En su primer discurso ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas desde el inicio de la ofensiva lanzada por Washington e Israel contra la República Islámica, el presidente de Irán, Massoud Pezeshkian, advirtió que su país «no se arrodillará» ante Estados Unidos ni cederá ante la presión militar o económica.
“(El presidente de Estados Unidos, Donald Trump) debe saber que la resistencia del pueblo iraní solo aumentará frente a las sanciones, el incremento de la presión y el aumento de las intimidaciones. Nunca inclinaremos la cabeza ni nos arrodillaremos”, afirmó tajante el mandatario iraní, catalogado dentro de la política de su país como una figura de corte moderado.
Durante su intervención, Pezeshkian acusó directamente a Washington de “terrorismo” por el asesinato del antiguo líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, ocurrido a finales de febrero. Mostrando una fotografía del líder fallecido ante la concurrencia de líderes mundiales, el mandatario insistió en que Teherán no fue el iniciador del conflicto que hoy se extiende por Medio Oriente.
“Simplemente nos hemos defendido. No somos terroristas”, enfatizó Pezeshkian. “Nuestro pueblo inocente ha sido blanco de ataques cobardes y agresiones impuestas a nuestro país. Y nos defendimos con la máxima fuerza. Estados Unidos e Israel nos atacaron. Sí, nos golpearon, pero no doblamos la rodilla”.
Asimismo, el mandatario lanzó una advertencia clara respecto a la navegación estratégica en la región, asegurando que su gobierno no permitirá que el estrecho de Ormuz sea utilizado para perpetrar agresiones contra el territorio iraní, una zona donde el tránsito marítimo comercial se ha visto mermado por ataques esporádicos.
Entre la amenaza de «aniquilación» y la diplomacia
El discurso de Pezeshkian se produjo apenas un día después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, utilizara la misma tribuna para amenazar a la nación islámica. En sus declaraciones del martes, Trump afirmó estar sopesando una «gran decisión»: pactar un acuerdo que permita a Irán reconstruirse o «aniquilar a la República Islámica» de forma rápida para evitar agresiones futuras.
A pesar de la retórica hostil, el propio Trump reveló que sus enviados especiales, Steve Witkoff y Jared Kushner, sostuvieron una reunión de aproximadamente tres horas con funcionarios iraníes al margen de la cumbre de la ONU, encuentro que calificó como «una muy buena reunión».
Adicionalmente, el secretario de Estado, Marco Rubio, indicó que el mandatario estadounidense estaría dispuesto a reunirse directamente con Pezeshkian en Nueva York.
Sin embargo, Teherán le restó dramatismo e importancia a este primer contacto indirecto —facilitado por mediadores cataríes— desde el colapso del alto el fuego en junio. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Esmail Baghaei, señaló que las conversaciones «no eran nada nuevo» y reiteró las demandas indispensables de su país: la liberación de los activos iraníes congelados y el cese inmediato del bloqueo estadounidense a los puertos iraníes.
Hacia el cierre de su mensaje, Pezeshkian se dirigió de manera directa al titular de la Casa Blanca para fijar la postura de Teherán ante eventuales negociaciones de paz:
“Debe quedar claro para el señor Trump y para quienes buscan intimidarnos que estamos listos para el diálogo, la diplomacia y las negociaciones sin aceptar el lenguaje de la fuerza”.









