Por: Ivonne Acuña Murillo
En medio de una profunda crisis de representación política, credibilidad y confianza, el PRI y el PRD “entienden pero hacen como que no entienden” que la sociedad, en particular los grupos sociales menos favorecidos, la clase media empobrecida, los medianos empresarios, las y los profesionistas dispuestos a ejercer su profesión, las y los campesinos que si aman y trabajan su tierra, etcétera, está harta de que no cumplan lo que prometen, de que el mayor interés de dichas instituciones no sea el de la mayoría sino el de su pequeño grupo, que vivan de la política y no para la política, que carezcan de un proyecto de país y en su lugar defiendan sus pequeños, medianos o grandes cotos de poder, que al elegir a sus candidatos y candidatas el criterio no sea la experiencia, la honestidad, la honradez, la preparación, el amor por México, sino el amiguismo, la colusión de intereses, la “lealtad”, el oportunismo o la mejor manera que han encontrado para colocar a su “gente” en puestos clave para seguir viviendo del erario público y hacer negocios millonarios a costa de los recursos naturales y humanos del país.
Pero sobre todo, por el hartazgo que provoca el cinismo con que se conducen, mismo que salta a la vista cuando se analiza someramente la lista de candidatos que cada partido propone para la contienda electoral del próximo 7 de junio. El perfil de algunos de sus prospectos no habla solamente de corrupción y en algunos casos de abiertas violaciones a la ley o de viejos políticos enquistados en el sistema o de gente sin experiencia o escasa preparación, sino de los sentimientos profundos que esos partidos tienen en torno a las personas que ansían “gobernar”.
El primer caso que vale la pena analizar es el del PRI, cuya lista de plurinominales para la Cámara de Diputados vaya que arroja datos sobre la forma en que este partido ve a “sus” votantes. Destacan en primera línea las y los políticos de viejo cuño como César Camacho e Ivonne Ortega, funcionarios de la presidencia como David López Gutiérrez, coordinador de Comunicación Social, o los retoños de políticos bien colados en la estructura de poder como Sylvana Beltrones Sánchez, hija del coordinador del grupo parlamentario del PRI en San Lázaro, Manlio Fabio Beltrones, quienes por supuesto no representarán a la ciudadanía de sus distritos electorales sino al grupo político que los postula.
En segunda línea se ubica gente ligada a la estructura corporativa del partido como el dirigente de los trabajadores del Metro, Fernando Espino, y Guillermina de la Torre Malvaéz, lideresa de pepenadores en el Bordo Poniente y madre del ex dirigente del PRI en el DF, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, y el actual líder priísta capitalino, Mauricio López, mismo que forma parte de la estructura de poder construida y comandada por Gutiérrez de la Torre en la Ciudad de México. Este líder, conocido como el “príncipe de la basura”, logró colocar a su “gente” en la lista de plurinominales y sigue operando su red de influencia en el D.F., a pesar de que enfrenta cargos por comandar una red de prostitución desde las mismas oficinas del PRI capitalino, donde hasta hace unos meses se reclutaba a mujeres jóvenes para brindar “servicios sexuales” al líder priísta, bajo el engaño de un supuesto empleo de edecanes.
Guillermina por su parte, es conocida por su larga militancia en el Partido Revolucionario Institucional, pero sobre todo por haber heredado parte del imperio de su esposo, el “zar de la basura”, Rafael Gutiérrez Moreno. La familia Gutiérrez se ha distinguido por operar con mano de hierro y desde hace décadas el tiradero de Santa Catarina, “como en los tiempos de antes de la Revolución, el tiradero se convirtió en una gran hacienda con capataces y tiendas de raya. Las dos tiendas de abarrotes son de Norma Gutiérrez, hija de Guillermina. Los capataces, llamados ‘cabos’, se encargan de reportar a las personas que no participan en las actividades, entre ellos Gregorio Uribe, El Goyo. Ese es el perro fiel de La Maestra y su principal gol-peador en el tiradero”
En tercera línea ha sido colocada gente de la farándula como la actriz “Carmen Salinas”, cuya larga trayectoria artística no la habilita para ocupar un cargo de representación popular y cuya conocida imagen, o “reconocimiento popular que muchos quisieran”, como afirma en su defensa el mismo diputado Beltrones, pretenden ser utilizados para captar votos de los y las incautas que asumen que alguien que sale en la pantalla chica es “como de la familia”, por lo que podría otorgársele “un voto de confianza”.
Analizando tan sólo a los personajes aquí enunciados se puede inferir que para los priístas la “ciudadanía”, aquella que vota pero no elige, está conformada por personas que no merecen ser representadas; por mujeres consideradas como seres de segunda que están para satisfacer las necesidades sexuales de los hombres, en especial de los líderes de su partido, aun pasando por encima de sus deseos, dignidad, seguridad y derechos; por hombres y mujeres desinformados capaces de votar por una cara conocida que aparece en la tele cuyo talento político se desconoce o por violadores y explotadores de mujeres, infractores de la ley, explotadores de los trabajadores, etcétera.
Pero no se crea que el PRI es el único partido que se atreve a postular personajes reprobables, le sigue de cerca el PRD, quien ha propuesto a personajes que han sido señalados de conductas anómalas, incluso por sus mismos correligionarios, como el ex priísta y ex panista Rubén Mendoza Ayala, señalado de manejos irregulares de las finanzas del PAN, por lo que fue expulsado por ese partido en 2009, y ahora es postulado por el PRD para el distrito 19 del Estado de México. En posición privilegiada en la lista plurinominal quedó el ex jefe delegacional en Iztapalapa, Jesús Valencia Guzmán, quien dejó el cargo el 19 de enero para ser investigado por presunto conflicto de interés al chocar, bajo los influjos de “medicina para la gripa”, a decir de él mismo, un vehículo propiedad de la empresa Amexire, contratista de la delegación.
Por el distrito 14 de Minatitlán, Veracruz, quedó Juana Isabel Morales, ex priísta y ex regidora del PRD, quien fue señalada en el pleno del PRD por la dirigente Margarita Guillaumin por tener “antecedentes criminales, ex priísta y de la peor fama”.
Por supuesto, no podía faltar “la joya de la corona”. En la Ciudad de México, las corrientes Nueva Izquierda (NI) y Vanguardia Progresista (VP), comandadas por los llamados “Chuchos”, e Izquierda Democrática Nacional (IDN) de René Bejarano, han incluido en sus listas a candidatos y candidatas con lazos familiares o sentimentales con quienes se van. Así, por ejemplo, para delegado en Iztacalco, los Chuchos van con Carlos Estrada, pareja de la titular de la demarcación con licencia, Elizabeth Mateos, quien logró la postulación para una curul en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) por el distrito 14. En Venustiano Carranza, Israel Moreno quien busca la jefatura delegacional, está siendo impulsado por su hermano, quien también ya fue titular de esa demarcación, Julio César Moreno, actualmente es diputado federal.
IDN, por su parte, no podía quedarse atrás al proponer al hermano de Dolores Padierna, Antonio Padierna Luna, para jefe delegacional en Azcapotzalco.
Uno más, Valentín Maldonado, candidato a delegado en Coyoacán y que es un trabajador cercano al grupo político de Mauricio Toledo, delegado con licencia cuestionado por actos de corrupción.
Así como los candidatos del PRI permiten sacar conclusiones sobre como los priístas ven a sus votantes, igualmente con el PRD se puede pensar que asumen que quienes han de votar por ellos no tienen ni el interés ni la información suficiente para saber a quién le darán su voto, además de apáticos y desinformados, los votantes del PRD son vistos por este partido como personas sin importancia cuyo bienestar y vidas pueden ser puestas en manos de políticos, si es que se les puede dar ese calificativo, corruptos, con nexos con la delincuencia organizada, como quedó demostrado en el caso de José Luis Abarca, presidente municipal de Iguala, Guerrero. Al parecer a los miembros del PRD les importa muy poco lo que la ciudadanía piensa de ellos, pues incurren una y otra vez en las mismas prácticas, aquellas que les han merecido el descrédito en que han caído.
Todo lo anterior deja ver que lo último que estos partidos políticos buscan al elegir a sus candidatos es postular a las personas mejor preparadas y mucho menos a aquellas interesadas en construir un mejor país, un lugar donde se pueda vivir sin hambre, desempleo, misoginia, explotación laboral y sexual, inseguridad, violencia. Tratan por el contrario de colocar a la gente que les asegure su permanencia en un sistema político organizado para servirse “a sus anchas”.

