Es muy difícil explicar que de 80.7 millones de adultos mayores de 18 años, 67.3 mostraran su optimismo no obstante las muchas penalidades que sufren, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Así lo determinó la Encuesta de Bienestar Subjetivo 2014, que se llevó a cabo en 44 mil 518 viviendas de las 32 entidades federativas. Esto si es para presumir en el extranjero, aunque por otro lado podría ser motivo de preocupación, al demostrar un alto nivel de enajenación en México.
En un análisis más profundo, lo que resulta de dicho ejercicio recomendado por la OCDE, más que muy satisfechos (34.8 millones), o sólo satisfechos (32.5 millones), es la demostración de un estado de desconexión con la realidad muy acentuado. Se vive de manera acelerada, sin tiempo para reflexionar seriamente sobre el mundo que nos rodea, si es bueno o malo el modo cómo nos enfrentamos con las vicisitudes de la vida cotidiana. Mientras no nos falte lo esencial para irla pasando, todo lo demás no importa.
Entre las 100 situaciones asociadas a los niveles más altos de satisfacción y balance anímico, están: “no presentar condiciones de pobreza y vulnerabilidad, participar de las redes sociales, haber tenido un ascenso o aumento de sueldo y confiar en cinco o más amistades”. En contrapartida, las asociadas a los niveles más bajos de satisfacción con la vida y de balance afectivo, están: “no confiar ni en un familiar, no tener amistades, considerar que su nivel de vida actual es inferior al de su niñez, que no ha tomado decisiones importantes en la vida y, sobre todo, que la drogadicción está presente en el hogar”.
Los promedios más altos de satisfacción se encuentran en Baja California Sur, Baja California, Chihuahua, Durango, Nuevo León, Tamaulipas, Querétaro y el Distrito Federal. Los más bajos se ubican en Veracruz, Morelos, Puebla, Campeche, Guerrero, Aguascalientes, Michoacán y Oaxaca. En los estados de Sonora, Coahuila, Zacatecas, San Luis Potosí, Hidalgo, Chiapas, Yucatán y Quintana Roo se ubica la población adulta en un nivel arriba de la media nacional, pero abajo del cuartil de los más satisfechos. En un nivel intermedio la de los estados de Sinaloa, Nayarit, Colima, Guanajuato, estado de México, Tlaxcala y Tabasco.
Llama la atención que en Durango, el estado más pobre del Norte del país, su población se ubique entre las entidades federativas con los promedios más altos de satisfacción con la vida. Asimismo, que Yucatán se encuentre abajo del cuartil de los más satisfechos, cuando es un emporio turístico, con bajos niveles de violencia y una vida social y cultural caracterizada por el cosmopolitismo. El Inegi no profundiza en el análisis, lo que permite aducir que en la entidad norteña se presta más atención a los factores subjetivos, mismos que favorecen un mayor distanciamiento de la realidad.
Es válido preguntarse: ¿El mexicano adulto está realmente satisfecho con su vida o lo que ocurre es que cada vez está cayendo en un “importamadrismo” más profundo? Sería muy ilustrativo descifrar esta cuestión, pues como que es ilógico que mientras más problemas de todo tipo padecemos la inmensa mayoría de ciudadanos, no se vea reflejada tal situación en el estado anímico de las personas.
Más aun cuando el futuro es más incierto cada día, no hay viso alguno de que las cosas vayan a mejorar en el país, sino todo lo contrario, no obstante el optimismo del grupo en el poder. Ya suman dos generaciones perdidas por la ausencia de crecimiento real, por la falta de oportunidades para el millón de mexicanos que cada año se agregan al mercado laboral y la mayoría de los cuales se quedan en el ejército de reserva o se suman a las filas de la delincuencia organizada. Aun así hay población que se siente satisfecha con su vida.
Sin embargo, en el otro lado del espectro está la fila de quienes llegan incluso al suicidio, quienes de ninguna manera están muy poco o nada satisfechos con su vida. Es la encuesta imposible de llevar a cabo, aunque si debiera haber cifras reales y puntuales para tener un diagnóstico más completo de nuestra realidad nacional. De igual modo, es necesario conocer más a fondo la causa objetiva de la satisfacción de quienes dicen ser felices, aunque vivan con la soga en el cuello.

