Al anunciar el inicio del cónclave que elegirá al nuevo Papa para este martes 12 de marzo, los cardenales reunidos en las congregaciones preparatorias informaron también que por primera vez el rol de la mujer en la Iglesia fue tema de un “precónclave”. Dado que estas congregaciones se realizan a puerta cerrada, no se sabe qué discutieron los miembros del colegio cardenalicio, pero cabe suponer que estuvo sobre la mesa la controvertida cuestión del ordenamiento sacerdotal de las mujeres.
Con una Iglesia que, según declaran sus propios representantes, experimenta cada día más dificultades para encontrar hombres dispuestos a seguir la carrera eclesiástica, y ante una sangría de fieles que no se detiene, sin duda alguna se vuelve fundamental debatir el rol de las mujeres en la vida institucional católica. Tradicionalmente identificadas con el fervor religioso en mucha mayor medida que los hombres, las mujeres se han visto relegadas de la vocación sacerdotal pese a que en la Iglesia primitiva recibieron ordenación como diaconisas, lo que les permitía administrar sacramentos.
Por otra parte, pervive la ya antigua leyenda de la “Papisa”, una mujer de grandes dotes intelectuales que engañó a toda la jerarquía católica y llegó a ser coronada Papa. Según la versión más difundida de esta leyenda, la Papisa Juana habría vivido en el siglo IX, en pleno derrumbe del mundo carolingio. Esta versión, iniciada por el monje polaco Martín de Troppau en el siglo XIII, cautivó la imaginación de sucesivas generaciones y aunque nunca ha pasado de ser una especulación, sigue resultando incómoda a la Iglesia. Donna Woolfolk Cross se inspiró en la leyenda de Troppau para escribir su novela Pope Joan (La Papisa Juana), publicada en 1996 y llevada al cine en 2009 por Sönke Wortmann en una película homónima.
La Iglesia de Roma se ha mostrado inamovible: las mujeres no pueden recibir ordenación como sacerdotes. Sin embargo, existen voces disidentes al interior del catolicismo, algunas de ellas tan importantes como la del ex presidente del episcopado alemán, Karl Lehmann. En REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO ya habíamos hablado de este debate que en Europa cobra fuerza por el ejemplo de la Iglesia Anglicana, donde las mujeres reciben ordenación sacerdotal desde 1992. Apenas en noviembre pasado, dicha Iglesia realizó una votación en la que fue rechazada la posibilidad de que las mujeres accedieran al obispado, pero fue significativo que el arzobispo de Canterbury, cabeza de la Iglesia de Inglaterra, se manifestara a favor del acceso de las sacerdotisas al episcopado.
Así, mientras la Iglesia de Inglaterra y varias congregaciones protestantes en Estados Unidos, Alemania o Escandinavia admiten a las mujeres en oficios pastorales desde el siglo pasado, la Iglesia Católica se niega incluso a debatir el tema. En nuestro país, desde 2009 existen ministras de culto en la Iglesia Luterana. La gran interrogante para quienes dirigen los destinos del Vaticano debe ser si esta reticencia es una de las causas de la pérdida de fieles y, de ser así, hasta qué punto debe mantenerse la tradición a costa de la soledad.
Quizá en el siglo IX hubo una mujer Papa, ¿verá el XXI una sacerdotisa en la Iglesia de Roma?




