Por: Valentina Pérez Botero
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La revelación no es nueva, filosofías milenarias como el tantra y el taoísmo atesoraron el conocimiento sexual cientos de años atrás: los hombres, al igual que toda mujer, son multiorgásmicos.
La clave es entender que la erección, la eyaculación y el orgasmo son procesos distintos y por ende, en una sola erección se pueden tener múltiples orgasmos antes de eyacular y también al momento de hacerlo.
La costumbre de un único orgasmo por eyaculación involucra un periodo refractario (el tiempo que se tarda el pene en alcanzar una erección después de eyacular), ya que los genitales masculinos descargan la tensión que permite la rigidez y aumentan la sensibilidad que hace dolorosa e infructuosa –por instantes- la estimulación.
Identificar el momento previo al “Punto de no retorno” –en el que la eyaculación es inminente- permite contraer los músculos del suelo pélvico para así experimentar un orgasmo y no perder la erección. El hecho de retrasar la eyaculación pero experimentar orgasmos, permite alargar el tiempo de la relación sexual y potenciar el placer que tanto el hombre como su pareja puede experimentar.
Incluso el hombre, después de varios orgasmos, puede decidir no eyacular y el proceso de declinación del clímax se acerca más al femenino, pausado y paulatino, que al abrupto regreso a la normalidad tras una eyaculación.


