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Política y Mundial de fútbol (Video)

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Por Ivonne Acuña Murillo

(27 de junio, 2014).- Desde que el fútbol se ha convertido en el deporte más popular del mundo, se ha establecido entre éste y la política una relación que puede ser vista desde una triple perspectiva.

Primero, el fútbol como ejercicio puede ser visto como la actividad que sustituye a la guerra entre naciones ya que enfrenta en duelo a dos o más de éstas sin necesidad de un sólo disparo, pues en su lugar se hacen buenos o malos “tiros”, con balones dirigidos a entrar en alguna de las dos porterías situadas en dos extremos del campo. La analogía no es causal, pues en el lenguaje futbolístico es posible identificar una serie de palabras propias de la terminología de la guerra, como campo de batalla, medio campo, estrategia, disparo, tiro, equipo enemigo, escudo, bomba, ofensiva, defensiva.

Permite también, como se ha afirmado desde la psicología y particularmente el psicoanálisis, el desfogue de las pulsiones agresivas que llevan a los varones a matarse unos a otros. Posibilita además el deshago de las tensiones provocadas por el estrés cotidiano, los bajos salarios, la falta de empleo y de oportunidades, los malos servicios o la falta de éstos, etcétera, con un evidente beneficio para quien gobierna, toda vez que la energía que podría dirigirse a demandar mejor nivel de vida, mayores presupuestos destinados al gasto social, generación de empleos, aumento salarial, se canaliza y anula en un partido de fútbol.

Segundo, abona a la consolidación de la identidad nacional cuando se llevan sobre el pecho los colores del uniforme que representa a la “Selección Nacional”, colores tomados a su vez de la bandera que como símbolo patrio es el máximo exponente de la nacionalidad construida, por lo general, después de una revolución, una guerra, una declaración de independencia. Además no “irle” al equipo que representa al país de origen puede incluso ser considerado como una traición a la patria.

Como refuerzo de la identidad nacional basta ver como los mandatarios de los diversos países entregan a los abanderados de la selección nacional el símbolo máximo “la Bandera”, como en México lo hizo Enrique Peña Nieto unos días antes de que los jugadores emprendieran su viaje a Brasil. En este evento el mandatario dijo a los jugadores que  “Al pisar la cancha, al entonar nuestro himno recuerden que detrás de ustedes está toda una nación que los va a seguir y los va a acompañar en cada momento. Desde el primer minuto del partido que jugarán contra Camerún salgan a ganar, salgan a  poner en alto el nombre de México”.

Miguel ‘El Piojo’ Herrera, entrenador técnico de la selección, parado frente a un atril con una enorme bandera a su espalda afirmó que llegar mínimo a cuartos de final era el objetivo que se habían trazado. Habló también el capitán del equipo, Rafael Márquez. Es de llamar la atención que todos los jugadores de la selección, Peña Nieto y los miembros de su gabinete, Miguel Ángel Osorio Chong, Emilio Chuayfett, el presidente de la Federación Nacional de Fútbol, Justino Compeán, vestían impecables trajes negros, con el logo de ‘El Tri’ en el saco, camisa blanca y corbata verde, como si de un uniforme se tratara, hechos a la medida, de la misma tela y con el mismo corte.

Igualmente, se presentó el video denominado “Cree en mí”, preparado por la misma Federación y se canceló un timbre postal conmemorativo de la participación de México en el Mundial de Fútbol.

Me permití hacer una descripción tan larga para poder ejemplificar lo solemne de una ceremonia “oficial”, cuyo objetivo último fue unir al fútbol con la política y reforzar en la población la idea de que en esta justa deportiva se juega mucho más que sólo la rivalidad entre dos equipos, se juegan el prestigio, el orgullo y las esperanzas de un pueblo entero, que a falta de “pan” y ante su necesidad profunda de buenas nuevas, se conforma con el “circo”.

Tercero, el fútbol brinda a los distintos gobiernos la ocasión de aumentar su popularidad o legitimidad, así, el abanderamiento de la selección permite fortalecer la imagen del presidente para luego ligarla, con un poco de suerte, a los triunfos del equipo para conseguir la simpatía y la empatía de una población cada vez más desencantada. Por esta razón los diferentes presidentes nunca pierden la oportunidad de felicitar a “su” selección cuando ésta ha tenido una victoria, por mínima que sea. Hoy se acostumbra que el mandatario en cuestión haga uso de los medios alternativos de comunicación y envié un “tuit” felicitando al equipo nacional y que suba una foto en Facebook de él y su familia viendo el partido y celebrando los goles de los futbolistas de casa.

“Política y Mundial de futbol” (1)

Pero no sólo para incrementar la popularidad o legitimidad del mandatario en turno sirve el fútbol, éste se ha convertido en un extraordinario distractor, ideal para hacer pasar leyes, modificaciones constitucionales, programas económicos de choque y todo tipo de medidas encaminadas a deteriorar aún más las condiciones de vida de aquellos millones de personas que se distraen mirando el fútbol ya en la pantalla chica de su televisión, o en las pantallas más grandes de los bares, cafés y restaurantes, o incluso en las macro-pantallas de los cines y las plazas públicas.

Los políticos han hecho del disimulo, el ocultamiento y las cortinas de humo un arte digno de estar en los mejores libros de texto para “entrenar” a aquellas personas que quieran dedicarse a la política. En México, por cierto, tenemos una de las mejores escuelas en estas artes, mismas que cuentan con prácticas ya de gabinete, como el “sabadazo”, el “domingazo”, el “semanasantazo” y ahora el “mundialazo”, con otras coyunturales como el chupacabras”, los crímenes de Diego Santoy, la desaparición de Paulette, el secuestro del Jefe Diego, el “gordillazo”, etcétera.

Las cortinas de humo tienen por objetivo distraer la atención de la gente de asuntos prioritarios como actos de corrupción, medidas de ajuste, cambios legislativos, y se construyen yendo de la realidad a la ficción y viceversa, o prolongando en los medios una noticia para mantener a la gente en vilo, curiosa del desenlace, como si se tratara de una de sus telenovelas favoritas: ¿encontrarán culpable a Diego Santoy? ¿Cuántos años le darán? ¿Además de ser novio de la hija, era amante de la madre? ¿Existirá el chupacabras? ¿Quién mató a la niña Paulette? ¿Quién y para qué secuestró al jefe Diego? ¿Lo devolverán con vida? ¿Saldrá “la Gordillo” de la cárcel o no?

Por lo anterior, hay que hacerse la pregunta obligada: ¿qué se oculta tras la distracción generada por el Mundial de Fútbol en México? Como ya se sabía, los legisladores de las Cámaras de Diputados y Senadores hicieron coincidir el Mundial con la discusión de la legislación secundaria de las reformas política y energética. Lo que no se sabía es que iban a llegar tan lejos, y que con la reforma rnergética se aprobaría, por parte de los legisladores del PRI, PAN y PVEM, el despojo de agua y tierras en favor de las empresas de geotermia, y que se avanzaría en el desmembramiento de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Estas medidas están claramente encaminadas a beneficiar los intereses de las grandes empresas, nacionales y extranjeras, en detrimento de los derechos a la propiedad, al patrimonio familiar y a la autonomía de agricultores que dejarán de ser propietarios independientes para convertirse en peones asalariados, en el mejor de los casos.

Mientras el equipo mexicano enfrenta a sus rivales y transcurren los encuentros entre los diversos países que lograron un lugar en el Mundial de Fútbol, en México se pone en riesgo la renta petrolera al carecer la legislación secundaria de la reforma energética de reglas y normas enfocadas a combatir la corrupción y la discrecionalidad de la elite burocrática que se encargará de aplicar los cambios.

A la par que se festejan los triunfos de una selección o de otra, en México el investigador en temas de pobreza del Colegio de México, Julio Boltvinik, sostiene que ha aumentado en 3.6 millones el número de pobres en lo que va del sexenio peñanietista, con todo y su “Cruzada contra el Hambre”. Mientras que de manera contrastante, el fútbol, como negocio, opera como una fábrica de dinero para los dueños de los equipos, los organizadores y los patrocinadores, de ahí que la selección mexicana, que mueve al mayor número de espectadores, y que a decir de muchos es la “mejor afición del mundo” no podía quedarse en casa, había que hacerla asistir al Mundial a como diera lugar, aunque hubiera que regalarle su boleto.

Cabe decir en descargo de la selección que en los tres partidos que lleva se ha ganado a pulso su lugar en este Mundial, pero no gracias a la Federación Mexicana de Futbol, cuyo trabajo y problemas de corrupción dejan mucho que desear, sino gracias al trabajo de su director técnico, Miguel Herrera, y al pundonor, virtudes y habilidades futbolísticas de sus jugadores.

Finalmente, aunque como ya se mencionó, el fútbol favorece la construcción de una identidad nacional, no contribuye igual a la conformación de ciudadanía en toda la extensión de la palabra, dada la manipulación y utilización que de este deporte hacen los diversos gobiernos a lo largo del mundo, para ocultar problemas y medidas que afectan a la población en mayor o menor grado, y que en razón al enorme número de pobladores que se deja distraer de otros asuntos prioritarios, no atiende con igual interés al fútbol y a la política.

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