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Un pequeño texto sobre una obra de título largo

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Ro Banda / Lugar Común

(07 de abril, 2014).- Suelo ‘chaquetearme’ la cabeza muy seguido, y vaya que lo sé hacer. ¡Quién no lo hace! Es como un ejercicio mental casi obligatorio que pelotea a diestra y siniestra las probabilidades de cualquier cosa, por no decir todo.

En este juego, el del ‘chaqueteo mental’, las posibilidades son muchas y la cabeza, cabrona, hace un montón de combinaciones que pueden resultar o que quizás, antes de llegar al final desarrollo se pueden declarar desiertas. Pero ése es el chiste. De eso se trata, de revisar y comenzar de nuevo cada vez que se quiera, para así, encontrar una versión de los hechos que nos resulte convincente para poder vivir un poco más en paz. 

Para su nuevo proyecto escénico, Nunca Me Gustaron los Títulos Largos, Carlos Portillo (autor y director regiomontano) recrea este juego ‘chaquetero mental’, y plantea desde la dramaturgia un juego de azar, pero no para el espectador, sino para sus actores: cuatro en total. Ellos, ya muy parados desde que uno entra al lugar, hacen una serie de volados, entradas, salidas y alternancias, de los cuales sólo somos testigos pero no somos conscientes de su naturaleza, y es que, Portillo, ha creado de manera inteligente y desde el libreto, una ruleta rusa para poner a sus intérpretes en un estado de riesgo y constante cambio. 

Un refugio, cuatro personas buscando hacer algo trascendente mientras comen doritos, barajean las posibilidades de que esto pueda suceder, fracasando siempre en el intento, y aun antes de llegar al final de cada idea. Filosofías de vida, preceptos ‘puñeteros’ para poder subsistir, chistes tontos; la esperanza y la desesperanza confrontadas en una lucha de poder y la apatía de las nuevas generaciones son el alma de los escupitajos verbales, no sólo de dos pares de jóvenes, sino que son, también, la voz de un millón más.

Aunque esto suene a profundidad sin fondo, en realidad lo que menos tiene es seriedad en el asunto, y no porque sea una comedia o esté llena de humor negro, sino porque nada se toma en serio, y ése es su gran acierto… Y no se vale enojarse, porque pues es un juego.

Carlos Portillo, mención honorífica del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2010 por su obra Nota sin título, plantea en su discurso los riesgos y temores de vivir, del riesgo que significa vivir, y esto a través de la naturaleza del pensamiento: desde lo complejo hasta lo más flojo, y de ahí, a esa necesidad infundada de absoluto que pide explicación para todo y que piensa demasiado. Esto se ilustra bastante bien con algo que dijera un gran publicista hace algunos años: “Cuando todos piensan, en realidad nadie está pensando.” 

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La obra, desde su inicio, es clara en sus intenciones. Es pretenciosa, y lo acepta. Y durante poco más de una hora, son los actores en sus personajes los que lo dicen todo y con claridad. Esto se ve desde la cuestión de mover de su zona de confort a cualquiera de ellos en cada momento, hasta en la premisa de una obra “diseñada para fallar”, casi como una de esas personas condicionadas por sí mismas para cagarla siempre, para nunca vivir en paz: el debate del Eros y Tánatos en toda su expresión. 

Para lograr sus objetivos, Carlos deja huecos intencionales que sus actores deben ser capaces de llenar en cada función, en un juego de azar y con un resultado de más de noventa y tantas combinaciones, como buen ‘chaqueteo mental’, pero ajustado y con reglas. Nosotros, el público, no somos activos; podríamos caer, de hecho, en la misma comodidad que los personajes; pero es la constante actividad de los actores la que nos permite estar al cien en nuestros asientos y no amodorrarnos. No estamos hablando de un ritmo vertiginoso en la obra, ni tampoco de todo lo contrario, sino que es en un tono bastante medio en el que Portillo hace lo suyo con estilo propio, y no sé, por alguna razón que no se puede conocer a primera lectura, el ritmo nunca se cae.

Se trata pues, de una creación escénica que de inicio revela lo que quiere lograr sin lograrlo, que lo reitera más de una vez, y que además se da el lujo de destapar no sólo los procesos de la ejecución del teatro, sino los de la obra misma. Aquí, nada cambia mas que la dinámica. Y así, como en la vida, hay una sugerencia para hacer del ‘chaqueteo mental’ un juego de probabilidades, pero no como algo serio; más bien como un algo que sólo existe en nuestra mente, y que nos puede ayudar a vivir un poquito más en paz.

NUNCA ME GUSTARON LOS TÍTULOS LARGOS, de Carlos Portillo y producida por Teatroexperimento, actualmente forma parte del Movimiento de Teatro Íntimo para Departamentos iniciado por Xavier Villanova, autor y director de las obras “Elektra y los pájaros” y “Para Eliza”.

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