Por Sergio Juárez
(6 de mayo, 2014).- A pesar de la conflictividad que está inmersa en las calles Jalapa y Presidentes de la colonia Piloto, en la delegación Álvaro Obregón, de la Ciudad de México, la noche del 22 de mayo de 2011 era tranquila y como cualquiera que se apropia de sus sonidos cotidianos: ladridos, motores de autos y después silencios prolongados.
Sin embargo, para Luis Guillermo Maruri Ramírez fue diferente ese día, de un conflicto callejero pasó a una tragedia que no sólo revela que la violencia es una vía frecuente con la cual los niños, jóvenes y adultos resuelven sus problemas, sino la facilidad que representa tener un arma en el Distrito Federal y, sin más ni más, jalar un gatillo sin escrúpulos.
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Luis Guillermo, de 14 años de edad, acudió con sus primos y amigos a la fiesta de XV años de Ximena Medina, conocida de ellos. Una vez que llegaron con sus acompañantes a la puerta de la casa en donde era la fiesta, se les negó la entrada debido a que no habían sido invitados. En la puerta se encontraba Horacio Miranda, quien fue padrino de dicho evento y su hijo Iván. Cuando Luis Guillermo y sus acompañantes estaban poniendo resistencia para retirarse del sitio, comenzaron a discutir con ellos. Primero de una forma tranquila y después empezaron las agresiones con groserías, entonces Iván Miranda empezó a agredir a Ulises, uno de los primos de Guillermo.
“Cuando se estaban peleando, toda la gente de la fiesta salió para ver lo que estaba pasando, su padre intentó meterse pero los primos de Memo evitaron que esto sucediera, al final Iván quedó tirado en la banqueta y con la nariz chorreando de sangre”, cuenta Romana Martínez, quien fue testigo del caso. Al término de la pelea, Luis Guillermo y todos sus acompañantes se retiraron del lugar, “toma el cartón de cervezas Memo”, gritó Ulises. Posteriormente al ver que Iván estaba sangrando mucho, sacaron un poco de agua para que se lavara la cara, le secaron con una toalla y gritó: “Van a valer verga ustedes, no saben con quién se metieron”. Fueron tras ellos en una caribe color negro con placas del Distrito Federal y los invitados se retiraron de la fiesta.
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Cuando Guillermo y sus acompañantes se dirigían hacia su casa cargando un cartón de cervezas, un vecino de la colonia le dijo a Ulises y a sus primos: “mejor métanse porque esto no va a terminar bien”, pero no hicieron caso y continuaron el camino hacia su casa.
Pasada la media noche, la calle lucía tranquila y aparentemente sola, pero había un joven drogadicto sentado afuera de su casa cuyo apodo es “Salinas”. El silencio se rompió cuando alrededor de las 2:00 am los perros comenzaron a aullar y a lo lejos se escuchaba el motor de un carro.
Martínez narra: “Mi hijo, el `Salinas´, tocó la puerta gritando que había dos carros llenos de cabrones con palos y tubos, al oírlo no dudé en abrirle para que entrara a la casa, segundos después de que entró se escuchó un balazo, mi piel se enchinó completamente y el miedo recorría todo mi cuerpo, esperé un poco para abrir la puerta para asomarme, no vi nada hasta que salí, y vi que eran como entre treinta o cuarenta cabrones que venían en una caribe negra y un taxi, no sé cómo pudieron caber tantos en dos carros, rápidamente entré a mi casa y comencé a rezar”.
Los sujetos descendieron de los autos, justo enfrente de la casa de Luis Guillermo, “sal hijo de tu puta madre” gritó Horacio Miranda y tiró tres disparos al zaguán blanco de la casa, adentro del inmueble se encontraban algunos primos y amigos de Memo, los cuales, temerosos, se metieron a la casa de Ulises –cuyo tamaño es grande y dentro de la misma están construidos departamentos independientes–, “no mames, mi hermano y el Memo fueron por un refresco y están afuera”, dijo el hermano de Ulises.
Los tipos comandados por Horacio e Iván Miranda, al darse cuenta de la presencia de Luis Guillermo, lo persiguieron hasta unas escaleras donde sin piedad lo golpearon brutalmente. Al escuchar los gritos de Guillermo, los vecinos de la colonia que vivían enfrente de las escaleras donde lo estaban masacrando, se asomaron por la ventana y uno ellos grito: “Déjelo, es niño”, Horacio Miranda le apuntó con la pistola y le dijo: “Te vale madre, ¿o tú por él, cabrón?”, después de haber estado encañonado por Horacio Miranda, este vecino decidió cerrar su ventana y no meterse ya que sus dos hijas estaban dormidas junto con su esposa. “A lo que yo sé, Memito había ido por un refresco con mi comadre a la que le dicen la Goicoechea, acompañado de Ulises, cuando ya iban de regreso a su casa, su primo alcanzó a ver a los sujetos y se escondió debajo de un carro pero los cabrones éstos no sé cómo vieron a Memo y lo corretearon, llegando a unas escaleras lo golpearon hasta matarlo”, contó la testigo.
Las últimas palabras de Luis Guillermo Maruri fueron “ya no me peguen por favor, yo no hice nada” y después de la golpiza que le pusieron, Horacio Miranda le disparó dos veces en la cabeza, para terminar con su vida. “Vámonos”, dijo Horacio y sin perder más tiempo se fue junto con su hijo y los demás sujetos implicados en el asesinato.
“Al escuchar que los carros se marchaban, mi corazón latió nuevamente, salí nuevamente a la calle para ver qué había sucedido, fue cuando vi a Ulises, estaba como tonto pedía a gritos ayuda, decía que habían matado alguien, yo no entendía a quién y le pregunté por qué estaba así, no me contestó y corrió llorando, sólo escuchaba su lamento, que poco a poco me fue guiando hasta llegar a él. Fui allí donde lo encontré tirado y a su alrededor sólo había sangre, su cara estaba hinchada, estaba como dormido y tenía abrazado un refresco, aún recuerdo que era de la marca Jarritos sabor tamarindo, y llorando pedí que le prendieran una veladora”, comenta Romana, quien después habló a la policía para avisar lo que había ocurrido, pero fue hasta una hora después cuando llegaron, para ver qué ocurrió, pidieron ver a la mamá del occiso, sólo que ella no se encontraba.
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“Cuando ocurrió el asesinato de mi hijo me encontraba en la casa de mi suegra que vivía en la misma colonia, estaba dormida cuando sonó el teléfono y me dijeron que debía bajar porque había pasado algo con Memo, jamás en la vida me imaginé que estaba muerto, yo pensé que lo habían golpeado o incluso picado pero el que lo hubieran asesinado nunca pasó por mi cabeza. Llegué y lo primero que hice fue preguntar por mi hijo, mi cuñada América me dio la noticia de golpe, después de eso comencé a llorar, gritaba de coraje y renegaba de dios, Memo no merecía estar muerto, mi hijo era sólo un niño”, platica con una voz amarga Isabel Ramírez, madre del hoy fallecido.
Los policías y peritos arribaron al lugar de los hechos, al retirar el cuerpo se le cayeron algunos sesos al cuerpo, se lo llevaron para realizarle la autopsia y aproximadamente entre las 19:00 y 20:00 horas del domingo 23 de mayo llegó el cuerpo de Luis Guillermo Maruri para que familiares y amigos pudieran velarlo y así después darle cristiana sepultura. “Yo no sabía que mi hijo era querido por tanta gente, mi casa se llenó de personas que llegaron tanto al velorio como a sus rosarios, no sabía que había venido gente de Tacubaya y Observatorio, hasta que me lo dijeron mis hijas, me sentí tan orgullosa de haber tenido un hijo que fue querido por tanta gente”, detalló con un poco de alivio Isabel, madre de la víctima.
Después de haber asesinado a Luis Guillermo Maruri, Horacio Miranda dejó la colonia, junto con su familia su esposa y dos hijas menores de edad que habían sido amigas de Memo.
“Se fueron, y hasta la fecha no sé nada de ese desgraciado, me destrozó la vida, me quitó una de las cosas que más quería en este mundo, no le deseo ningún mal pero pienso que por justicia divina pagará lo que le hizo a mi hijo con sus propias hijas que incluso eran amigas de mi hijo”, recordó doña Isabel que vivía día y noche rezándole a dios para que le hiciera justicia y que hubiera detenidos.
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Pasaron ocho meses para que llegara aquella justicia que doña Isabel exigía: El 8 de febrero de 2012, detuvieron a Iván Miranda y Mauricio “N”, los aprehendieron después de que un vecino de la colonia Piloto los encontró en una fiesta en la colonia Centenario, en la delegación Álvaro Obregón.
Rememora: “Gracias a Dios un vecino de la colonia que vive en Puerto Ángel los encontró en una fiesta, al percatarse de que eran ellos salió de la fiesta y casualmente dice que vio a una patrulla, a la cual le dijo que lo ayudaran porque había encontrado a dos de los asesinos de mi hijo, así que fue gracias a él pudimos localizar a estos dos sujetos”.
Miranda Barrera fue trasladado ante el juez penal del Reclusorio Preventivo Sur, por el delito de homicidio calificado aunque aún no ha sido condenado; en tanto, la situación jurídica de Mauricio “N”, de 16 años, fue una condena de tres años nueve meses y quince días, y actualmente se encuentra en el tutelar para menores.
“Fue la noche más silenciosa y dramática de mi vida, no estaba preparada para lo que me pasó, siempre me habían enseñado que Dios amó tanto al mundo que le entregó a su hijo, creí saber lo que eso significaba, pero me equivoqué, el perder a este ser que en algún momento de mi vida estuvo en mi vientre y cada latido de su corazón era uno mío, sólo puedo decir que el día que dejó este mundo mi corazón jamás volvió a latir igual, y hoy sólo pido que se haga justicia y que Horacio Miranda pague por lo que hizo”, sentenció en un tono taciturno Doña Isabel, quien recordará en unas semanas un año más del asesinato de su hijo.


