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Palabras tóxicas: Fruta podrida de Lina Meruane

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Lola Horner (estudiante del posgrado en Literatura Comparada, UNAM)

 

El sol brillaba sobre esa podredumbre,

como para cocerla en su punto,

y devolver ciento por uno a la gran Naturaleza

todo lo que en su momento había unido. 

Charles Baudelaire

 

Hubo una vez dos hermanas. Hubo una vez dos hermanas que vivían en el campo, rodeadas de fruta, atadas por una promesa irrenunciable.  Entonces una enfermó. Su enfermedad, degenerativa y fatal, se esparció como la podredumbre vegetal alrededor de la fábrica, al interior de la casa y sus resquicios. La novela se llama Fruta podrida y es en el escenario de la explotación agrícola donde Lina Meruane, escritora chilena residente en Nueva York, teje su drama alrededor de la relación filial.

“María del Campo, completo; secamente, María; del Campo como mi pobre madre y como mi hermana enferma; del Campo como la tierra que piso cada mañana camino al trabajo y cada tarde, de vuelta […] no cualquier María, no una María anónima como todas esas que usted atiende en la sala de parto, no como las marías temporeras a las que les extraen las guaguas lo mismo que juanetes; no cualquiera, no. Soy la María del Galpón; María, la que vive en el callejón sin salida de Ojo Seco con su hermana, esa que llegó anoche y que usted no ha dado todavía de alta ni me ha explicado qué tiene. Pero me va a decir, ahora, va a decirme si se morirá y cuándo y de qué, y si será contagiosa su muerte”.

Así se presenta María, la Mayor, al Médico del hospital. Su hermana menor, Zoila, es quien se encuentra enferma. De los demás personajes sólo sabemos su función (el Enfermero, el Médico, el Ingeniero) nunca su nombre. Es fruta podrida lo que se descarta en la planta donde María trabaja como química, frutos malogrados lo que la Mayor lleva en el vientre, y también es el azúcar de la fruta lo que se ha fermentado en Zoila, convirtiéndola en un ser desvalido y escuálido. María ha hecho un trato con los médicos, un trato siniestro. Y es entonces que se establece la lucha entre las hermanas, pues la menor no permitirá que María detenga el avance de su enfermedad en espera de un trasplante que no se produce.

Narrada a través de distintas voces, en la novela somos testigos de la lucha de Zoila por rebelarse y de María por mantenerla viva, así como del entramado de personajes que orbitan alrededor de la vida rural chilena. Construyendo una atmósfera de tintes surrealistas, Meruane nos envuelve con su historia, nos asquea y nos mueve a reflexionar sobre las causas y los intereses que subyacen en el comercio globalizado, sea de índole alimenticia o sanitaria.

Lina Meruane (Santiago de Chile, 1970) ha publicado un libro de relatos y cuatro novelas. Sangre en el ojo la hizo acreedora al premio Sor Juana Inés de la Cruz en 2012. El tono opresivo y la belleza formal con que condimenta Fruta podrida, ganadora a su vez del Premio a la Mejor Novela Inédita del 2006 otorgado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en Chilela convierten en una voz perturbadora y original. Si bien no es un libro agradable de leer, los efluvios del texto no permiten que los ojos se despeguen de la página, y el viaje por el que la autora lleva al lector de la mano es aquel en donde la imaginación se revela como componente esencial. Sentir, en definitiva, implica para Zoila inventar y resistir. En sus propias palabras: “Mientras hable no estaré sola,/ mientras me injerte adjetivos y adverbios/ seguiré atrapada,/ porque escuchándola habrá otras, otras/ como yo o diferentes a mí…”

La autora lanza el desafío… ¿Nos atrevemos a escuchar?

Fruta podrida ha sido editada por el Fondo de Cultura Económica. 

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