(11 de noviembre, 2013).- Han pasado casi dos semanas desde que Alberto Patishtán recibiera el indulto presidencial y fuera liberado después de pasar 13 años en prisión. El día de hoy, está enfocado en recuperar su salud y pasar tiempo con su familia; sostiene que después agradecerá a las personas que lucharon por su libertad.
Padece un tumor cerebral que amenaza, en un primer momento, con hacerle perder la vista. Por esta razón se encuentra desde el pasado 7 de octubre en el Instituto Nacional de Neurología Manuel Velasco Suárez en la Ciudad de México, hospital donde recibe radioterapia, ciudad donde se le informó de la absolución.
El indígena tzotzil se desempeñaba como profesor cuando fue detenido en el año 2000. Lo acusaron de haber participado en una emboscada que en junio de aquel año dejó dos heridos y costó la vida a siete policías. Fue sentenciado a 60 años de cárcel por homicidio calificado y portación de armas exclusivas del Ejército. Su proceso estuvo plagado de fallas, dudas e irregularidades.
Hoy, a sus 42 años, sostiene en entrevista con un medio local que se siente agradecido con todos los que apoyaron su lucha por demostrar su inocencia, sobre todo con los integrantes de su comunidad en El Bosque que, en junio del 2000, tomaron la Presidencia Municipal como protesta.
Patishtán sostiene que no le guarda rencor a nadie y que no está interesado en demandar. No obstante, afirma que si sus abogados tienen la intención de recurrir a alguna instancia internacional no se opondrá y que tienen su total anuencia. Su abogado, Leonel Rivero, asegura que la justicia mexicana debe indagar quiénes fueron los verdaderos responsables del crimen por el que su cliente fue sentenciado.
Durante su encarcelamiento, decenas de organismos nacionales e internacionales se pronunciaron a favor de su libertad. Incluso el fallecido obispo Samuel Ruiz García –el religioso mexicano que fue un importante defensor de los derechos de los pueblos indígenas en el país y en toda América Latina– fue a su celda para entregarle el reconocimiento “Jtatic Jcanan Lum” por su lucha en favor de los derechos humanos de sus compañeros.
El profesor no sólo pugnó por él: mientras estaba en prisión, solicitó al gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, “que tome en cuenta las demandas de libertad de mis compañeros solidarios de la Voz del Amate, pues también son víctimas de las injusticias”. Además, asegura que apoyaba a todos sus hermanos indígenas dentro del reclusorio sin importar su etnia, filiación partidista e ideológica, pues “Allá adentro todos somos iguales, no hay diferencias”.
En entrevista con Chiapas Paralelo, Patishtán asegura que no sólo fue profesor, sino también psicólogo, consejero, artesano, médico y cualquier clase de oficio que pudiera realizar para ayudar a otros y sobrevivir. “Hasta los custodios me iban a buscar para pedirme consejos de pareja”, relata el maestro.
Patishtán dice que no fue fácil la vida en prisión, pero pudo sobrellevarla manteniéndose siempre ocupado: “En prisión el día se hace largo cuando no se hace nada, cuando se cae en el ocio, pero cuando uno tiene mucho trabajo, los días se hacen muy cortos”. Por eso ahora sólo quiere disfrutar de su familia, de sus hijos Héctor, de 17 años, y Gabriela, de 23, por quien ahora Patishtán ya es abuelo.


