Por: Zazil Carreras
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A mediados de 1977, Etiopía solicitó ayuda militar a Cuba para enfrentar la invasión somalí respaldada por países occidentales contra su territorio, entonces dirigido por un gobierno revolucionario encabezado por Mengistu Haile Mariam.
Fuerzas castrenses somalíes, junto a las del Frente de Liberación de Somalia Occidental, que combatía desde antes en el Ogadén, arremetieron de forma abierta contra el país vecino pese a que ambos estados fueron aliados de la entonces Unión Soviética.
Los invasores, con 350 mil hombres, 34 brigadas de infantería motorizada, 350 tanques T-55 y 34, 350 blindados, 600 piezas de artillería, 50 aviones Mig-17 y 21, y más de una decena de helicópteros, atacaron suelo etíope entre el 11 y el 13 de julio de ese año.
En breve tiempo Cuba envió tropas y especialistas por diferentes vías. El primer batallón de tanques llegó el 28 de septiembre de 1977, y en marzo de ese año los somalíes y sus aliados fueron derrotados.
Es justo en este periodo, el 28 de octubre de 1978, que una señal de radio rompió el espacio del desierto de Ogadén con palabras y sonidos poco conocidos para los etíopes y una pegajosa música caribeña, con el paso de los años, esa señal se volvió algo familiar hasta fortalecerse.
Radio Tatek, su nombre durante 12 años de transmisiones hasta el año 1989, fue la primera emisora internacionalista conocida hasta ese entonces y estaba dirigida a los 40 mil soldados cubanos que pasaron por Etiopía tras la derrota sufrida por Somalia en ese territorio africano en 1978.
El proyecto radial motivó el libro “Radio Tatek, una Emisora Internacionalista”, de Rafael Ramírez Fernández, presentado en la XXII Feria Internacional del Libro Cuba 2013.
El texto sintetiza el origen de esta emisora y el impacto que tuvo en los cerca de 18 mil cubanos que. tras concluir la guerra, permanecieron en Etiopía “de guardia”, como definió en aquel entonces Fidel Castro, ante otra posible intervención.
La radio también era escuchada por un gran número de etíopes, en todas las regiones donde llegaba el alcance del transmisor, de un kilo de potencia, una antena de 85 metros y dos repetidores.
Sus transmisiones de hasta ocho horas diarias llegaban a grandes distancias sin interferencia, pues el espacio del área estaba libre de frecuencias, acota el autor del libro.
El embajador de la República Federal Democrática de Etiopía, en Cuba, Bogale Tolessa Maru, declara en el libro que esa emisora “sirvió no solamente para informar e instruir a las tropas vigilantes, sino que brindó múltiples servicios al país”.
Unos 100 periodistas, locutores, realizadores, operadores y técnicos trabajaron durante esos años en la emisora, cuya presencia hasta recesar sus trasmisiones en 1989 tuvo la aprobación de los etíopes y de todos los militares cubanos que ayudaron al país africano.
El libro se nutre a partir de los relatos de sus protagonistas y de testigos que integraron el personal enviado por la Dirección Política del Ministerio de las Fuerzas Armadas y del Instituto Cubano de Radio y Televisión.
“Un año fue suficiente para que la planta se escuchara con profesionalidad y el alcance necesario, aunque siguieron los esfuerzos para su perfeccionamiento”, relata Ramírez.
El embajador de Addis Abeba en Cuba, Bogale Tolessa Maru, afirma en el citado libro que aquel “valiente y liberador gesto ocurrió en un momento crucial de la historia de mi país y ocupa un lugar único en la mente y en los corazones de los etíopes”.
De este modo, se recuerda el nacimiento de la estación de radio que proveyó un canal de comunicación para la revolución, cultura al pueblo y contribuyó a la independencia de una nación.


