Marta Durán de Huerta / El Toque
“Llegamos a Iguala para tomar dos autobuses que nos llevarían a la Ciudad de México para participar en la marcha del 2 de octubre. Nos pusimos de acuerdo con los choferes y en el camino íbamos bromeando y relajo”. Este es el testimonio de Ernesto Guerrero, un sobreviviente del ataque perpetrado contra a los estudiantes de la Escuela Rural de Ayotzinapa Raúl Isidro Burgos, en Guerrero, México.
(15 de octubre, 2014).- “Dispararon contra tres autobuses; uno traía un equipo de fútbol de chavos como nosotros pero que ni conocíamos. Tras la primera descarga de los municipales, nos bajamos del autobús y buscamos piedras para arrojárselas. Yo personalmente les lancé cuatro. Pensamos que eran tiros al aire, pero no, eran balas de verdad contra nosotros. Subimos a los camiones y seguimos avanzando y la policía seguía detrás de nosotros disparando. Los municipales se acercaron mucho al tercer camión mientras una patrulla le cerraba el paso al primer camión. Algunos de nosotros nos bajamos a empujar la patrulla y quitarla del camino pero nos recibieron a balazos. Aldo, mi amigo recibió un tiro en la cabeza. Los demás nos tiramos al piso junto a él. Ya no era tiro por tiro sino ráfagas. Parecía que estábamos en un campo de batalla en una zona de guerra”.
“Nosotros veníamos desarmados. Pensábamos que Aldo estaba muerto, pero se movió.”
“La policía rodeó al tercer autobús y los obligaron a bajar del camión mientras los encañonaban. Al que se movía le disparaban, al que hablaba también. A los demás, que estábamos escondidos entre los camiones, nos rafaguearon con rifles de asalto durante quince minutos. Nadie llegó en nuestra ayuda. A treinta metros estaba un cuartel del ejército y no hicieron nada”.
“Las patrullas con los números 017, 018, 020, 022, y 028 se llevaron a mis compañeros, a mis amigos. Se los llevaron vivos y sanos; eran 43 jóvenes estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa”.
“Un compañero se estaba muriendo cuando llegó la patrulla 302. Le gritamos que necesitábamos con urgencia una ambulancia. Con nuestros teléfonos celulares habíamos estado llamado a la ambulancia y nos respondían “Ya fuimos pero no vimos a nadie”. Puras mentiras. Los patrulleros se llevaron a nuestro compañero. Afortunadamente sí lo transportaron a un hospital donde lo atendieron y sobrevivió”.
“Fueron dos grupos de policías los que nos agredieron. Los primeros fueron los municipales que apostaron detrás de los camiones atacándonos a balazos. Después apareció un segundo grupo de policías que, a diferencia de los primeros, traían cascos, chalecos antibalas, guantes y mucho equipo”.
“Ellos se pusieron delante de los camiones. Estuvieron poco tiempo y se fueron. Los municipales que nos atacaron y levantaron todos los casquillos que habían utilizado”.
Avisamos del ataque a nuestros compañeros que estaban en la escuela. Rápidamente maestros y alumnos de varias instituciones vinieron en nuestro auxilio. Tardaron una hora y media en llegar…
Para seguir leyendo, visita: El Toque.


