El azúcar volvió a colocarse en el centro del debate nacional. Durante la Mañanera del Pueblo de este martes 2 de septiembre, el secretario de Salud, David Kershenobich Stalnikowitz, lanzó un llamado urgente: México debe reducir el consumo de bebidas azucaradas si quiere recuperar años de vida y bienestar.
“Debe disminuirse el consumo de las bebidas azucaradas para poder alcanzar un buen estado de salud”, sentenció.
En la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, Kershenovich subrayó que la costumbre de abrir un refresco en cada reunión social, familiar o cotidiana está normalizando una adicción silenciosa.

La herencia amarga del azúcar
El funcionario advirtió que las campañas deben enfocarse no solo en adultos, sino sobre todo en los hogares con niños menores de dos años, pues si los padres beben refrescos, los hijos reproducen ese patrón desde la infancia.
La situación es tan grave que, según cifras históricas, en 2012 se registraron 118 mil muertes relacionadas con el sobrepeso, lo que representó el 10.6% del total de fallecimientos en México y provocó la pérdida promedio de 4.2 años de vida por persona.
Del placer a la ansiedad
El discurso desmontó también la imagen que la publicidad ha construido alrededor de estas bebidas: éxito, modernidad y estatus social. Para Kershenobich, este engaño desplaza lo tradicional y refuerza un consumo que no solo daña el cuerpo, sino también la mente.

Quienes ingieren tres o cuatro refrescos al día incrementan su riesgo de ansiedad y depresión, explicó. El motivo: el azúcar libera químicos en el cerebro asociados con el placer, una reacción inmediata que termina por enganchar y provocar efectos emocionales dañinos.

Una cultura difícil de arrancar
“En las reuniones sociales y familiares lo primero que se ofrece es un refresco”, señaló el secretario de Salud.
Alertó que esta costumbre convierte lo dañino en parte de la vida cotidiana. La mesa mexicana se ha llenado de burbujas y colores, mientras el agua y lo natural quedan relegados.
Una batalla que comienza en casa
La advertencia es clara: los niños no deben estar expuestos a este tipo de bebidas, porque cada vaso marca el inicio de un camino que roba salud, años y calidad de vida.
La Secretaría de Salud dejó en la cancha social el reto: cortar la cadena cultural que ha vuelto al refresco el invitado principal de cada comida y cada fiesta. La decisión, aunque incómoda, será vital para que México no siga perdiendo miles de vidas a causa del azúcar.
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