(8 de octubre, 2014).- “Para ayudar a que el mundo sea libre de armas sumamente nocivas, EE.UU. debe dejar atrás el uso de minas terrestres”, así lo dijo recientemente Steve Goose, director de la división de armas de Human Rights Watch.
Lo anterior, de acuerdo con HRW, consolidaría que Estados Unidos se sumara al Tratado de Prohibición de Minas de 1997 que está firmado por 162 naciones del mundo, dado que éstas han provocado miles de víctimas al paso de los años.
Los elementos de la política sobre minas terrestres consisten en la prohibición del uso de minas antipersonales, excepto en la Península de Corea; la prohibición de producción y adquisición de minas antipersonales; un estudio de las alternativas; y una declaración de que el gobierno de Obama retomará la adhesión al Tratado.
La excepción con la Península de Corea es porque el país vecino “trató de obtener una excepción para Corea durante las negociaciones del Tratado de Prohibición de Minas en 1997, por lo que fue fuertemente criticado por sus aliados. Numerosos oficiales del ejército de Estados Unidos retirados, incluidos algunos que encabezaron tropas en Corea, aseguran que el uso de minas antipersonales ahí tiene poco o ningún valor militar”.
HRW ha sido insistente en que el gobierno de Obama debe eliminarlas definitivamente, sin embargo, dijo respecto a Corea que “es bueno que el gobierno de Obama esté progresando en su avance hacia la adhesión al Tratado de Prohibición de Minas, pero los ciudadanos coreanos necesitan protección de este tipo de armas tanto como las personas de cualquier otro país”.
Y agregó: “Una excepción geográfica a la prohibición no es más aceptable hoy que cuando se negoció el tratado”.
Según Goose, quien ganó en 1997 el Premio Nobel de la Paz por la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Terrestres, estas nuevas medidas propuestas por dicho organismo no gubernamentales se adecuarían a los requisitos del Tratado.


