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Sigue la Traición de Obama

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Por Elvira Arellano

(29 de enero, 2014).- El mayor peligro para cualquier movimiento popular es depender de aliados que lo traicionan.

El presidente reveló una serie de acciones que piensa tomar este año, aprovechando su poder ejecutivo en cara de un gobierno dividido, pero paró en frio cuando se trata de usarlos para poner fin a las deportaciones. En lugar de eso, apeló al Congreso para que apruebe una reforma migratoria, con el argumento de que la legalización conllevaría beneficios enormes a la economía estadounidense.

La única conclusión que podemos sacar es que se trata de otra traición por parte de un presidente que había prometido una y otra vez, ha sido premiado con votos, y ha incumplido sus promesas.

¿Por qué?  Es esencial que sepamos por qué ha tratado tan mal a nuestra comunidad. Pese el argumento presidencial de que la legalización sería beneficiosa para la economía y que crearía más puestos de trabajo, sus políticas han incluido una mano dura en el sentido de que ha deportado a 2 millones de indocumentados,  para los desempleados cuyos pagos de seguro de empleo han vencido, desesperados, estarán dispuestos a aceptar los empleos mal pagados antes ocupados por los indocumentados.

Eso es el motivo de su política de mano dura en contra de los indocumentados, hacer posible que los desempleados ocupen los puestos de empleo antes ocupados por los trabajadores indocumentados, padres y madres de “soñadores” y de hijos que son ciudadanos estadounidenses.

Una vez que reconocemos esto podemos entender la posición hipócrita de los demócratas. Queda claro que bajo la dirección de la Casa Blanca han saboteado la reforma migratoria, echando toda la culpa por el fracaso legislativo a los republicanos.  Los elementos del “Partido de Te” en el Partido Republicano están felices de aceptar la culpa para satisfacer los sentimientos de su base social en distritos cuyas fronteras han sido manipuladas para proteger sus intereses políticos.

La posición del presidente ha sido hipócrita, una violación de los derechos humanos más fundamentales y dañina para la economía. Sus propios argumentos señalan que la legalización habría sido beneficiosa para la economía y habría creado más puestos de trabajo para los ciudadanos estadounidenses.

Pero tenía miedo de proyectar la imagen de legalizar a millones mientras que los ciudadanos norteamericanos padecían de desempleo, a pesar del hecho de que la legalización habría producido más empleos porque habría estimulado la economía.

El presidente dice ahora que desea enfocar sus esfuerzos en el problema de “desigualdad de ingresos”. Pero también fue su política, al comenzar su presidencia, responder a la crisis económica con ayuda masiva a la banca, a las compañías de seguros y a las corporaciones grandes en lugar de crear un programa de empleos de gran escala.

La consecuencia de esto ha sido profundizar la desigualdad de ingresos en este país, cosa que va a requerir decenios para superar. Y su iniciativa de superar la desigualdad es otra movida: una propuesta de aumentar el salario mínimo, un plan que sabe que no va a prosperar en la Cámara de Representantes, donde los republicanos lo van a parar en frío.

Debemos reconocer que éste es un presidente que enfatiza el partidismo y no las políticas constructivas para el país, inclusive las que defienden los derechos humanos. Siendo la situación así, ¿qué debemos hacer?

Tenemos que enfocarnos en la demanda de que el presidente utilice su poder administrativo para expandir los aplazamientos que ya otorgó a los “soñadores” a sus madres y padres y a las madres y los padres de niños ciudadanos de los Estados Unidos.

Al mantenernos unidos en apoyo de esa demanda, podemos parar las deportaciones y sacar a nuestra gente de las sombras este año.  Es también la única manera en que podemos prevenir que la Casa Blanca sabotee la legislación de reforma migratoria, dejando saber al presidente que al fracasar la reforma, la gente lo culpará a él.

Nuestro deseo ferviente ha sido que el primer presidente afronorteamericano hubiera llevado el llamamiento a la justicia, del movimiento pro derechos civiles, a la nación entera. Por eso debemos darle una oportunidad más de redimirse.

Sr. Presidente, usted ha deportado a 2 millones de indocumentados, causando un sufrimiento indeseable a un sinnúmero de familias. Usted tiene el poder de parar estas deportaciones. ¡Haga lo correcto!

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