Los editores de la revista británica The Economist están muy preocupados, no por la corrupción que caracteriza al sistema político mexicano, el cual es encabezado por la corriente más reaccionaria y decadente, sino porque los crasos errores de Enrique Peña Nieto y de Luis Videgaray, “favorecen a Andrés Manuel López Obrador”. Considera que la división entre las fuerzas de izquierda puede todavía ser aprovechada por el PRI para ganar la mayoría en la Cámara de Diputados en las próximas elecciones, lo cual desgraciadamente es posible. Al dirigente de Morena lo califica como “un populista mesiánico que estuvo dos veces a punto de ganar la presidencia. México merece algo mejor”, concluye.
Lo que los mexicanos merecemos, de acuerdo con los editores de dicho semanario, es ser una colonia de nuevo cuño donde el pueblo no tenga ni voz ni voto, pero sí administradores eficientes al servicio de los grandes intereses trasnacionales, que actúen con inteligencia, sin la voracidad ni el cinismo que caracteriza a la alta burocracia y a la clase política en el poder. No merecemos ser una verdadera democracia, sino un régimen amaestrado que atienda diligentemente las directrices de los grandes centros de poder bajo el control de Washington y Londres, principalmente. De ahí su preocupación, pues como lo demuestran los hechos, la sociedad mayoritaria está harta no sólo de la corrupción y voracidad de la burocracia dorada, sino del modelo económico que nos fue implantado por esos grandes intereses trasnacionales.
Los editores de The Economist saben que López Obrador no estuvo “dos veces a punto de ganar la presidencia”, sino que esas dos veces fue víctima, junto con el pueblo de México, de fraudes electorales escandalosos que permitieron a la derecha seguir en el poder. Saben asimismo que la tercera es la vencida, pues la intentona de una nueva elección fraudulenta, tendría consecuencias terribles y esos grandes intereses se verían afectados por las justas y crecientes protestas de las clases mayoritarias. Por eso se dan el lujo de regañar a Peña Nieto y exhibirlo tal cual es, a fin de que trate de enmendar sus yerros y no seguirlos cometiendo, como es previsible que suceda, dada la vocación de la clase política en el poder para acumular riquezas sin ton ni son, como si sus miembros estuvieran en una contienda para saber quien se lleva la medalla de oro en esta absurda competición.
Sin embargo, no obstante la inusual llamada de atención de la revista que más se había distinguido por adular a Peña Nieto y a Videgaray, las cosas seguirán igual o peor para la derecha en el poder, tanto por su voracidad insaciable, como por su absoluta falta de vocación política. Su prioridad es no desaprovechar el sexenio, al fin que al finalizar, apuestan por ello, la derecha seguirá en el poder para garantizarles plena impunidad, como así ha venido sucediendo. De ahí el imperativo de que las fuerzas democráticas y progresistas cierren filas para impedir un nuevo fraude electoral en las elecciones del domingo 7 de junio.
La realidad patentiza que el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) es la única opción para frenar el paso firme de la derecha entregada a la corrupción y a las componendas con los grandes intereses trasnacionales. Pero como un factor de unidad de la izquierda, con liderazgos comprometidos con la lucha pacífica pero firme contra el fascismo que trata de implantar la oligarquía, al no tener más posibilidades “democráticas” de conservar el poder: las agotaron los tecnócratas en tres décadas de ejercicio gubernamental.
De ahí el ilustrativo editorial de The Economist, cuyo título no deja dudas de la intención de sus editores: “El pantano mexicano”, con un subtítulo por demás preciso: “El Presidente no entiende que no entiende”. Así lo demuestra su estilo de “gobernar”, como si estuviera viviendo en un país de cuento de hadas, donde no ocurren hechos como los de Tlatlaya y de Iguala; como si no existiera la dramática desigualdad social que tiene a México sumido, como dice la revista británica, en un pantano de corrupción y violencia que ya es motivo de vergüenza para los latinoamericanos. ¿Cómo esperar que las cosas sigan por el camino trazado por los tecnócratas para entregar las riquezas nacionales al gran capital trasnacional? Es inaudito.

