Todo comenzó cuando la Secretaría de Relaciones Exteriores anunció la designación de Brenda Lozano, escritora, como la nueva agregada cultural de México en España tras el polémico cese (pero, esa es otra historia) de Jorge F. Hernández, escritor también.
Es posible que el nombramiento habría pasado desapercibido para la opinión pública y que la susodicha ya estaría preparándose para asumir su cargo sin contratiempo alguno más que los normales que encara toda persona que se embarca en una nueva aventura laboral en el extranjero.
Pero las cosas no siempre salen como se planean.
El 16 de agosto de 2021 a las 20:08, el periodista Ricardo Sevilla (@sevillacritico), decide tuitear lo siguiente:
“Preguntas incómodas para la @SRE_mx: ¿Quién o quiénes designaron a @heraclesmigato como agregada cultural de México en España? ¿No importa que @heraclesmigato se burle de AMLO y que haga memes contra él? ¿No es raro que ironice al Presidente del gobierno que representará?”.
(Nota: @heraclesmigato es la arroba en Twitter de Brenda Lozano).
A continuación, Ricardo Sevilla le pregunta directamente a @heraclesmigato: “¿Por qué decides aceptar un puesto en el Servicio Exterior mexicano y representar a un gobierno que, según tú, ‘no le importan las mujeres’? En tu nuevo puesto en la @SRE_mx ya no acusarás a AMLO, en @ElFinanciero_Mx, de que ‘ignora la emergencia feminicida´?”
Estos cuestionamientos fueron acompañados de una serie de capturas de pantalla de los tuits de Brenda Lozano o @heraclesmigato que incluían memes, burlas, sarcasmos, donde se muestra su clara animadversión contra el presidente y su gobierno.
El mismo periodista nos informa en sus tuits que el salario que devengará la designada es de 166 mil pesos, cifra mucho más alta que la que gana el presidente de México.
De igual manera, nos enteramos de que @heraclesmigato escribe en el diario El País, el cual parece haberse dado a la encomienda de criticar o, de plano, atacar, una y otra vez, las decisiones y actuaciones del gobierno de la 4T, destacadamente las correspondientes a las políticas públicas dirigidas a favorecer el interés de las mayorías y no de las empresas españolas, como habían venido haciendo los regímenes pripanistas.
La respuesta generada en las redes sociales por los tuits de Ricardo Sevilla no se dejó esperar.
Indignación, enojo, exigencias aireadas a la Secretaría de Relaciones Exteriores para que retirara el nombramiento a una evidente odiadora de AMLO y de la 4T, así como apelaciones a la vergüenza o al sentido del honor y la dignidad de @heraclesmigato, a fin de que ella misma renunciara al puesto proveniente del gobierno al que abiertamente había denostado.
Lejos de aminorar con el transcurso de las horas, como sucede muchas veces en las redes sociales, las reclamaciones fueron escalando en tono, número e intensidad, hasta llegar a la ronda de preguntas y respuestas de las conferencias matutinas diarias del presidente.
Originalmente estaba escéptica con respecto a escribir sobre el asunto.
Podría parecer un tema trivial o la típica intriga palaciega dado que se rumora que es un ataque directo a Marcelo Ebrard (lo cual podría parecer plausible debido a que el periodista que comenzó todo trabaja en el periódico relacionado con la corriente de los denominados “puros” de MORENA).
Sin embargo, más allá de las luchas políticas normales, al pasar los días fui observando que todo este mitote tiene connotaciones importantes que conllevan otras cuestiones dignas de tratar y poner sobre la mesa del debate público, y que nos conciernen a todos como ciudadanos.
Quienes reaccionaron de inmediato al “ataque” de las “hordas” o los “bots” de AMLO (ya que jamás nos considerarán dentro de la categoría de ciudadanos pensantes que apoyamos por convicción propia y razones argumentadas al gobierno de la 4T) contra la recién nombrada agregada fueron, para no perder costumbre, los principales detractores del gobierno disfrazados de “intelectuales” y “analistas” “objetivos” e “independientes”, como León Krauze quien salió a defender a su alguna vez alumna. Y ni hablar del bloque de feministas que ha surgido para atacar específicamente al presidente y a la jefa de gobierno.
Además de la carta de género, habitual ya en los últimos tiempos, en cualquier circunstancia, sin importar el contexto ni ameritar el rigor mínimo, también se echó mano de los conceptos de “sectarismo” y “exclusión” al plantear por qué alguien no afín ideológicamente al gobierno no podría ocupar un cargo de confianza de ese nivel.
El primer movimiento ocasionado por todo lo que se ha relatado fue la renuncia de Enrique Márquez Jaramillo como director ejecutivo de diplomacia cultural mediante una carta enviada a Marcelo Ebrard, quien la aceptó sin reparo alguno a pesar de que se trataba de una persona que lo había acompañado en sus actividades políticas durante 39 años.
Cabe mencionar que el presidente ya había respaldado al secretario de Relaciones Exteriores ante quienes pretendían inculparlo de lo sucedido con Brenda, aduciendo lo difícil que resulta encontrar en el aparato administrativo gente que no esté relacionada con académicos e intelectuales que dominaron por mucho tiempo.
El motivo de la renuncia de Enrique Márquez fue que “sus espacios de acción e interlocución con la comunidad cultural ya no son los aptos” debido a los “lamentables acontecimientos por el “nombramiento de Brenda”.
Tiene razón. Los tiempos y espacios han cambiado. En un proceso de transformación de esta envergadura ya no resulta tan fácil designar, sin rendición alguna de cuentas ante la opinión pública, a alguien que pueda socavar toda una lucha social y política de años.
Un día después, el señor Enrique tuiteó una reflexión, “En defensa de Brenda”, sobre lo sucedido.
En la conferencia matutina del 20 de agosto, el mandatario informó que propondría al canciller Marcelo Ebrard que el cargo fuera asumido por una poeta indígena, “una poeta del Istmo o de aquí, del centro del país, mexica. Hay hombres y mujeres con mucha preparación y ya ni hablar de cultura, ellos encarnan la cultura. Entonces, vamos a cambiar eso”. Sostuvo que su designación no es responsabilidad del secretario de Relaciones Exteriores sino de los remanentes que ha dejado el periodo neoliberal en el sector intelectual mexicano. Cuestionó por qué debería representar a su gobierno en el exterior un personaje que no coincide con su visión política y que se trata también de un asunto de moralidad, de congruencia: “si no se está de acuerdo con nuestro proyecto, ¿cómo nos van a representar?”.
Ese mismo día, se publica la columna de Brenda Lozano, obviamente en El País, donde habla de su nombramiento.
En su escrito señala que no es su función “favorecer la idea de que la cultura mexicana debe requerir una afiliación ideológica”.
Tanto en la defensa de Brenda por parte de quien la designó como en la de la propia @heraclesmigato, se lee cómo ambos se lamentan de las guerras de poder y de las inmundicias de la política en que, sin desearlo, están inmersos.
Asombra mucho la manera en que están desconectados de la realidad y cómo pretenden engañarnos o engañarse a sí mismos al considerar que ocupar un cargo público de tal nivel no tiene por qué tocar el prístino castillo de cristal en el que parecen considerar que debe estar alojada la cultura.
Y, entonces, cabe preguntarse: ¿están conscientes de lo que significa la cultura?, ¿saben lo que implica ocupar un cargo de confianza en un gobierno donde lo más importante es esa confianza que implica que debe haber afinidad y concordancia con el proyecto político del gobierno que ofrece ese puesto?, ¿el dinero que recibirán a cambio del servicio que prestarán no lo consideran inmundo a pesar de su muy patente materialidad, muy lejana a ese nicho impoluto donde creen que van a laborar?
Dicen por ahí psicólogos, comunicólogos y demás, que para entender a tal o cual sujeto o situación, es necesario considerar la mayor cantidad de factores posibles; de esta forma se puede acceder a una comprensión lo más certera y aproximada a eso que llamamos “realidad”. Estoy de acuerdo y pienso que es lo que habría que hacer para abordar el caso de Brenda Lozano y su nombramiento como agregada cultural en España.
El considerar diversos contextos y variables involucradas en el caso nos puede permitir pensar de manera desprejuiciada la serie de sucesos y reacciones que se han dado. Su despido por parte de la 4T obviamente ha sido ya material para los operadores de escándalos de la derecha, en cuyo lugar no quisiera estar porque se las han visto negras. Se acusa discriminación, machismo, misoginia, acoso, linchamiento, sectarismo y otras invectivas ya inventariadas en el repertorio de los enemigos del gobierno. Hasta esa cosa retorcida que les da por llamar “racismo a la inversa”.
Para empezar, una cosa es la decisión de retirarle el cargo, y otra la avalancha de memes que gente afín a la gestión actual ha descargado contra la susodicha. Se entiende que el segundo fenómeno pueda ser discutido por sus excesos, pero la trampa de los porros informativos de la reacción consiste precisamente en que ambos puntos se confundan.
Así las cosas, cabe preguntarse: ¿el retiro del cargo a Lozano obedece a motivaciones autoritarias, discriminatorias y de fobia dogmática a la autocrítica por parte de la presente administración?
Veamos pues, las variables. Ejemplo: el hecho de que haya estudiado en la UIA, por sí sólo puede llevar a la idea de que se le debe clasificar como una odiadora “fifí”, únicamente por su alma máter; sin embargo, hemos visto a muchas personas procedentes de la educación superior privada muy lúcidas y proclives al proyecto obradorista. Así pues, esto en sí mismo no nos dice nada claro, ni es suficiente razón para deponerla, a no ser el mero prejuicio.
Pero ya explorando con detenimiento los otros elementos en juego, se empieza a entender la decisión. Es una persona procedente de la educación superior privada, colaboradora del fascista diario El País – odiador de AMLO-, y, al parecer, fue recomendada para el puesto por la cuñada de Claudio X. González que es la directora de la Casa México en España. Además, en redes sociales @heracleselgato tiene un historial abierto y bastante pródigo en contenidos de ataque a López Obrador. Esto último tendría que estudiarse más si se tratase de críticas serias y argumentadas, pero más bien con lo que una se encuentra es con diatribas panfletarias y muchos intentos de ridiculización bastante elementales; sí, intentos de ridiculización que no llegan al status de una irreverencia inteligente y aguda.
Dentro de este escenario, cobra sentido el que Lozano sea una escritora relativamente reconocida cuya obra ha ido publicada en esa editorial de gran calado llamada Alfaguara. Su perfil es el de una persona de altos recursos, que se mueve en círculos intelectuales acomodados y llenos de relaciones públicas influyentes. Aquí es necesaria la reiteración: esto último, por sí mismo, no debe llevarnos a ninguna conclusión, pero conectándolo con las variables anteriores, ya podemos decir que se necesita ser muy despistado, o malintencionado, para interpretar su despido como un asunto de género o cualquier otro tipo de exclusión discriminatoria.
Brenda Lozano tiene una aversión por el gobierno federal que nunca ha querido ocultar. Está en el equipo de enfrente, y sus arengas embonan mucho con la agenda propagandística de la reacción. Lo más que ha mostrado es ese progresismo descafeinado que tanto les ha servido a los poderosos persecutores de la 4T, en su versión supuestamente feminista (curiosamente, dichas indignaciones feministas no le alcanzaron para rechazar, en actitud de protesta, el puesto ofrecido por ese gobierno “machista” y “misógino” que tanta tirria le despierta). Al primer análisis cuidadoso emerge una animadversión ideológica, visceral; el tipo de desacuerdo vehemente y arrogante que caracteriza a tantos que están convencidos de ser la “intelligentsia” del país. El “círculo rojo”, diría Aguilar Camín, que se enfrenta con la “barbarie” obradorista.
Ahora bien, quisiera yo saber, y creo que no pido mucho, ¿a qué líder de cualquier iniciativa -ya sea política, empresarial, activista o de cualquier sabor o color- le parecería una buena idea incorporar a su equipo a un sujeto que disiente con intensidad del proyecto, se relaciona con sus más furiosos adversarios y, como cereza del pastel, se la pasa tratando de ridiculizarlo con poco ingenio y mucha saña? Yo pienso que a uno muy idiota.
Lo que no fue nada idiota es el subversivo giro presidencial, que revirtió la contratación para proponer a una mujer preparada, capaz y con el simbólico rasgo de tener raíces en un pueblo originario. El mensaje es contundente e inédito: el ser privilegiado, reconocido y apoyado por gremios intelectuales elitistas, y responder a un fenotipo físico establecido colonialmente, ya no te garantiza un lugar sobrepagado en la burocracia cultural ni en cualquier otra.
Aquí se maneja también esa otra tara de la que padecen los extraños a la 4T y, por desgracia, hasta algunos propios de la misma: debes incluir a tus odiadores en tu equipo, porque si no lo haces significa que te niegas a la pluralidad y a la autocrítica. Hay que ser de escasas, muy escasas luces para comprar este chantaje barato que dicta que te autodinamites para parecer inclusivo y listo, o sea, “por tu bien”.
¿Alguien se imagina a Peña o a Calderón incorporando en sus filas a gente obradorista a fin de evitar que los tildaran de sectarios, autoritarios o excluyentes?
Segunda cuestión importante: el “troleo”. A Lozano le ha llovido duro y tupido en las redes. Memes en cascada –para su incomodidad, más corrosivos e ingeniosos que los suyos- han caído sobre la escritora como una revancha demasiado esperable. Es una figura pública –o de ello me acabo de enterar, porque yo, que soy una lectora voraz, ni la conocía- que optó por llevarse rudo y unirse a la lapidación inclemente 24×7, comandada por los dueños del gran dinero contra el presidente y todo lo que implica su mandato. Así como Brenda ejerció su libertad de “crítica” y de expresión, lo mismo están haciendo con ella los adherentes que sí quieren a esta gestión.
¿El ejercicio de este derecho le implicaba las mismas notas peyorativas y agresivas que ella disparó contra AMLO? Sí, así es.
¿Debe continuar la ola de ataques sarcásticos contra ella? Yo pienso que no, que ya tuvo suficiente y lo demás es exceso.
Lo que no debe detenerse es la lucha frontal en redes contra el odio diseminado por el ciberespacio que llega hasta el WhatsApp personal de mucha gente, financiado por recursos colosales y obscenos desde las cúpulas corporativas. El que sepamos cuándo detenernos, no quiere decir que no metamos ni las manos ante amagues tan aplastantes. Ello incluye todas las armas: desde la polémica elegante, rigurosa y razonada, hasta el humor irreverente hacia poderes que creen que pueden comprar hasta eso: la irreverencia.
¿Es una víctima? Sí, del furor de las redes, como lo es Andrés Manuel López Obrador cada segundo por parte de la turba a la que ella se unió. Ya le tocó su turbazo, ya estuvo bueno. Hasta ahí su condición de “víctima”. Por lo demás, no le ha pasado nada que le quite su estatus, sus privilegios, su vida. Ella no es una ciudadana vulnerable: pertenece y es apoyada por un grupo de mucha fuerza e influencia, ese mismo que ya está usando su caso para golpear a la oposición gobernante a la cual se le quiere negar todo derecho a defenderse. Es una mujer de poder, a la que muy probablemente mueve más la codicia por el sueldazo que se le está yendo como agua entre los dedos, que los sermones doble-moralinos que acaba de publicar cual intento de que le regresen lo que ya ha de considerar SU “billete”…
Tercera cuestión, la más importante y que a muchos se les va de la vista: ¿POR QUÉ EN ESTA AUSTERIDAD REPUBLICANA SIGUE EXISTIENDO ESE CARGO DE 166,000 PESOS AL MES?
Ese salario ya es inconstitucional, lo ocupe una mujer, un hombre o cualquier persona de cualquier género, identidad o preferencia sexual.
Hay quienes arguyen que la vida es más cara en euros. Yo digo que, si hacemos la conversión de pesos a euros, sigue siendo una cantidad excesiva.
La importancia de todo esto reside en las advertencias y alertas para el gobierno federal y para los gobiernos de los otros dos niveles de su bloque político:
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Sigue habiendo fallas y desproporciones en la aplicación de la austeridad.
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Estas fallas provienen en gran parte del descuido. ¿A quién se contrata y para qué? ¿Los organigramas aún son viables?
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El invitar a tus enemigos a tu proyecto no te hace “cool”, te hace un imbécil.
Las implicaciones del caso Brenda exponen estas interrogantes y requieren cuestionamientos genuinos, procedentes de todos quienes coincidimos con la Transformación nacional a la que asistimos, sin necesidad de calcar las virulencias de la derecha fascistoide para confeccionar una autocrítica saludable y provechosa. Por otro lado, tampoco se puede pecar de rígidos y descalificar a rajatabla a quienes utilizan el áspero sarcasmo verbal o visual. No todos poseen las habilidades discursivas socialmente aceptables, moralmente deseables y estéticamente placenteras que anhelarían algunos que se usaran siempre para defender a la 4T, contra los ataques de la derecha en el campo de batalla de las redes. Advertir sobre los excesos es muy sano, pero cualquier censura resultaría antidemocrática.


