Nestlé y Starbucks, el duopolio que asfixia a caficultores en Chiapas y Veracruz

Nestlé y Starbucks, el duopolio que asfixia a caficultores en Chiapas y Veracruz a través de intermediarios y falsas estrategias de sostenibilidad

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rás de la taza matutina que millones de personas consumen en el mundo, se esconde una realidad de deforestación, control corporativo y precarización laboral contra productoras y productores de café de Chiapas y Veracruz, dinámica ejercida por Nestlé y Starbucks.

Tras un año de la publicación del informe “Explotación y opacidad, la realidad oculta del café mexicano”, realizado por Empower, junto a Coffee Watch y ProDESC, las mecánicas de la industria cafetalera no han cambiado.

Si bien existe un contrapeso en el mercado auspiciado por el Gobierno Federal, conocido como Café del Bienestar, ambas empresas sostienen prácticas monopólicas y acuden a intermediarios (como Agroindustrias Unidas de México) para reducir costos de producción a través de la imposición de precios bajos del grano.

El análisis de sus cadenas de suministros y sus políticas de operación deja en claro que ambas empresas, a pesar de sus diferencias en la forma de operar, comparten una dependencia crítica de grandes comercializadoras multinacionales como ECOM Agroindustrial Corp. Limited, Neumann Kaffee Gruppe (NKG) y Louis Dreyfus Company B.V (LDC).

El duopolio y la robustización del café

Estas corporaciones no sólo aseguran la cantidad y calidad del café necesario para las multinacionales, sino que también ejercen un control desmesurado sobre el mercado y la producción de café en México, dejando a los pequeños productores en una situación de extrema vulnerabilidad.

El hallazgo más alarmante es la estrategia de robustización del café mexicamo impulsada por el Plan Nescafé. Bajo la promesa de mayor productividad y resistencia, se ha fomentado el cultivo de café robusta, de menor calidad y precio.

Esta estrategia ha intensificado la deforestación y el agotamiento de recursos hídricos en las zonas cafetaleras. Esta política no sólo erosiona la biodiversidad y estabilidad ecológica de estas regiones, sino que también perpetúa la precariedad económica de los productores, quienes se ven atrapados en un ciclo de bajos márgenes de beneficio y competencia desleal en un mercado controlado por pocas manos.

Con salarios mensuales promedio de 106 USD (alrededor de 1,819 pesos mexicanos), quienes trabajan el cultivo del café apenas superan la línea de pobreza extrema por ingresos en México, fijada en un ingreso de 98.80 USD. Así, 41.52 por ciento se encuentran abajo de la línea de pobreza, fijada en 182 USD.

Certificaciones bajo sospecha, el caso Starbucks

Aunque Starbucks promueve su programa C.A.F.E. Practices (en alianza con Conservation International), la investigación denuncia una grave falta de transparencia, pues el sistema depende de autoevaluaciones de los productores que pueden ser manipuladas, careciendo de inspecciones de campo rigurosas.

Estos programas terminan excluyendo a los pequeños productores, quienes no pueden cumplir con requisitos impuestos por las mismas empresas que dominan el mercado.

Detrás de la fachada de sostenibilidad, se busca esconder a los caficultores atrapados en un ciclo de deudas, precios injustos y prácticas laborales abusivas, sin posibilidad de vender sus productos fuera de este esquema” se lee en el informe.

Esta opacidad, sumada al rol de intermediarios como AMSA, cuestiona si estas etiquetas son realmente éticas o simplemente una estrategia de marketing.

Por otro lado, se ha documentado cómo las prácticas de compra y certificación de estas corporaciones han exacerbado la pobreza y desigualdad en las comunidades cafetaleras.

Violaciones a derechos humanos, el lado oscuro de la industria 

Entre las consecuencias de los bajos precios a los que estas empresas compran el café mexicano destacan las violaciones a los derechos de los trabajadores del café. Debido a su reducido tamaño y margen de ganancia, la mayor parte de los cultivos del café en México son trabajados con mano de obra familiar.

Los cafetaleros con una mayor superficie cultivada sí acuden a la contratación de jornaleros para la cosecha. Estos jornaleros suelen provenir de regiones aún más empobrecidas del país, principalmente en Chiapas, y de países vecinos como Guatemala.

Diversos estudios han identificado que los jornaleros agrícolas son empleados de manera irregular, sin un contrato que les garantice prestaciones sociales mínimas, como el acceso a la salud.

Captura de pantalla del Informe

En 2024, 77.3 por ciento de quienes laboraban en los cultivos del café, cacao y tabaco lo hacían de manera informal, por encima del promedio en México (54.3 por ciento). En Veracruz y Chiapas este promedio asciende al 77.6 por ciento.

Asimismo, los jornaleros son pagados a destajo, lo que se traduce en jornadas laborales indefinidas, que los propios jornaleros buscan alargar para obtener mayores ganancias. También se ha denunciado que los jornaleros no son alojados en viviendas dignas, con reducido acceso a servicios mínimos como agua y luz.

El informe sigue vigente a un año de su publicación y, entre otras cosas, refleja la concentración del poder en manos de unas pocas empresas que ha dejado a los productores sin opciones, obligándolos a aceptar condiciones desventajosas para poder acceder a los mercados globales.

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