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Salarios diferenciados: más allá de la demagogia del aumento salarial

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(20 de junio, 2014).-  México tiene un sistema de salario mínimo simple, es decir que fija un piso efectivo. Este piso debería de ser lo suficiente para satisfacer las necesidades básicas de un ciudadano y ello involucra el cumplimiento de sus derechos fundamentales, mismos que se encuentran establecidos en el Artículo 1 de la Constitución. Al menos 17 millones de mexicanos dependen de este salario que, desde hace más de 3 décadas, es precario y se encuentra dentro de los más bajos del mundo.

Aunque en principio el modelo tiene la supuesta ventaja de emparejar el piso efectivo, así como su aplicación generalizada porque se instituye un día  y porcentaje específico para el aumento existe el problema de cómo se establece el aumento periódico.

Por un lado la comisión encargada, en este caso la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasim) debería tener un conocimiento preciso de las necesidades básicas de los trabajadores, especialmente de los menos calificados pues son quienes obtendrían el mínimo necesario.  A partir de ahí se estimarían los cálculos de cuánto ganaría un trabajador de acuerdo a sus capacidades  y formación. No sucede así. En México las empresas asumen que es lo mínimo que deben brindar a un trabajador y un sueldo mayor al establecido por la ley es un verdadero logro para los trabajadores.

Lo cual no resultaría un problema si con ese salario se pudiese adquirir la canasta básica así como todos los bienes y servicios que garantizaran vivienda, educación, salud, etc. Sin embargo el sueldo percibido por los trabajadores ha tenido una devaluación constante desde los años 80´s.

Evidencia de ello es el Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP) que ha estimado el Consejo Nacional de la Evaluación de la Política en Desarrollo Social (Coneval). Este muestra la tendencia de la proporción de personas que no pueden adquirir la canasta alimentaria -estimada en $1,220.29- con el ingreso de su trabajo. De acuerdo con el reporte desde el 2012 no ha habido una disminución en las cifra de trabajadores para los que el salario no les alcanza para la canasta alimentaria y el índice es más alto en el caso de las ciudades.

En este contexto la discusión apremiante por el aumento salarial ha venido destapándose en los últimos días por parte de los Secretarios del Trabajo del Distrito Federal Guerrero, Morelos, Tabasco y Oaxaca.

Desafortunadamente, y aunque Patricia Mercado, titular de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Autoempleo del Gobierno del Distrito Federal destacó en la reunión con sus homólogos que el salario mínimo debería estimarse conforme a las evaluaciones de Coneval, lo cierto es que el modelo de Salario Mínimo Simple (SMS) se muestra poco efectivo y que la discusión tendría posiblemente que girar en torno a las necesidades focalizadas de los trabajadores y no uniformada.

En el análisis realizado por Andrés Marinakis, “Sistemas de Salarios Mínimos Múltiples o Simples”, para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ambos modelos tendrían ventajas y desventajas, sin embargo, en el caso de México los posibles aciertos del SMS ha quedado de lado tras el  declive del rendimiento del salario mínimo mexicano a lo largo de los años.

En contraste un Sistema de Salarios Mínimos Múltiples o Diferenciados (SSMM) procura establecer niveles específicos de estimación y protección para las distintas ocupaciones. Con ello se busca reconocer los matices en las diferentes calificaciones que se requieren para los diversos sectores productivos, así como la situación del mercado de trabajo y su relevancia para el crecimiento económico nacional. Primordialmente se trata de proteger a las categorías ocupacionales o sectores de la actividad que se caracterizan por tener salarios muy bajos.

Esto implicaría mucho más que la intención de un incremento salarial como se ha venido haciendo en México.  Para lograr un modelo diferenciado sería necesario, primero que el órgano centralizado (en este caso Conasim) tuviera información detallada y focalizada no sólo de una estimación de lo que necesitan los trabajadores, si no de cuáles son las condiciones específicas económicas de la zona. Tendría que tomar en consideración el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) no a nivel nacional si no local. Esto posibilitaría un mayor rendimiento de los salarios.

De manera más simple, se requiere de una evaluación minuciosa de las regiones socioeconómicas del país a fin de establecer qué insumos y servicios son de acceso más viable para los ciudadanos pero sobre todo se refiere a que de la estimación del salario tendría que establecerse considerando indicadores como la edad, la calificación (no sólo académica), la productividad de la zona, el mercado laboral           ,

Mientras que en México los criterios para ajustar la remuneración mínima son:

·         Canasta Básica de Consumo

·         Inflación (Pasada o futura estimada)

·         Factores de productividad

·         Contexto económico

En un sistema diferenciado además de ello se tendrían que tomar en cuenta:

·         La región. México la considera pero sólo sobre A y B

·         Sector

·         Ocupación

Pero más allá de la simpleza un modelo de remuneraciones mínimas diferenciadas tendría que valorar elementos como el tamaño de las empresas, su ubicación geográfica, el tipo de ubicación, la actividad económica, la condición de edad y capacidades.

Diversos países de América Latina ha integrado éste modelo y han logrado incrementar los salarios. En  países como Chile el salario mínimo diferenciado ha permitido que muchos jóvenes ingresen al mercado laboral formal aún cuando tienen poca experiencia y conforme se van haciendo más productivos el sueldo también va aumentando.

En México la historia es distinta, el sueldo simplemente es el mismo se tengan 18 o 40 años si la empresa considera  que  pagar el salario mínimo es lo que corresponde de acuerdo a las funciones que se requieren, entonces lo hará y dentro del marco legal.

De ahí que la discusión del posible aumento salarial debiera ir más allá de un incremento porcentual generalizado que no toma en cuenta el mercado laboral y la relación de éste respecto a la productividad nacional, y que tampoco considera el rendimiento del ingreso más allá de una zonificación  A y B.

Para muestra bastan ejemplos cotidianos. Mientras que con 5 pesos en la Ciudad de México es posible atravesar la ciudad de sur a norte, en Tijuana un pasaje puede costar 12 pesos, en Puebla y Tlaxcala el uso de taxis es, por mucho mayor al del D.F. y en contraste para los citadinos comer pescado es un lujo que no se puede tener siempre y como en las costas.

No es se trata de demeritar la intención de poner en la mesa de discusión la problemática de la devaluación de los salarios de los trabajadores, sin embargo, un gobierno comprometido tendría que considerar que el reto de generar las condiciones laborales dignas para las familias mexicanas implica un esfuerzo más allá de una propuesta que repite el modelo que uniforma a la ciudadanía sin tomar en cuenta que las necesidades de cada localidad.

Nunca serán las mismas condiciones laborales de un minero del norte a las de un empleado de tienda departamental y bajo un sistema de salario mínimo general ambos ganarían lo mismo.

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