Donald Trump logró festejar el Día de la Independencia de Estados Unidos como quería: con la firma de su polémico plan fiscal, mejor conocido como The Big Beautiful Bill, que amenaza el bolsillo de millones, en especial de la comunidad migrante.
La Cámara de Representantes, dominada por los republicanos, dio luz verde con una votación cerradísima: 218 a favor y 214 en contra. Dos republicanos se rebelaron, pero no alcanzó para frenarlo. Para Trump, era vital que esto se concretara antes de este 4 de julio. Y lo consiguió.
¿Y qué trae bajo la manga? Por un lado, mantiene las deducciones fiscales que aprobó en su primer mandato y dispara el gasto en defensa y control fronterizo: unos 175 mil millones de dólares más para muros, centros de detención y vigilancia a los indocumentados.
Pero de las cosas que más afecta a la comunidad migrante y sus familias, es el nuevo impuesto a las remesas: cada envío de dinero al exterior de más de 15 dólares cargará un 1% extra. Originalmente querían un 3.5%, pero entre diálogos binacionales y muchas posturas en contra, se logró una reducción.
Mientras se cortan apoyos a energía renovable, Medicaid y programas sociales, la deuda nacional subiría otros 3.4 billones de dólares. El plan incluye elevar el techo de deuda en 5 billones más para evitar un colapso financiero, según la Oficina Presupuestaria del Congreso.
Para Trump, todo es parte de un impulso que llevará a EE. UU. “como un cohete”. Promete que la economía florecerá y que todos pagarán menos impuestos, aunque la oposición lo ve como un regalo para millonarios.
Joe Biden, expresidente y crítico abierto de este plan, rompió su silencio para calificarlo de “cruel e imprudente”. Asegura que millones perderán atención médica, se cerrarán hospitales rurales y los veteranos y adultos mayores sufrirán recortes de alimentos y medicinas.
Mientras tanto, Trump se fue a Iowa a encabezar festejos patrios y a presumir que su plan es “el mayor recorte fiscal de la historia”. Entre aplausos y banderas, la comunidad migrante se pregunta: ¿quién pagará realmente la fiesta?
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