(31 de enero, 2018. Revolución TRESPUNTOCERO).- Juan Sebastián García Antúnez, tenía 22 años, padre de un bebé trabajaba en su propio puesto de hamburguesas en Chilpancingo, Guerrero. El 27 de febrero caminaba hacia el negocio en compañía de su pequeño ayudante, un niño de entre 10 y 12 años, cuando de pronto un grupo lo interceptó y lo levantó.
El hecho lo presenció el menor de edad, quien pese al pánico que tenía en ese momento, corrió a dar a conocer lo que había pasado aquella noche del 27 de febrero del 2011. La esposa de Juan Sebastián, unos años más chica que él, tuvo que salir de la entidad por el miedo a que le pudieran hacer algo a ella y a su bebé. El día que ella se despidió perdió todo contacto con Gema Antúnez Flores, madre del joven desaparecido, lo cual ha traído mayor pesar a su vida, narra a Revolución TRESPUNTOCERO.
Gema es hoy una de las madres que llegó a la Segob representando al Colectivo de padres y madres de desaparecidos y asesinados en Chilpancingo. Ella asegura que, allá, en Guerrero “no hay ni cifras, ya es una cosa que se salió de control, hablo de miles de desaparecidos, asesinados, secuestrados.
A esto se suma que nos enfrentamos a la insensibilidad de las autoridades, al trato inhumano de la misma población, que ha sido provocado por los mismos gobiernos que insensibilizan a la gente. Si matan o desaparecen a una persona, la gente lo ve como algo normal y lo primero que dicen es ‘andaba metido en algo’, ‘le pasó porque era malo, no por bueno’. Dicen que los levantan porque seguro tenían nexos con el narco”.
Pero Gema asegura que no es el caso de su hijo, quien era deportista “era un joven sano que se dedicaba a trabajar honradamente y como él muchos más son inocentes pero de inmediato los convierten en gente mala”.

La madre asegura que como su historia hay miles más, “las madres reaccionamos con mucho coraje e impotencia ante la negativa de las autoridades a buscarlos. Quienes se van uniendo a nuestro Colectivo nos van platicando lo mismo, llegan con las autoridades y les dicen ya no mueva un dedo que mejor se vayan, porque les puede pasar algo.
Empiezan a intimidar a las madres y por eso ellas se acercan a nosotros porque como grupo estamos intentando que nos escuchen porque estando solos no nos han dado respuestas”, señala Gema.
Añade, “si va una madre sola la maltratan, la humillan y la dejan parada por horas y son cosas que a ella le cuestan porque además del dolor que lleva hay hambre, cansancio y el coraje ante las negativas que al final dañan la salud
Tenemos gente que están sufriendo enfermedades que se desarrollaron a raíz de la desaparición de sus familiares por eso han decaído”. Gema recuerda que en su caso, ella estaba trabajando cuando le avisaron que a su hijo lo había levantado un grupo.
De inmediato pensó que se trataba de una detención y fue a buscarlo a la policía preventiva, asumió ‘tontamente’, señala, “que se lo pudieron haber llevado ahí por un pleito, pensé todo menos que se lo habían llevado para siempre; fui a hospitales a Ministerios Públicos pero no me permitían el paso.
Después acudí a Derechos Humanos para que por medio de ellos me permitieran dejar entrar a esos lugares y aunque lo logré me dijeron que ellos no lo tenían. Fui a poner una denuncia, pedí apoyo al gobernador y le hice una carta abierta pero solamente hubo silencio, de eso ya tiene 7 años. Mi caso no ha avanzado como el de muchas madres por eso iniciamos un plantón de hambre en Segob, poniendo nuestra salud en peligro”.

Y es que señala que desde aquel 2011 cuando puso la denuncia por la desaparición de su hijo, los datos que ella aportó y que investigó en aquel momento, son los únicos que hasta 2018 se encuentran en la carita de investigación. “Fue lo que se quedó asentado y ya no hubo más y todas las madres que estamos aquí es el mismo caso”.
También comenta que, “ya antes habíamos venido a ver a Jaime Rochin, a la PGR, a Seido y nos encontramos solamente con muros siempre nos bloqueaban y al estar en contacto con otros grupos vimos que pasaban por lo mismo por eso decidimos venir a Segob a plantarnos”, indica la madre en cuyo plantón llevan 14 días en huelga de hambre, con carpas cercadas por más de 150 policías, denuncia.
La principal petición de las madres y padres que se encuentran en ese plantón es que se obtengas las muestras de ADN para poder facilitar la búsqueda de sus familiares “entre tantos cuerpos que se han encontrado”, indica Gema.
Agregando, “recientemente en Guerrero encontraron 20 cuerpos y lo supimos por los medios de comunicación pero la Fiscalía nos informó que solamente fueron dos y si exigimos los resultados del ADN y la confronta que han hecho, nos dicen que no hay material, que no hay recursos humanos, que no tienen presupuesto”.
Hoy el hijo de Juan Sebastian ya tiene 9 años, la perdida de contacto con él y su madre abonan al dolor de Gema, quien dejó de buscar justicia por medio de las autoridades locales porque fueron éstas mismas quienes le advirtieron: “ya no le mueva porque tiene más hijos”.
“No saber de mi hijo es una agonía porque no sé si está vivo o muerto, a diario en Chilpancingo y el país están desapareciendo. Allá hay fotos, cámaras, llamadas donde nos damos cuenta que la policía está involucrada, que son ellos quienes los entregan.
Y aun así las evidencias no son válidas para las autoridades; nos dicen que quieren nombres y que les llevemos a los que señalamos como culpables. Sin protección buscamos solos a nuestros hijos, pedimos apoyo porque tenemos localizadas fosas clandestinas pero no nos hacen caso”, declara Gema.
Quien comenta que son ellos como Comité quienes desentierran los cuerpos de las fosas clandestinas, rara es la vez que hay policías cuidándolos, “solamente cuando están cerca llegan, lejos no van y nos enfrentamos a la delincuencia porque a ellos no les gusta que hagamos eso no le gusta que saquemos los cuerpos, por eso hemos recibido amenazas de los mismos grupos delincuenciales pero seguimos en la lucha”, finaliza.

