño muy bonito que compartimos prácticamente todos, es decir, la idea de quitarnos de problemas y tener el dinero suficiente para vivir sin preocupaciones. Mucho más que eso, en realidad se trata de la promesa que hace un premio así, es decir, obtener libertad y tranquilidad.
‘Si soy honesto, soy el tonto; si no lo soy, quizá prospero’
“A mí me sigue gustando ese ejercicio de imaginación, porque es un denominador común en la mayoría de las personas. No soy un loco que compra boletos y cree que va a ganar; todos hemos fantaseado con lo que haríamos si tuviéramos ese dinero. Ese sueño nos conecta, nos hace imaginar un mundo distinto por un momento, y creo que ahí reside su belleza”, revela el cineasta.
Ahora bien, la gran premisa que la serie plantea es también un recordatorio. Todos sabemos que ganar es prácticamente imposible. Si apuestas tu futuro a la lotería, estás condenado a la frustración. Una cosa es soñar y otra muy distinta creer que esa es la forma de salir adelante, comenta.
“Por eso nos gusta una frase que usamos para promocionar la serie: ‘Todos queremos ganar la lotería, todos hemos soñado con eso, pero sabemos que es imposible. Es más probable que te caiga un rayo a que te saques el Melate’. Estadísticamente, es así”.
Pero, ¿qué pasa cuando, como con otros sueños, ves la posibilidad de hacerlo realidad? No me refiero solo a hacerte rico, sino al hecho de ganarte el premio si encuentras un hueco. “Nuestros personajes lo hicieron, y la gran pregunta que plantea la serie es: ¿tú qué harías si tuvieras esa oportunidad? Es un punto de reflexión importante. La reacción de nuestro protagonista, José Luis Conejera, está motivada por su ambición y sus ganas de prosperar, que a veces le impiden valorar la familia que tiene.
“Pero también enfrenta un dilema que muchos mexicanos reconocen, y es ver a otros enriquecerse de manera ilícita y preguntarse si ser honesto es realmente lo inteligente. Cuando la trampa y la corrupción se normalizan, como pasó en Pronósticos en esa época, un funcionario puede pensar: ‘Si soy honesto, soy el tonto; si no lo soy, quizá prospero’. Esa tensión entre ética y conveniencia es parte central de la historia”, describe Santos.
Y, a la par, la serie muestra cómo la sociedad tiende a romantizar la lotería y los sueños de riqueza, sin considerar las decisiones morales que esos sueños pueden poner a prueba.
El cineasta Rodrigo Santos describe la serie como entretenida, y muy divertida, que apela a esa pregunta que todos nos hacemos: ¿qué harías si pudieras ganarte el premio, con el método que sea?. La serie trabaja esa fantasía a partir de un hecho real, siguiendo a estos personajes que se atreven a llevar a cabo algo que resulta inimaginable. Además, dice, una de las cosas que más fascina de este fraude es que, a diferencia de la mayoría de los fraudes que se hacen escondidos, con letras pequeñas y maniobras bajo el agua, este se ejecutó en televisión abierta, frente a todo el mundo.
“Ese descaro es impresionante: si te pones en sus zapatos, cinco minutos antes yo estaría nerviosísimo. Lo vi en YouTube y es casi imperceptible; tan descarado que pasa desapercibido. Esa combinación de audacia y nerviosismo es lo que lo hace genial”, comenta Santos.
Entre la ambición, la moral y la justicia
“Además, hay un elemento humano muy interesante: los personajes no son profesionales, es una banda improvisada que comete errores, que se equivoca, y eso permite que eventualmente los atrapen. Eso genera una tensión especial porque el espectador, a veces, se encuentra del lado de la banda, queriendo que les salga bien, aunque también se perciba que su ambición y sus fallas los llevarán al fracaso. Queríamos que el público sintiera simpatía por ellos, porque más allá de robar un premio, están venciendo a un sistema que los ha limitado, que los ha sobajado y que no les permite avanzar”, concluye el cineasta.
El final, inevitablemente, es amargo y agridulce. “Ellos no triunfan, como en la realidad, y tampoco queríamos dar un triunfo a unos ladrones. Pero eso es parte de la historia; si te robas 100 o 160 millones, lo justo es que haya consecuencias y vayas a prisión. Al mismo tiempo, la serie deja que el espectador disfrute de la audacia, del ingenio y de la fantasía, mientras reflexiona sobre los límites entre la ambición, la moral y la justicia”.
El impacto del fraude de Melate se sintió más allá de los pasillos judiciales, cuando las ventas del sorteo cayeron notablemente en los meses posteriores, lo que obligó a Pronósticos a relanzar la marca y reforzar los mecanismos de transparencia con transmisiones realmente en vivo y mayores controles de seguridad para recuperar credibilidad.
El caso del fraude al Melate, iniciado en 2012, aún no ha producido una sentencia definitiva contra los 12 exfuncionarios y particulares involucrados. Gran parte de esta demora se debe a que los propios acusados han prolongado el proceso judicial. Desde aquel 24 de agosto de 2012, cuando un juez federal emitió 12 órdenes de aprehensión contra empleados de Pronósticos Deportivos y de la empresa Just Marketing, el caso ha permanecido abierto, dejando una sensación de impunidad que todavía marca este episodio en la historia de los sorteos en México.
En 2024, José Luis Jiménez Mangas, exdirector de Progol, Protouch y Pronósticos Rápidos, señalado como autor intelectual del fraude, falleció a los 60 años en el Hospital General, en la Ciudad de México, sin que se hubiera dictado un fallo que estableciera su culpabilidad o inocencia.
Su muerte dejó aún más incierto el cierre de un caso que, más de una década después, sigue siendo recordado tanto por la magnitud del fraude como por la ausencia de justicia efectiva.


