(08 de agosto, 2014).- La trayectoria y la protección que se brinda a “insignes” trabajadores petroleros, habrá de poner muchos renglones en su sitio y permite seguir la ruta de los dineros que se desvían. Carlos Romero Deschamps es una pieza clave y los intereses en su entorno se mueven para evitar que, en su caída arrastre a quienes se encuentran en altos niveles de gobierno y no porque hubiese actuado como Joaquín Hernández Galicia, sino todo lo contrario. Son ya casi dos décadas de que este personaje ha estado presente en el Congreso, tres como diputados y dos como senador. Son 21 años los que lleva como dirigente del STPRM.
No es fácil olvidar que este personaje se encontraba totalmente asustado, muerto de miedo, cuando Fidel Velázquez resolvió no dar la cara, no hacer ningún movimiento en favor del tamaulipeco Hernández Galicia, quien lo había llevado a ser el líder de la sección 35 de esa organización y lo mantenía con cuidadosa cercanía. Es mentira que Romero entregó a “la Quina”, ya que ni siquiera conocía al director de PEMEX de ese tiempo, Francisco Rojas Gutiérrez. El, junto con otro más que se encontraban al frente de diversas comisiones, estaban aterrados esperando el momento en el que también fueran aprehendidos.
En uno de tantos mítines, antes de que se apanicaran, Romero Deschamps se subió a un templete a gritar: “doy mi sangre por Joaquín”. Sin embargo, una tarde en la que se le condujo de las oficinas del periódico Ovaciones a la torre petrolera para que conociera al encargado de la petrolera, el hidalguense era un perro faldero, un hombre sin voz, sin carácter, sin presencia. Agachó la cabeza cuando le informaron que sería Sebastián Guzmán Cabrera el próximo líder, sin embargo no dejó un solo hueco sin cubrir, una promesa o petición sin cumplir que llegara del máximo gobierno para hacer patente que su entrega sería total. Y así ha sido. El Pemexgate es una de las mejores pruebas, como lo es también el que pudiera el sindicato vender barriles de petróleo contraviniendo lo que marca la Constitución al respecto, acto que ahora les costará una suma que puede alcanzar los mil 400 millones ya que lo adquirido y pagado simplemente nunca fue entregado.
Romero tiene un salario de trabajador de PEMEX que, libre de descuentos apenas alcanza los once mil pesos. Dicen que cuando se discuta el contrato colectivo, cuando se tenga que dejar muy claro lo que pasará con las pensiones, cuando se liquide a un importante número de trabajadores de la petrolera, este sujeto va a estorbarle al PRI, al gobierno, a Peña Nieto y será entonces cuando conozca de la prisión. En lo personal, lo dudo. Las complicidades abarcan tal diámetro que son del mismo tamaño las protecciones. El seudolíderpetrolero no se atreve, ni se ha atrevido jamás, a decir no o a cuestionar una decisión que provenga de Los Pinos y no va a empezar ahora y mucho menos después de ver, ser testigo e incluso tratar de influir en todo lo que perjudicó a Elba Esther Gordillo.

