Peña y su pandilla terminaron de corromper al gobierno federal

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I.- Mark Twain (1835-1910) fue reportero y marinero. “Su fama universal se basa en sus dotes para combinar la picardía e inocencia infantiles, con una visión ingenua y popular, complicada… por su concepción amarga y sombría del hombre… como un ser hipócrita, víctima y engañado por sí mismo”, escribió uno de sus biógrafos: Eric Mottram. Fue espectador y crítico del despegue de su país hacia el capitalismo moderno; y sus obras son un compendio de ironías, burlas y comicidad sobre las relaciones humanas. Es autor de la breve novela: E1 hombre que corrompió una ciudad, cuyo tema viene muy a pelo para el peñismo que terminó de corromper el ejercicio del poder presidencial. Y es que la corrupción en nuestro país se inició con el sexenio alemanista; se intensificó desde el salinismo y Peña y su pandilla han continuado esa corrupción a tal extremo, que sólo una rebelión popular-social con visos revolucionarios, podría clausurarla.

II.- Peña es ese hombre que terminó de corromper al gobierno federal, junto con los desgobernadores. Y utilizo el título de esta novela para referirme a la corrupción peñista, cuyas mansiones como punta del iceberg, equivalen a las talegas del grupo Higa entregadas al peñismo. Peña y los suyos han terminado por corromper al gobierno federal y a sus donadores-cómplices –hoy desgobernadores– para su campaña. El relato de Twain se queda corto, pues la realidad, como dijo el clásico: “es más pródiga que la más febril fantasía”. Y es que tenemos la Dinamarca utópica que ha recogido Lorenzo Meyer, nuestro intelectual comprometido con las democracias directa e indirecta, en su columna titulada: ¿Llegaremos a “Dinamarca”?; la que acuñó el Banco Mundial para referirse a una Dinamarca “como país democrático, pacifico, con instituciones estatales que funcionan, con una economía desarrollada, un alto nivel de vida y una distribución del ingreso equitativa”. Una Dinamarca como la real, pero llevada a extremos de ser una sociedad ideal (lo que casi es lo mismo que utópica).

III.- La otra Dinamarca es a la que se refiere, en su Hamlet, el genio inglés: Shakespeare.

Y donde aparece la devastadora frase: “Algo esta podrido en el Estado de Dinamarca”, Hamlet es la biografía de la humanidad contemporánea. En esa tragedia nos miramos los mexicanos. Y pregunta Lorenzo Meyer si México, una versión del Hamlet en toda su tragedia, podría llegar a ser la Dinamarca ideal, democrática, pacífica, con crecimiento al menos del 3 por ciento, distribución del ingreso para casi desaparecer las desigualdades… la verdad suena no a algo difícil, sino casi imposible… “pero vale la pena, y mucho, seguir insistiendo en que es deseable y posible abandonar la desafortunada etapa en que se encuentra hoy nuestra vida política para intentar llegar a Dinamarca” (Reforma: 8/X/15). Pero con  nuestros actuales desgobernantes, parece imposible salir de la actual Dinamarca “donde algo está podrido”; y donde, con Ayotzinapa-Tlatlaya, “una desgracia va siempre pisando los talones de otra”. Y es que estamos hasta el cuello en la Dinamarca del Hamlet, donde casi todo… está podrido.

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