(20 de enero, 2014).- Docenas de hombres que realizan guardia en un camino lleno de baches que atraviesa arboledas de limón y campos de maíz, son sólo una pequeña parte de las autodefensas que se extienden por el oeste de México. A medida que cuentan sus historias, surgen temas comunes: fueron miembros de las pandillas de Los Ángeles o trabajadores de la construcción en Texas que fueron deportados. O recolectores de manzana del estado de Washington que fueron despedidos.
Muchos fueron migrantes en Estados Unidos que regresaron a trabajar en el estado de Michoacán, algunos voluntariamente pero muchos más de forma obligada. Tomaron las armas después de sufrir extorsiones por parte de Los Templarios.
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