Por: Camila Perdomo
El 31 de marzo pasado, Alejandro Rojas Díaz Durán inició la lectura de un texto dirigido a los miembros de Morena, con una afirmación mentirosa: “La Nomenclatura de Morena me quiere expulsar en un juicio sumario, violando el debido proceso”.
En realidad, no se trata de un juicio sumario, sino de un proceso jurisdiccional partidista que debe respetar todos los procedimientos y garantías del Estatuto de Morena. En ese juicio se determinará si Rojas ha violentado la norma de dicho partido al haber realizado durante las últimas semanas (acciones que cada día continúa) una acción sistemática de denostación en los medios, contra los procedimientos de selección de candidatos de ese partido y, en particular, contra la presidente de Morena Yeidckol Polevnsky.
1. Rojas, político proveniente de las juventudes progresistas del PRI (de acuerdo a sus propias declaraciones) pretende que su airada campaña mediática no provoque la menor reacción al interior de su nuevo partido. De esa manera, podría continuar lo que a todas luces es una operación de promoción política personal, con el claro propósito de favorecer a su grupo, encabezado por el senador Ricardo Monreal. Su pretexto es que, desde su visión, se violan los documentos básicos para imponer candidatos y dirigentes para el proceso electoral en curso. Según la norma partidista de Morena, si los hechos le constaran, tendría todo el derecho de presentar las quejas ante el órgano correspondiente: la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ). No lo ha hecho. Por otro lado, es público que otros militantes del mismo partido, que creyeron que habían hechos irregulares en los procesos internos –en los casos de Quintana Roo y Baja California—, procedieron según lo marca la norma: presentaron quejas que fueron atendidas por la CNHJ, y ésta decidió darles la razón y ordenar que los procesos se repusiesen. De paso, estos ejemplos muestran no solo que la CNHJ es el canal institucional y serio para proteger los derechos de todos los militantes al interior de Morena, sino que además, quien acude a dicha instancia obtiene buenos resultados, sin necesidad de hacer escándalos públicos para obtener ventajas privadas.
2. Dice Rojas que se le quiere hacer un juicio de oficio, “en lo oscurito”; y pide que su juicio sea público. Al parecer el órgano no tendrá ningún problema con eso: según su norma estatutaria, las audiencias son públicas; las sentencias o resoluciones finales son, desde luego, públicas. Nada es oculto, ni en lo oscurito.
Además, como ocurre con el resto de los partidos políticos en México, los juicios o procesos de Morena están sometidos al estricto escrutinio de los tribunales electorales y, por tanto, se tienen que atener rigurosamente a las normas que protegen los derechos partidarios y políticos de los ciudadanos afiliados. En este sentido, la CNHJ está obligada a proteger esos derechos; y los procesados, en caso de considerar que se ha violado cualquiera de sus derechos, pueden recurrir a la segunda instancia (los tribunales electorales estatales) y hasta una tercera, es decir, al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
3. De acuerdo a sus Documentos Básicos, Morena es una organización políticamente multicolor. Por eso pueden convivir expresiones diversas en su seno sin problema, siempre que un color no quiera excluir a los demás. Y ese es el problema de Alejandro Rojas. Por ejemplo, caracteriza como chavistas a sus adversarios, con una connotación peyorativa y excluyente. ¿Quiere que solo su color político, por ejemplo, el adverso a Venezuela y Cuba, prevalezca en Morena? Esa intolerancia no la permiten los Documentos Básicos. Todas las tendencias están permitidas, pero sin ser excluyentes, sin construir tendencias o tribus, y respetando los procedimientos para dirimir las diferencias.
4. Rojas acepta que existen dos visiones de Morena. Sí, está la visión del respeto a los principios, el Estatuto y el programa del partido, base de la concepción progresista de Morena. Y, por otra parte, está la visión de que Morena es un botín a conquistar y repartir, donde no haya un arbitraje que sancione las faltas a la norma, donde se puedan imponer cuotas de tribus, donde se compren voluntades, en donde prime la verborrea vocinglera en lugar de la reflexión crítica, etc.; es decir, una visión perredista del partido-movimiento llamado Morena. Y esto es lo que la mayoría morenista no está dispuesta a permitir; y es la razón por la que rechazan la grilla politiquera que representan Alejandro Rojas Díaz Durán y sus patrocinadores.
5. Para justificar sus ataques y ofensas, Alejandro Rojas inventa una fábula absurda: que el “padrino” político de Yeidckol Polevnsky es Raúl Salinas, lo que “prueba” con una antigua foto y nada más. Es comprensible que un priista genuino como Díaz Durán, cuya máxima radicalidad es llegar a ser un buen perredista, suponga que todos deban tener a un priísta en su pedigrí político.
6. Y luego hace una mezcolanza risible. Además de Raúl Salinas, Yeidckol Polevnsky tiene “otro gurú” que resulta ser de signo político exactamente contrario al primero: Héctor Díaz-Polanco. Según Rojas, éste le ha “lavado el cerebro” a Yeidckol. Tal dicterio habla del poco respeto que tiene Rojas hacia el discernimiento de las personas, en particular de las mujeres, y de la catadura moral del personaje.
7. Rojas se muestra como chovinista e ignorante cuando se atreve a decir que Díaz-Polanco “ni mexicano es”, por no haber nacido en el país. Es lamentable que alguien que aspira a ser un político ignore la constitución. Parece desconocer lo establecido en al articulo 30 constitucional, a saber: “La nacionalidad mexicana se adquiere por nacimiento o por naturalización”.
8. La verdadera razón por la que Rojas se ocupa ahora de Díaz-Polanco radica en que éste es miembro de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, órgano jurisdiccional de Morena que lleva el proceso contra Díaz Durán por violar el Estatuto. Hasta que se hizo público el proceso contra Rojas, éste no lo había incluido en su ya larga campaña de injurias. Lo que busca es restarle crédito al antropólogo. Pero yerra el tiro por varias razones. La primera es que la CNHJ es un órgano colegiado y, por tanto, las decisiones las toman todos sus miembros y no Díaz-Polanco individualmente. Así, pues, es falsa la idea que quiere proyectar Rojas de que el antropólogo es un Torquemada que quiere sancionarlo. Eso no es posible.
9. La segunda es que Rojas quiere presentar a Díaz-Polanco como un estalinista y maoísta. Solo un ignorante y malintencionado diría eso. En la obra de Díaz-Polanco (más de 20 libros y centenares de artículos) no existe ningún pasaje en el que se hable bien de Stalin; al contrario, cuando las hay, todas las referencias son críticas fuertes al estalinismo. De Mao no hay indicio alguno. Los que conocen sus trabajos y han asistido a sus conferencias saben que los autores más aquilatados por Díaz-Polanco son de la llamada corriente heterodoxa o anti dogmática que expresan, al mismo tiempo, el pensamiento crítico en sus campos: Antonio Gramsci, Walter Benjamin, Alain Badiou, Slavoj Zizek, etc. Como es sabido públicamente por la militancia de Morena, en su desempeño en la CNHJ, ha sido un defensor de la libertad de ideas y de debate, así como de la diversidad (hay que recordar que es autor de un libro multipremiado: Elogio de la diversidad, Siglo XXI Editores), pero también ha combatido la discriminación o la exclusión y cualquier desviación de las normas estatutarias. Este ha sido el sello de dicho órgano, integrado actualmente por Gabriela Rodríguez, Adrián Arroyo Legaspi y Víctor Suárez Carrera. Todos insobornables.
10. Rojas dice que Díaz-Polanco se ha quedado congelado en el siglo XIX y en la Guerra fría. Sin embargo, su obra teórica, académica e intelectual lo muestra al día en los planteamientos de los mejores pensadores del siglo XXI, mientras que Rojas, a la hora de mirar a América Latina, sigue atrapado en la dicotomía comunismo-democracia y en los pobres tópicos de la Guerra Fría que son característicos del actual gobierno de Trump y su cruzada contra Cuba y Venezuela. Si por Rojas fuera, hoy el gobierno de la Cuarta Transformación estaría enganchado con el injerencismo trumpiano y los planes golpistas de la derecha.
11. Como se ha visto, en suma, Rojas aduce que se le quiere imponer un juicio inquisitorio. Supone que nadie se asomará al Estatuto de Morena. Los que lo hagan verán enseguida que no hay nada de extraño ni de arbitrario en el proceso, mucho menos de extraordinario. Verán que la actuación de Rojas en los últimos meses es claramente violatoria del artículo 3 del Estatuto de Morena, particularmente en su inciso j. Allí se dice que no está permitido ventilar los asuntos de Morena, mediante la denostación o calumnia pública entre miembros o dirigentes; y que cualquier diferencia deberá dirimirse internamente ante la CNHJ. Vale la pena recordar el texto:
“El rechazo de la práctica de la denostación o calumnia pública entre miembros o dirigentes de nuestro partido, práctica que suele ser inducida o auspiciada por nuestros adversarios con el propósito de debilitarnos o desprestigiarnos. Si existe presunción o prueba de faltas graves cometidas por un(a) militante o dirigente, quienes pretendan que se investiguen, y en su caso, se sancione deberán acudir a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, la que resolverá de acuerdo con los principios y normas de nuestro partido”.
12. Es público y notorio que Rojas no hizo caso al Estatuto de dicho partido y se dedicó arduamente al ataque público en contra de los órganos de Morena, particularmente a los que tienen que ver con procesos electorales, y en particular a la presidente del Comité Ejecutivo Nacional. Sus denuestos e injurias, a menudo en forma de groseros improperios, no pueden considerarse declaraciones de pasada o fortuitas, sino parte de un plan de denostación sistemático y calculado, como lo indica el hecho de que Rojas pagó pauta en la red para difundir sus textos, videos y declaraciones contra Morena.
13. ¿El proceso de oficio abierto por la CNHJ contra Rojas, por presunta violación del Estatuto, es algo inusual y ad hoc para perseguirlo? No hay nada extraño o desacostumbrado en este caso. Como puede comprobarse, este es uno más de los casos por violación del artículo 3 del Estatuto que ha abierto dicha Comisión. No hay ninguna amenaza ni acecho. Como cualquier otro, se realiza respetando los principios del debido proceso que están establecidos en el Estatuto y en las leyes generales del país: el acusado podrá desplegar todos sus medios y recursos de defensa, habrá audiencia y los resultados de las diligencias, desde luego, serán públicos en el momento procesal que corresponda. No habrá nada en lo “oscurito”. Y si el acusado no está conforme con algún aspecto del proceso o con los resultados, podrá apelar al TEPJF, quien preservará sus intereses mediante un recurso de protección de derechos político-electorales. Esto es lo que se ha hecho en los últimos 6 años en Morena. No es un caso especial; es rutina jurisdiccional partidista.
14. Lo que pasa es que Alejandro Rojas Díaz Durán cree que está en el PRD. Pretende actuar con total impunidad y paralizar el ejercicio de la justicia interna, como se hizo en el hoy moribundo PRD. Para eso, busca amedrentar a la Comisión de Honestidad, desprestigiar a sus miembros, e inocular en Morena la cultura de la negociación espuria, del acuerdo por debajo de la mesa y de la legitimación de grupos o tribus de poder. La experiencia jurisdiccional de Morena demuestra que no habrá tratamiento especial para Rojas. Se le aplicará la norma, como a todos los militantes de ese partido. Eso es lo que exigen los ciudadanos que se rompieron el lomo para crear el mayor partido-movimiento de nuestra historia.

