Ayotzinapa y la derecha necropolítica

- Anuncio -

Por César Iglesias

Los cimientos del estado mexicano se encuentran en una crisis inédita. La compra-venta de México impuesta por la reforma energética desmantela la cohesión nacional, y con ella ha emergido una forma de capitalismo que tuvo diferentes etapas durante los últimos 30 años y que se ha terminado de consolidar en lo que cabe llamar capitalismo necropolítico: una forma de acumulación por desposesión basada en la política como muerte y terror.

Bajo la estrategia “guerra contra el narcotráfico” utilizada para legitimar el sexenio de Calderón Hinojosa, la guerra se volvió también una operación de desmantelamiento de lo que quedaba del estado de bienestar. Apuntaba a debilitar a los sindicatos al mismo tiempo que preparaba el terreno para la entrega del control de los recursos energéticos; la extinción de Luz y Fuerza del Centro para acabar con el Sindicato Mexicano de Electricistas fue parte de esta operación siguiendo los dictados del Consenso de Washington y en sintonía al TLCAN.

La política de terror y muerte se ejecutó en Tamaulipas con el despoblamiento rural y urbano, apropiándose del control de la Cuenca de Burgos –la reserva de gas más importante de América del Norte-; en Michoacán se instaló a partir de construir un corredor minero que tenía como destino final Asia, que implicó el cobro de cuentas por metro cuadrado a cualquier actividad comercial.

Al mismo tiempo Chiapas, Oaxaca y Tabasco se volvieron un infierno para los migrantes que tuvieron que enfrentar desde esclavización hasta explotación sexual, extendiendo la frontera americana del río Bravo al río Grijalva convirtiendo la travesía hacía el american dream una pesadilla mexicana; una red internacional de trata de personas amparada por el poder político secuestró, torturó y esclavizó sexualmente a niños y jóvenes en DF, Puebla, Tlaxcala y Quintana Roo; sumamente preocupante que Chihuahua y ahora el Estado de México se hayan convertido de los lugares más peligrosos para las mujeres en el mundo.

El asesinato de 6 personas y la detención desaparición de 43 normalistas socialistas en Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014 no representa un hecho aislado que pueda reducirse a la corrupción de una policía municipal en un solo estado de la república. Como ha apuntado Luis Arizmendi, Ayotzinapa es la ventana a una época marcada por el capitalismo necropolítico, una ventana a una época de terror. Lo que se pretende presentar como un hecho excepcional es más bien la regla.

El Pacto por México vino a revelar un proyecto de las élites políticas para la entrega de los recursos naturales estratégicos a manos de capitales privados transnacionales. La reforma energética rompió el pacto social formulado después de la revolución mexicana y expresado en la constitución del 17 y reafirmado con la expropiación petrolera del 38. Los cimientos del estado mexicano fueron puestos en crisis.

La corrupción impera dentro de la élite política integrante del Pacto por México, y tiene un efecto cascada que va desde los manejos no aclarados de la Casa Blanca en el ejecutivo federal y se expresa de forma infame en el municipio de Iguala con los Abarca con profundos nexos con el crimen organizado. Estas condiciones permitieron al narco formar parte del juego político dentro del sistema electoral que las élites se han configurado a modo.

El problema no tiene su raíz en el municipio libre ni mucho menos es un estorbo dentro de la organización política, el buscar eliminarlos muestra la forma en cómo el poder se entiende a sí mismo: desde la cúpula y centralizado. La violencia proviene del estado, el crimen de lesa humanidad sobre la detención-desaparición forzada está contemplado en el artículo 7 i del Estatuto de Roma, y el caso de los estudiantes reúne todos los elementos del cuerpo del delito para que el estado mexicano sea juzgado en la Corte Penal Internacional.

La derecha en México sólo se ve a sí misma bajo un discurso moderno y liberal, no se permite caer bajo “la provocación” de la muchedumbre de la plaza, no la entiende ni la vive, pero la quiere explicar y darle sentido. La derecha mexicana se puede vestir de amarillo, tricolor, azul o francamente sentirse impoluta. El verdadero peligro para México, en sus discursos, es López Obrador, y no la política de muerte y terror que el capitalismo necropolítico ha impuesto en el país. Ha llegado la hora de denunciar a la derecha como necropolítica, como cómplice de la acción y/u omisión de los crímenes y despojos que a diario se cometen bajo el amparo del poder político. No es ni por mucho con una disculpa con lo que se resuelve esta tragedia.

El canto que se escucha de los jóvenes de ahora parece ser que habla de guerra y de sacrificios, nada más equivocado, ese es el grito de la derecha necropolítica que busca infundir miedo. El canto de la juventud que ha llenado las calles de México de esperanza y de amor, habla de valor, dignidad, deseo y placer, pero sobre todo de justicia. Tenía razón Roberto Bolaño, ese canto es nuestro amuleto.

Ni perdón ni olvido. ¡Vivos se los llevaron! ¡Vivos los queremos!

- Anuncio -spot_img

MÁS RECIENTE

NO DEJES DE LEER