(18 de octubre, 2015).- En más de 12 países, incluyendo México, Cuba, Colombia, España, Estados Unidos y Camerún, teólogos y religiosos emitieron la Declaración Internacional de Teólogas y Teólogos sobre el Sínodo de Obispos sobre la Familia que se realiza en el Vaticano.
El documento contiene seis propuestas que se realizan a los jerarcas católicos que participan en el encuentro, algunas de ellas relacionadas con las parejas homosexuales y los divorciados vueltos a casar.
Se plantea que “no pertenece a la fe de la Iglesia el hecho de mantener intacto un determinado modelo de familia, propio de un tiempo y de una cultura” y añaden que “según los evangelios, Jesús de Nazaret fue profundamente crítico con el modelo de familia de su tiempo y de su cultura”.
Los aproximadamente 60 teólogos, entre ellos: Reverendo Dan González Ortega, rector de la Comunidad Teológica de México, Kochurani Abraham de la India, Xavier Alegre de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII de España, Olga Lucía Álvarez de la Asociación Presbíteras Católicas Romanas de Colombia, Nidia Arrobo de la Fundación Pueblo Indio Monseñor Leonidas Proaño de Ecuador, afirman “creemos que hay que respetar las diferentes identidades, opciones y orientaciones sexuales como expresión de la pluralidad de formas de vivir la sexualidad entre los seres humanos”.
Es por ello, aseguran que “deben reconocerse en la iglesia católica la homosexualidad y los matrimonios homosexuales en igualdad de condiciones que la heterosexualidad y los matrimonios heterosexuales”. También se afirma que “debe revisarse la condena indiscriminada de la interrupción voluntaria del embarazo por parte del magisterio eclesiástico” y que es “necesaria la derogación del canon 1398 del Código de Derecho Canónico que decreta la excomunión para quien produce el aborto”.
Además se puntualiza que “no existen razones bíblicas, teológicas, históricas, pastorales, y menos todavía dogmáticas, para excluir a hombres casados ni a las mujeres de ninguno de los ministerios eclesiales, ordenados o no ordenados” y piden que “se eliminen los obstáculos ideológicos, culturales y disciplinares de carácter sexista y se lleve a cabo la plena incorporación de las mujeres en los ámbitos indicados, incluido el acceso al sacerdocio y al episcopado”.
Sobre el divorcio, afirman que “no existe dogma de fe que lo impida, como tampoco que prohíba el acceso de las personas separadas o divorciadas vueltas a casar a la eucaristía. La actual disciplina excluyente en esta materia, quizá comprensible en el pasado, hoy no tiene justificación y, lejos de acercar a la gente en esas circunstancias a la comunidad cristiana, la margina, aleja y estigmatiza. Además, carece de fundamento evangélico”.
Por esto “el Sínodo de Obispos debe eliminar tal prohibición y facilitar el acceso a la comunión eucarística a las personas separadas o divorciadas vueltas a casar sin imponerles exigencia correctora alguna.”
Es así como la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII pide que se reconozca la homosexualidad y los matrimonios homosexuales y que se revise “la condena indiscriminada de la interrupción voluntaria del embarazo”.
“Creemos que hay que respetar las diferentes identidades, opciones y orientaciones sexuales como expresión de la pluralidad de formas de vivir la sexualidad entre los seres humanos. En consecuencia,deben reconocerse en la Iglesia católica la homosexualidad y los matrimonios homosexuales en igualdad de condiciones que la heterosexualidad y los matrimonios heterosexuales. No debe excluirse a las personas cristianas homosexuales de ninguna tarea, actividad y responsabilidad eclesial como tampoco de la participación en los sacramentos”, dicta el documento.
A su vez en relación con el divorcio, dice que, “no existe dogma de fe que lo impida, como tampoco que prohíba el acceso de las personas separadas o divorciadas vueltas a casar a la eucaristía. La actual disciplina excluyente en esta materia, quizá comprensible en el pasado, hoy no tiene justificación y, lejos de acercar a la gente en esas circunstancia a la comunidad cristiana, la margina, aleja y estigmatiza.
Además, carece de fundamento evangélico. Creemos por ello que el Sínodo de Obispos debe eliminar tal prohibición, actualmente vigente, y facilitar el acceso a la comunión eucarística a las personas separadas o divorciadas vueltas a casar sin imponerles exigencia correctora alguna. Las personas creyentes somos sujetos morales con capacidad para decidir libremente en conciencia en este terreno. Dicha decisión debe ser respetada”.

