Por: Valentina Pérez Botero
La segunda guerra mundial acabó hace sólo 70 años. Muchos de quienes la padecieron aún viven y se preguntan ¿habrá una tercera? ¿El régimen norcoreano acabará con el equilibrio del temor nuclear y cumplirá sus amenazas bélicas contra Corea del Sur y Estados Unidos?
Sólo dos días han pasado desde que Kim Jong Un, el único líder del último gobierno de corte estalinista hereditario, emitió una declaración formal de guerra. La posibilidad de que el mundo entrara, una vez más, a una confrontación de efectos globales ha despertado la preocupación de la comunidad internacional que se ha pronunciado en contra. En América Latina las reacciones han sido semejantes.
La cancillería peruana insta a los organismos internacionales a promover mecanismos de solución pacífica y condenó el posible uso de la fuerza. Perú, como país líder de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), coordinó la opinión de los bloques que conforman la organización y emitió un comunicado en el que insta a las partes involucradas a recordar “la obligación internacional de los Estados de abstenerse de la amenaza o del uso de la fuerza y exhorta a todas las partes a deponer actitudes y manifestaciones belicistas”.
Venezuela a través del presidente en funciones, Nicolás Maduro, llamó a la sabiduría para resolver de la mejor manera este incidente. La nación venezolana desde la entrada al poder de Hugo Chávez se acercó comercialmente a Corea del Norte y en el 2011, ante la muerte del padre del joven líder, que hoy encabeza el gobierno del país asiático, dio unas sentidas condolencias.
La Secretaría de Relaciones Exteriores de México y el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno se pronunciaron en el mismo sentido: disminuir el tono beligerante y conciliar las diferencias de los países a través del diálogo y la mediación internacional.
Las peticiones latinoamericanas también coinciden en llamar a que Corea del Norte reingrese a la mesa de negociaciones de las Seis Partes –China, EE.UU, Japón, Rusia, Corea del Norte y Corea del Sur-, encargada de discutir la situación armamentista y específicamente nuclear de esa zona de Asia.
Desde inicios de año, provocaciones mutuas de los tres países involucrados –ambas coreas y EE.UU- han ido en escalada: en enero Kim Jong Un se pronunció contra las nuevas sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas por el lanzamiento de un satélite. En febrero, el mismo mandatario hizo amenazas directas de lanzar cohetes de largo alcance a sus enemigos y días después anunció que había conducido con éxito su tercera prueba nuclear.
La declaración de guerra de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) vuelve a poner sobre el tablero mundial la posibilidad de una hecatombe nuclear.
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