Padres de Mario Aburto piden a Peña Nieto que reabra el caso Colosio

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Dicen que el pueblo tiene derecho a conocer la verdad y el padre culpa a Salinas del crimen y Mario de haber montado un teatro para condenarlo. Este afirma que es preso político o de conciencia y reitera que es inocente y un chivo expiatorio.

Por Francisco Mendoza / Laeducacion.us

(24 de marzo, 2014).- LOS ANGELES, CAL.- Si Enrique Peña Nieto tiene voluntad política y moral, debe reabrir el caso Colosio, exigió Rubén Aburto, padre de Mario. Una petición similar –sin resultado alguno- la hizo al entonces presidente, Felpe Calderón.

Mario Aburto afirma, por su parte, que es un preso político o de conciencia. Y acusa a Salinas de “haber montado un teatro para sentenciarlo injustamente”. Esto lo expresa en una misiva al centro de derechos humanos Miguel Pro.

Hace seis años, en charla con este reportero, Rubén fue tajante: “Culpan a mi hijo de un crimen que cometió Salinas”.

Ruben dijo ayer que el pueblo tiene derecho a conocer quién es el autor del asesinato de Luis Donaldo Colosio, según declaró a La Educación al cumplirse 20 años del fallecimiento del sonorense.

Rubén y su esposa María Luis Martínez enviaron una carta a Peña Nieto pidiéndole que reabra el caso y le reiteran que su hijo es inocente.

Y también aseguran que como fue “sentenciado injustamente”, Mario “debe ser liberado” pues ya lleva 20 años en prisión. Fue condenado a 45 años.

La misiva dice:

“Como padres de Mario Aburto le rogamos que escuche nuestras súplicas y tenga la voluntad política y moral de reabrir y esclarecer el caso Colosio para que nuestro hijo obtenga su pronta libertad, ya que sus antecesores no cumplieron con lo prometido (reabrir el caso). Ya somos personas de avanzada edad y lo único que deseamos antes de morir es ver a nuestro hijo en libertad.

(…) Nuestro hijo fue encarcelado injustamente sin pruebas contundentes de que fue él el ejecutor del crimen y que tampoco se sabe en qué contexto sucedieron las cosas (…). Confiamos en que usted, señor Presidente, no sea el quinto presidente de la República Mexicana que hace caso omiso a nuestras súplicas y que usted apoyará nuestra causa.

CARTA DE MARIO

Mario Aburto ha solicitado al Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro que le asigne un defensor, ya que no cuenta “con los recursos económicos para poder sufragar los gastos y honorarios de un abogado particular.

Y en una carta, agrega:” Es que a mi familia se le dio asilo político en el Convento de la Madre Teresa de Calcuta (que en paz descanse) en Tijuana, Baja California, y en el estado de California, Estados Unidos (respectivamente), donde residen actualmente, desde que se inició el éxodo y la persecución política de la familia Aburto Martínez, misma que es representada en el extranjero por una organización no gubernamental defensora de derechos humanos de nombre Human Rights Watch en Los Ángeles, California, cuyos titulares son los señores Peter A. Schey y Carlos Olguín, quienes no pueden representarme jurídicamente en México ante las instancias legales procedentes e impartidoras de justicia en nuestro país, que han sido de consigna en mi caso.

“Motivo por el cual me fue impuesto un abogado de oficio federal que fue parte del teatro montado por las consignas del gobierno del ex presidente Carlos Salinas de Gortari (…). Mis ‘abogados’, ministerios públicos, jueces y magistrados de consigna, fueron unos de los culpables de que se me sentenciara injustamente en un proceso viciado a todas luces desde sus inicios, y lleno de anormalidades.

“Aunado a todo esto a que su servidor, Mario Aburto Martínez y mi familia en el extranjero seguimos siendo amenazados, perseguidos políticos, y preso político o de conciencia, en mi caso (…). Por todo ello mi familia ya no puede regresar al país ni ha podido verme”.

NO RESPONDE A PERIODISTAS

Con motivo del aniversario del homicidio de Colosio, su teléfono recibió decenas de llamadas de periodistas, de México y de Estados Unidos, pero no respondió.

“La pura verdad no les he contestado. No quiero recordar esas vivencias tan traumantes de cada año. Me siento mal”, dijo.

Desde aquel 23 de marzo de 1994, Rubén ha sido víctima de la tribulación extrema. Cuenta su esposa, María Luisa Martínez, que durante años, durante las noches Rubén se encerraba en el baño, lloraba, gritaba, maldecía, en especial a Salinas.

Ahora, ya con 69 años a cuestas, tiene diabetes, inestabilidad en la presión arterial y reflujo gástrico. Ya está retirado. Su esposa tiene 65 años.

Aún tiene fresco lo que ocurrió ese día del homicidio. Después de ver en la televisión a su hijo, sangrante, detenido en Lomas Taurinas, fue avisado del hecho por el desaparecido periodista tijuanense Joreg Rocha.

Ya en la tarde, María Luisa y su hija Elizabeth fueron llevadas a las oficinas de la Procuraduría General de la República. “Las desvistieron. Les alzaron los pechos. No respetaron sus derechos humanos. Se burlaron de mi familia. Me ofende mucho recordar eso. Me siento muy mal.”.

Con voz quebrada, resalta:

“Este es el trauma de toda la vida. Cada año, cada día 23, me siento más mal, siento que me estoy muriendo”.

Ya en oficinas de la PGR, a María Luisa la llevaron a un salón y vio a un tipo con la cabeza gacha y le dijo: “Mi hijo, qué hiciste”. Caundo levantó la cara se percató que no era Mario, sino Jorge Sánchez Ortega, agente del Cisen. Eran muy parecidos físicamente.

Días después del magnicidio, los Aburto hablaron – en presencia de este reportero- de la relación de Mario con Sanchez Ortega, quien iba por él a su casa para llevarlo a un gimnasio cerca de la línea fronteriza y a prácticas de tiro a terrenos baldíos.

Luego pasaron a María Luisa a otro cuarto, donde se sorprendió que la persona que estaba ahí, Ernesto Rubio Mendoza, era más parecido a Mario que Sánchez Ortega. Los policías querían que dijera si era Mario. Parecían gotas de agua, con la diferencia que Mario es blanco y Ernesto de piel más oscura.

Rubio Mendoza era agente judicial a cargo de Raúl Loza Parra y esa noche –entre las 10:00 o 10:030 pm- fue asesinado dentro de un taller mecánico de Tijuana de la colonia Azteca, en Tijuana.

Para identificar a Mario, María Luisa dijo que tenía una cicatriz en la espalda como producto de una espina clavada cuando cayó al suelo durante un juego de futbol en Zacapu, Michoacán.

“Mi hijo es inocente. Es un chivo expiatorio. No hay pruebas contundentes ni evidencias claras de que haya matado al candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio”, dice Rubén.

Está convencido que no fue su vástago sino otra persona, quien terminó con la vida del político sonorense.
Y da nombres de los que, considera, ultimaron al sonorense: o fue el agente del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), Jorge Sánchez Ortega, o Ernesto Rubio Mendoza, ambos parecidos a Mario.

Las pruebas de la parafina evidenciaron que Sánchez Ortega disparó una arma en aquel momento de la tragedia y sus ropas estaban manchadas con sangre del asesinado. Rubio Mendoza estuvo también en ese escenario y fue ejecutado horas más tarde del magnicidio, en un taller mecánico de Tijuana.

Rubén, afirma que el homicida de Colosio, quien aparece en los videos, es de pelo chino y su chamarra negra llevaba hombreras, lo cual contrasta con Mario, lacio y su chamarra no es de esas características. El propio Mario hace hincapié en que iba como a nueve o diez metros de distancia del candidato.

Insistió en resaltar esas consideraciones, que desde un principio lo han hecho exigir sean aclaradas mediante “una investigación objetiva y un juicio justo y público”.

Y recordó que Mario les ha dicho que fue presionado para declararse culpable, ya que fue torturado, drogado y recibió amenazas de que él, su madre y su hermana menor, quienes vivían con él en Tijuana, iban a ser ejecutados si no hacía y decía lo que le ordenaban. Fue condenado por el juez Alejandro Sosa Ortiz a purgar una sentencia de 45 años de prisión.

VISITA INESPERADA CON FOTO REVELADORA

Rubén habla con emoción cuando se refiere a una persona, blanca, de pelo largo, como de 28 años, quien en fluido español se identificó ante él como fotógrafo del periódico San Diego Union, quien tras el homicidio del priista fue a verlo a su casa, en San Pedro, California, para contarle que él había estado en el mitin y que vio a quien disparó a Colosio y que no se trataba de Mario. Es más, le hizo saber que la pistola usada por el atacante era grande, de cañón largo y hasta azul se miraba de nueva.

Para comprobar que esa persona había estado presente en el mitin de Colosio en aquella colonia precarista de Tijuana, le mostró unas fotos publicadas por ese diario sandieguino, en donde aparece él. Meses después, el representante de la familia Aburto, Jorge Mancillas, recibió unas fotos atribuidas a ese diario, en donde se ve el momento en que el atacante dispara a Colosio. Rubén afirma que no se trata de su hijo.

Rubén ha buscado a ese fotógrafo, cuyo nombre ignora, pero lo puede identificar. Parece que ahora labora en Los Angeles Times.

Asimismo, Rubén considera que no es creíble la tesis oficial del asesino solitario ya que se trató de un complot para liquidar a Colosio.

Cree que el autor intelectual fue Salinas.

ANHELA LIBERACIÓN DE MARIO

En tanto, la vida sigue su curso. La más pequeña de sus hijas, Karina, en aquel entonces tenía 9 años y hoy ya tiene 3 hijos.

Ha cambiado varias veces de departamento. En 1994 vivía en Willmington, fuego fue a San Pedro, regresó a Willmington, se mudó a Torrance y ahora se encuentra en unos departamentos de Long Beche. Ya tiene la ciudadanía estadounidense.

Su esposa y sus hijos saltaron la barda fronteriza y se entregaron a las autoridades estadounidenses. Ahora ya son residentes legales.

Desde entonces reclaman pertenencias que estaban en su casa de Tijuana, en la colonia Buenos Aires Norte, y no se las han entregado.

Hace tres meses que Mario le habló por última vez a Rubén. Le dijo que lo iban a cambiar de cárcel.

La pregunta que se hace es:

¿Cuándo saldrá?

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