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Tlatlaya y sus historias ocultas: “un soldado nos pidió que no volteáramos”

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(27 de diciembre, 2014).- De acuerdo con testimonios de Cinthya Estefany Nava, Patricia Campos Morales y Clara Gómez González, testigas del fusilamiento de Tlatlaya y de militares que participaron en este hecho dijeron en su declaración judicial que luego del enfrentamiento entre los soldados y los presuntos delincuentes, tras uniformados entraron a la bodega y les ordenaron no voltear a ver y dispararon en contra de ocho personas.
“Los pusieron formados del lado izquierdo de la bodega y un soldado nos dijo que no volteáramos a ver, en ese momento los tres militares que habían entrado a la bodega vuelven a disparar contra las personas”, señaló Nava.

Los elementos del 102 Batallón de infantería sometieron y eliminaron a 22 presuntos delincuentes el pasado 30 de junio, los militares, Fernando Quintero Millán, Roberto Acevedo López y Leobardo Hernández Leónides, dijeron que los oficiales
Cabe recordar que en este hecho, Erika Gómez González, de 15 años de edad, fue acribillada, su madre afirmó desconocer dónde se encontraba ese día, alrededor de las 15 horas, la adolescente se comunicó vía telefónica con su madre, Clara Gómez González, y le dijo que venía de Palmas hacia San Pedro. La joven estaba en el municipio mexiquense de Tlatlaya a una hora de distancia de su hogar con un grupo de jóvenes aramados con rifles y fusiles de asalto, se trasportaban a bordo de una camioneta.

Clara Gómez, su madre le dijo que “quería hablar con ella, incluso yo iba a ir por ella, que me dijera dónde estaba y sólo me dijo eso, después me colgó”, de acuerdo con su declaración registrada el 7 de octubre ante la Procuraduría General de la República (PGR).

“Por la tarde yo tenía un mal presentimiento, se me alteraron los nervios por preocupación de mi hija, por lo que decidí tomar una camioneta ruletera para dirigirme a San Pedro Limón, llegué como a las 8:30 de la noche”. Clara explicó que llegó a San Pedro Limón y esperó afuera de un hospital por una hora hasta que vio pasar la camioneta Ford Ranger que se dirigía hacía Arcelia, y adentro iba su hija.

“Se detuvo la camioneta, bajándose mi hija y le dije que nos fuéramos a la casa, que la iba a meter a un internado”, narró Clara Gómez, cuando otro joven le dijo a Erika que no tenían tiempo para seguir hablando. “Me dio miedo porque el sujeto traía un arma larga”, agregó la madre, y abordó con su hija la camioneta.

Alrededor de las 22:30 horas arribaron a una bodega, de 20 por 19.8 metros y una entrada de 11.6 metros, junto con otros hombres armados, al momento, un joven armado interpeló que ahí no se permitían mujeres, obstaculizando el paso de la camioneta modelo 2013 con placas MPE-30-75

Entonces Clara contestó que “había ido por mi hija, que me la tenía que llevar porque es menor de edad”, el armado le quitó su celular lo despojó del chip y le espetó: “Ya no te voy a dejar ir”. Finalmente la Ford Ranger ingresó a la bodega, la tercera en llegar, habían llegado una Honda Ridgeline color blanco, con placas MHB-63-30 del Estado de México, y una Chevrolet Cheyenne blanca con placas XA-54709, de Tlaxcala.

Clara Gómez fue arrinconada hasta el fondo a la izquierda y la sentaron en unos tabiques, pero no eran las únicas mujeres, a un metro de ella estaban Cinthya Estefany Nava López y Patricia Campos Morales o Rosa Isela Martínez Catalán quienes, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), son trabajadoras sexuales que habían sido contratadas por el grupo delictivo.

Un día antes, el 29 de junio, el Teniente Ezequiel Rodríguez Martínez dijo a sus compañeros del 102 Batallón de Infantería, apostados en la Base de Operaciones de San Antonio del Rosario, en Tlatlaya, “que estuvieran al pendiente, sin decir la hora de alistarse, para salir a trabajar”, de acuerdo con lo declarado por el soldado de Transmisiones Julio César Guerrero, ante la Procuraduría Militar y la PGR.

A as 4 de la mañana del 30 de julio salieron de la Base de Operaciones el Teniente Rodríguez, encargado de la escolta, con siete militares más, Guerrero Cruz, el Cabo Conductor Samuel Torres López, el Sargento Roberto Acevedo López, el soldado de Sanidad Roni Martínez Atilano y los soldados de Infantería Fernando Quintero Millán, Leobardo Hernández Leónides y Alan Fuentes Guadarrama, abordaron una Cheyenne color verde militar, con número 8102356.

Entre las 4:50 y 5:30 horas, aun en la oscuridad, Fernando Quintero dijo el 24 de septiembre a la PGR que ubicaron a un sospechoso que estaba afuera de la bodega por la carretera Los Cuervos-Arcelia, entre Ancón de los Curieles e Higo Prieto.”Todos se bajaron del vehículo y el sargento informa que un sujeto se encontraba dentro de la bodega, por lo que uno de sus compañeros gritó ¡Ejército Mexicano!”.

El civil armado entró corriendo a la bodega, los soldados vieron a otros sujetos armados y los delincuentes dispararon primero, al momento Roni Martínez cayó herido de bala
“Se repelió la agresión hacia los destellos o flamazos que procedían del interior de la bodega, sintiendo que los balazos pasaban cerca y pegaban sobre el pavimento, levantando chispas”, declaró el cabo Samuel Torres.Quintero, Hernández, Torres y Acevedo corrieron hasta resguardarse al lado izquierdo de la fachada de la bodega.

“Les gritamos a los sujetos que se rindieran… escuché ruidos de gente que andaba en la azotea y uno de mis compañeros que tenía la seguridad de enfrente realizó algunos disparos hacia la azotea”, informó Torres, en tanto el Sargento Roberto Acevedo contó que “disparé hacia el interior de la bodega, una vez más grité ‘¡Ejército Mexicano!, ¡ríndanse!’, respondiéndonos ‘¡entren por nosotros hijos de su puta madre!'”.

“Los disparos venían del interior de la bodega, que repitieron la agresión y se generó un fuego cruzado que duró aproximadamente 8 minutos”, señaló Quintero.

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