Joanna Rubio / @joannarubioa
(11 de septiembre, 2014).- El marketing político es indispensable en un sistema democrático ya que sólo la democracia es un sistema basado en la construcción de consensos sociales y la mercadotecnia surge como un instrumento o medio para construir esos consensos y establecer competencia en los candidatos y partidos políticos, pero en un país tan ecléctico, tan analfabeto, tan hambriento y tan pobre como como México, la utilización del marketing se convierte en un arma de doble filo, porque aquí, donde vivimos una dictadura democrática, lo político se vuelve espectáculo y la cosa pública se convierte en clientelismo.
Los asesores políticos de Enrique Peña Nieto lo saben y han basado el discurso político en la activación del sistema emotivo, para posteriormente interactuar con la intención de que el ciudadano busque una justificación a su respuesta emotiva.
Estos elementos, que intervienen y condicionan el comportamiento político del ciudadano, impactan en la selección de elites políticas en la que no necesariamente se escoge a las mejores, sino las más populares. Para lograr esto se necesita crear un eslogan publicitario breve, claro, sencillo y directo, con el fin de obtener una incidencia eficaz sobre el elector-consumidor, siempre supervisado por los nuevos asesores de imagen y de marketing político. En este escenario, el discurso ideológico no sólo no tiene valor alguno sino que se alza como un obstáculo para atraer al elector. La mercadotecnia política trata las distintas opciones electorales como marcas comerciales que deben competir por el voto.
Para reforzar la emotividad del ciudadano surge también la “sondeocracia”, es decir, a través de los sondeos de opinión, se crea algo parecido a la construcción de la idea del interés general o “voluntad general”. Estos sondeos también actúan como paliativos al imaginario social de la democracia directa mediante el seguimiento permanente de las preferencias de los electores.
El marketing político debería terminar con las elecciones, pero la actual pareja presidencial busca continuar con la legitimación de su poder a través de la sondeocracia y el espectáculo, sólo que ahora nos encontramos con una realidad que supera a las encuestas de opinión.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los precios del consumidor aumentaron 0.36 por ciento, la inflación alcanzó el récord de cuatro por ciento, entre el segundo trimestre del 2012 y el segundo trimestre del 2014, el incremento de la pobreza fue del 8.6 por ciento, esto es la forma sutil de decir que al mes México crea 105 mil nuevos pobres. La tasa de desempleo es la más alta en los últimos 20 meses y en comparación con los dos primeros años del gobierno calderonista, se han registrado 14 mil homicidios más, finalmente la deuda del sector público creció hasta los mil 622 millones de pesos diarios.
La columna vertebral del marketing político es el conocimiento y análisis de las necesidades de los ciudadanos dentro del ámbito socio-político y el desarrollo de planes y programas conducentes a su satisfacción. El lado obscuro de esto, radica en la creación de políticas públicas basadas en la satisfacción inmediata de las necesidades más superfluas y no en la construcción de un Estado de Bienestar, como tanto pregona el slogan priista. La mercadotecnia entonces penetra en la doctrina y las teorías políticas dejando de esta forma su utilización como herramienta política para convertirse en el epicentro del sistema de partidos en México.
Hasta el día de hoy, 4 mil millones de pesos se han invertido en publicidad presidencial, de los cuales 1,098,919,816.48 pesos han sido destinados a televisión abierta, mientras que 198,785,365.43 pesos fueron destinados a publicidad en internet, de esto podemos deducir dos cosas, la primera es que la apuesta de Peña sigue enfocada en las clase baja y de bajos recursos y la segunda es que el internet sigue siendo el territorio de los jóvenes, que si bien no están completamente liberados de la telecracia, no están subyugados a ella por ejercer su libertad de búsqueda de la información.
Estas elevadas cifras no solo deberían sorprendernos sino indignarnos, ya que en comparación con el gobierno calderonista, Peña Nieto es un hombre ahorrador, en su estrepitoso último año presidencial, se gastaron 8´403,289.20 en el mismo rubro; el gasto total en publicidad del sexenio anterior fue de 39´040,580,390 millones de pesos, este aunado a la falta de transparencia y de información respecto a los criterios que han utilizado para designar la publicidad oficial ni a las empresas favorecidas con las contrataciones.
Poniendo en perspectiva las prioridades de la actual y pasada presidencia, el presupuesto del presente año de la UNAM equivale a 35 mil 585 mdp, para el Politécnico son 13 mil 822 mdp y saliéndonos un poco del contexto para la investigación de energías alternativas se han destinado… sí, adivinó, 0 pesos.
El día de ayer de nuevo la portada de la revista Quién, fue ocupada por Angélica Rivera, la editora general de la publicación Laura Manzo, declaró en su blog personal que “si Angélica se pinta de güera y manda subir el dobladillo de sus faldas, ¿qué se interpreta? Que está aburrida, que es una cortina de humo, un distractor del poder, de las reformas estructurales, que quiere de nuevo la fama pero desde donde ella supo hacerlo, como estrella de Televisa (…)”.
No debemos satanizar al marketing político, al final este es inherente a la competencia electoral, lo que debemos señalar y detener es su utilización como objeto de la política. Los avances tecnológicos, la democratización y los nuevos accesos a la información han generado un nuevo tipo de sociedad y forma distinta de disputar y ejercer el poder político, paralelamente a esto las campañas electorales toman un carácter competitivo transformando los ritos protocolarios a ejercicios competitivos, sin embargo, los usos y costumbre de la política mexicana al parecer no han cambiado, solo se han modernizado.
¿Cómo crear una opinión general, cuando la sociedad mexicana no logra vislumbrar un futuro de bienestar? ¿Cómo legitimar a un presidente que ha sido declaro por el IFAI “sin estudios universitarios”?
Con un presidente que no es capaz de poner un pie en las universidades pero sí en el exitoso programa HOY de Televisa, el ciudadano mexicano podrá creer que vive en un país democrático, sin embargo, vive educado en un sistema que únicamente tiene el propósito de formar a ciudadanos manejables, hundidos en la miseria y el hambre.

