El proyecto del PRI, PAN y PRD de los Chuchos: salvaguardar los intereses de la oligarquía

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Cabe preguntarse si tiene algún sentido pagar miles de millones de pesos en propaganda política que no engaña a nadie. Lo tiene, pero para las agencias y los medios electrónicos que se encargan de la realización y difusión de los spots. Para el público al que supuestamente va dirigida, le resulta chocante y hasta enojosa por tanta tomadura de pelo, tanto cinismo, tanta desvergüenza. Basta ver y escuchar al ahora ex dirigente nacional del PAN, Ricardo Anaya, decir con absoluta desfachatez que “claro que se puede cambiar a México, acabar con la corrupción y meter a los corruptos a la cárcel”, para concluir que tal propaganda es contraproducente.

¿Acaso el PAN no estuvo al frente de las instituciones dos sexenios consecutivos y lo único que demostró fue mayor ineficiencia e iguales o peores vicios que sus hermanos del PRI? En el spot, Anaya habla con una voz que trata de crear simpatía en quienes lo ven y lo escuchan, pero lo que consigue es todo lo contrario por tanto descaro para mentir y quererle ver al ciudadano de a pie la cara de idiota. Habla como si el PAN no fuera corresponsable de nuestra gran desgracia nacional, como si no hubiera tenido la enorme oportunidad de hacer los cambios que nos promete Anaya que se deben y pueden hacer con el partido blanquiazul de nuevo en el poder.

¿Por qué no los hicieron cuando el PAN estuvo al frente del Estado? ¿Cómo los podrían llevar a cabo si ya demostraron una notable ineficacia e igual o mayor capacidad de corrupción que sus antecesores priístas? Quizá por su estúpida participación en el mencionado spot, Gustavo Madero tomó la decisión de regresar a la dirigencia nacional, después de haber conseguido su postulación como candidato a diputado federalplurinominal, aunque ya hubiera vencido el plazo de la licencia que solicitó el 30 de septiembre pasado. Dijo Madero: “Regreso para consolidar una agenda de cambios del PAN y del país”. ¿De cuáles cambios hablarán los panistas?

Los retrocesos no pueden ser considerados cambios en el estricto sentido del término. Los cambios son para mejorar, para superar situaciones adversas, para dejar atrás inercias negativas, no para profundizar calamidades, apuntalar errores, acrecentar vicios que afectan a la sociedad, tal como lo ha estado haciendo la derecha en el poder, llámese PRI o PAN el que esté al frente de las instituciones nacionales. Lo mismo ocurriría con el PRD de Los Chuchos en el hipotético caso de que por un golpe de suerte la oligarquía les diera la oportunidad de encabezar el sistema político mexicano. Los tres partidos, junto a sus peones en el Congreso, no tienen otro proyecto que salvaguardar los intereses de la oligarquía y de sus patrones trasnacionales.

Esto lo empiezan a comprender las clases mayoritarias y por eso es creciente la desconfianza en los partidos, su descrédito ante la gente, situación que se afianza con el cinismo con el que actúan y hablan los dirigentes de los partidos en el poder, cuya única preocupación es servir al inquilino de Los Pinos con absoluta indignidad para de esta manera tener aseguradas sus prebendas y privilegios. Spots como el que protagoniza Anaya, quien a partir del miércoles regresó a su función de coordinador de la bancada panista en la Cámara de Diputados, son una prueba de la total falta de respeto de la clase política a la ciudadanía.

¿Y qué decir de las “iniciativas de ley” del Partido Verde, grupúsculo sin otra responsabilidad que ser un palero más del partido en el poder? En sus spots presumen de ser muy cumplidores, que sus propuestas son ahora leyes concretas, cuando en realidad no son más que medidas sin ninguna trascendencia política, social o económica. Más que condenar con prisión de por vida a los secuestradores, lo que urge y conviene es crear condiciones específicas para que no haya tales delincuentes.

¿Acaso se necesitaba una ley para sentenciar a cadena perpetua a esta escoria humana, producto de la tremenda descomposición del tejido social en el país? ¿Por qué se tenía que hacer una ley concreta para hacer que los que dañan el medio ambiente paguen los daños? ¿Acaso a los grandes consorcios mineros se les aplica esta ley? Pura demagogia barata, ya bien lo empieza a saber el pueblo.

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