El campo californiano, que alimenta a millones en Estados Unidos, se paraliza. Por tres días, los trabajadores agrícolas detendrán la cosecha de frutas, verduras, cannabis y más, en protesta por las redadas migratorias del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) que han dejado más de 200 detenidos y un muerto.
Santa Bárbara, Oxnard, Ventura, Camarillo y Carpintería, zonas clave en la producción de alimentos y cannabis, entraron en huelga en una jornada bautizada como “Huelga por la Dignidad”, organizada por colectivos de campesinos, defensores de derechos civiles y sindicatos.
El hartazgo se desbordó tras la muerte de Jaime Alanís, un jornalero que, al intentar escapar de una redada, cayó desde un invernadero y murió por las heridas. Su caso se ha convertido en símbolo de una lucha que ya no es solo laboral o migratoria, sino de vida o muerte.
Los operativos han ido más allá de Los Ángeles y ahora golpean de lleno a los campos donde laboran miles de migrantes. El jueves 10 de julio, una redada masiva en Glass House Farms, en Camarillo, terminó en enfrentamientos entre decenas de agentes, campesinos y activistas. El propio Departamento de Seguridad Nacional (DHS) confirmó que había al menos 10 menores trabajando en los cultivos y que sus agentes fueron agredidos.
Fue la redada con más arrestos desde que empezó esta ola de operativos a principios de junio. Según testimonios y denuncias judiciales, muchos arrestos se han basado en perfil racial, lo que llevó a la ciudad de Los Ángeles, encabezada por la alcaldesa Karen Bass, a presentar una demanda federal.
El viernes 11 de julio, un tribunal federal ordenó detener los operativos en Los Ángeles y zonas cercanas. Emitió dos órdenes temporales para frenar las redadas sin sospechas razonables y prohibir detenciones basadas en el color de piel, idioma o tipo de trabajo. Además, obliga al gobierno a garantizar acceso a abogados todos los días, incluso fines de semana y feriados.
La zona agrícola de California no es cualquier campo. Produce casi el 100% de la alcachofa, granada, higo, almendra y nuez que consume EE. UU., además de cannabis legal. Su valor anual: más de 33.9 billones de dólares, según el Departamento de Agricultura.
Aun así, sus trabajadores, en su mayoría latinos, viven con el miedo diario de ser detenidos mientras recogen lo que alimenta al país.
Teresa Romero, presidenta del sindicato United Farm Workers (UFW), fue clara:
“Nadie debería ser atacado, perfilado o aterrorizado por ser moreno y trabajar duro… Nos levantamos antes del amanecer para alimentar a este país. No hay trabajo más digno”.
La huelga busca algo más que atención: quiere garantías. Que se termine el terror migratorio en los campos. Que la dignidad pese más que el miedo. Porque sin campesinos, no hay comida.
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