(18 de noviembre, 2013).- ¿Qué tienen en común dos de tres aspirantes oficiales a dirigir el Partido de la Revolución Democrática? Nunca han gobernado. Los ex senadores Carlos Sotelo García y Carlos Navarrete Ruiz jamás han encabezado un gobierno, aunque el primero tuvo el rango de subsecretario cuando Amalia García fue gobernadora de Zacatecas y el segundo fue efímero secretario de Trabajo y Fomento al Empleo del gobierno del Distrito Federal en la actual administración de Miguel Ángel Mancera.
Sotelo, además, nunca ha alcanzado un cargo mediante elección popular: diputado local por Colima de 1991 a 1994 y senador por la misma entidad de 2006 a 2012, fue ambas veces legislador por la vía plurinominal. Tanto él como Navarrete han ocupado múltiples cargos partidistas en el PRD, pueden presumir de conocer las entrañas del partido. En eso se distinguen del tercer aspirante, Marcelo Ebrard Casaubón, quien se afilió al PRD poco antes de anunciar su candidatura a jefe de Gobierno de la Ciudad de México en 2005.
Carlos Sotelo, miembro fundador del PRD, encabeza su propia corriente al interior del partido, Patria Digna. Afirma que esta tribu cuenta con 40 representantes en el Consejo Nacional del partido y que su estructura se encuentra en crecimiento. Sin embargo, en 2009 no logró la candidatura al gobierno de Colima y de momento no cuenta con cargo alguno.
Carlos Navarrete, con un largo historial de militancia socialista antes de entrar al PRD, pertenece hoy a Nueva Izquierda, la corriente perredista conocida como Los Chuchos, que ha apostado por una política de alianza con los gobiernos federales en turno para reforzar su posición frente a la oposición interna. Impulsora de la firma del Pacto por México con los partidos de la derecha mexicana, Nueva Izquierda cuenta con 140 consejeros y la alianza de Alternativa Democrática Nacional (ADN), corriente con 85 consejeros y cuyo bastión es el Estado de México.
Marcelo Ebrard lleva tres décadas trabajando para el gobierno de la Ciudad de México, el bastión que mantiene a flote a un PRD que no ha logrado asentarse en ningún gobierno estatal. Sólo que los primeros quince años los pasó en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), del cual fue secretario general en el Distrito Federal. Gracias a ese partido ocupó cargos públicos ininterrumpidamente entre 1981 y 1995, año en que renunció al PRI de la mano de su mentor político, Manuel Camacho Solís. Antes de llegar al PRD, fue diputado federal por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) –aunque nunca se afilió a este instituto– y cofundador del fallido Partido del Centro Democrático.
Nueva Izquierda ha dirigido el PRD desde que Guadalupe Acosta Naranjo ocupó interinamente la presidencia del partido a la salida del ex gobernador de Baja California Sur Leonel Cota Montaño en 2008. Ahora que se aprestaba a hacer valer su mayoría para renovar su control sobre el perredismo nacional, ha surgido un candidato inesperado: varias corrientes impulsan un cambio en los estatutos del partido –que impiden ocupar más de una vez la Presidencia o la Secretaría General– para posibilitar la elección de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, fundador y presidente entre 1989 y 1993.
Del 21 al 24 de noviembre se realizará el Congreso Nacional del PRD. En éste se decidirá si se cambian los estatutos para que Cárdenas pueda volver a ocupar la Presidencia del partido y se establecerá el método para renovar la dirigencia en marzo de 2014. Cuauhtémoc Cárdenas se ha reunido con líderes de ADN, Izquierda Democrática Nacional (IDN) e Izquierda Renovadora en Movimiento (IRM) con miras a lanzar una candidatura de unidad, pero hasta ahora sólo hay dos cosas claras: que no anunciará su intención de dirigir el partido antes de que se modifiquen los estatutos, y que sólo aceptará la candidatura si es apoyada por todas las corrientes internas, pues “no está dispuesto a participar en un proceso de elección interna con otros candidatos que podría generar un desgaste a su imagen y trayectoria política”.
Jesús Ortega, líder de Nueva Izquierda y ex presidente del partido, reaccionó a la posible candidatura de Cárdenas diciendo que la modificación de los estatutos “depende del congreso del PRD” y que “es muy difícil o imposible hablar a nombre del congreso”, pese a que su corriente cuenta con el número de consejeros y aliados para bloquear cualquier iniciativa.
Marcelo Ebrard, que busca la Presidencia con su corriente Movimiento Progresista y ha tenido acercamientos con IDN y Foro Nuevo Sol, adelantó que no declinará su candidatura y anunció que según una encuesta mandada hacer por él mismo, el 86 por ciento de los militantes perredistas lo apoya. Confiado en estas cifras, impulsa un cambio en los estatutos del partido para que su presidente sea elegido mediante una consulta nacional –método con que se eligió al pasado candidato presidencial perredista–, idea que Ortega calificó de “insólita e insensata”.
Ebrard acusa a Nueva Izquierda de haber convertido al PRD en un satélite de Enrique Peña Nieto y critica el voto de los legisladores de esta corriente en la aprobación de las reformas estructurales: “No se esperaría que ningún legislador del PRD vote a favor de las iniciativas que está presentando Enrique Peña Nieto”.
Sin embargo, Carlos Sotelo pone en entredicho el llamado a la congruencia de su rival, recordando su papel en el acercamiento con el Ejecutivo anterior, al que el PRD acusaba de haber obtenido la Presidencia mediante un fraude electoral: “La línea electoral y política que el partido ha venido desarrollando desde el 2010 se ha tomado con el consenso de él, con el acuerdo de él. El acercamiento con el calderonismo y la alianza electoral con el PAN los suscribió Ebrard”.
¿Ebrard, Navarrete, Sotelo… Cárdenas? Aún nada está dicho. Discípulo del ultrapragmático Camacho Solís, Ebrard siempre defendió las negociaciones cupulares. Pero hace unas semanas comenzó a criticarlas, en un aparente intento de diferenciarse de Nueva Izquierda, que mantiene la mayoría numérica pero padece un fuerte desgaste en su imagen.
Los Chuchos presentan como candidato a uno de sus miembros más emblemáticos, pero algunas versiones sugieren que ya negocian el apoyo a Cárdenas con tal de frenar las aspiraciones de Ebrard. Un rumor de pasillo le quita el sueño a más de alguno: que Nueva Izquierda apoye el cambio en los estatutos, pero no a favor de Cárdenas, sino como maniobra para que Jesús Ortega sea de nueva cuenta presidente del que fuera partido insignia de la izquierda mexicana.



