El inquilino de Los Pinos y su grupo hallaron un camino fácil para depredar

- Anuncio -

Es impensable que la vida en México pueda continuar sin graves consecuencias de seguir las cosas como van. El grupo en el poder no tiene ya un mínimo recato y es obvio que el futuro, ya no del país sino del mismo sistema político, le importa un comino. De ahí el cinismo con el que actúan sus integrantes, a sabiendas de que no les queda más opción que acelerar el paso y consolidar su “proyecto”. Nos queda claro a los ciudadanos que no es otro que asegurar condiciones concretas que les permitan seguirse enriqueciendo, sin tener que rendirle cuentas a la sociedad.

La fracción del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en la Cámara de Diputados, dio a conocer nuevos hallazgos del tráfico de influencias en que está involucrado el contratista consentido del actual inquilino de Los Pinos: Juan Armando Hinojosa Cantú, principal accionista de Grupo Higa. El gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, quien se considera con atributos suficientes para suceder a Enrique Peña Nieto, le ha otorgado contratos de manera directa por un monto de 26 mil 212 millones de pesos, que equivalen a 34 por ciento del presupuesto de dicha entidad, y 600 por ciento del gasto autorizado a la ciudad capital.

El coordinador de la fracción de Morena en la Cámara Baja, Ricardo Monreal, informó de esta asignación multimillonaria al empresario tamaulipeco, socio de David Peñaloza, uno de los principales accionistas de Tribasa y de Grupo Hermes, del que la familia Hank Rhon es accionista mayoritaria. No es difícil seguir el camino para llegar al punto de apoyo fundamental que le ha permitido a Hinojosa Cantú alcanzar privilegios impensables en una democracia: la familia Salinas de Gortari. ¿Qué posibilidades tenemos de salir de la pobreza y el subdesarrollo galopante con semejante carga sobre la espalda del pueblo?

¡Qué lejos quedaron los empresarios que tuvieron que trabajar muy duro para acumular su riqueza original, a principios de la tercera década del siglo pasado! Ahora basta ser aceptado por la élite oligárquica para poder aspirar a formar parte de los nuevos multimillonarios que se reparten la riqueza nacional, bajo la protección de las instituciones y sin ningún riesgo. Tal fue el objetivo real del golpe de Estado que dieron los tecnócratas, aparentemente liderados por Miguel de la Madrid. Vemos que lo consiguieron, con creces; el problema es que no están satisfechos, quieren más al costo que sea, incluido el riesgo de provocar un gran estallido social.

Tampoco les importa, como lo demuestra la realidad: no se detienen ante nada con tal de seguir depredando al país, si tal depredación les reporta pingües ganancias. Es el procedimiento de acumulación en la actualidad, como es fácil observarlo a lo largo y ancho del territorio nacional. Buen ejemplo es el Proyecto Integral Morelos (PIM), el cual contempla la construcción de obras públicas que sólo habrán de beneficiar a sus constructores, como lo denunció Juan Carlos Flores Solís, el activista que permaneció en la cárcel durante diez meses por oponerse a los megaproyectos que afectarán de manera irreversible el medio ambiente en los estados de Puebla, Tlaxcala y Morelos. ¿Cuántos activistas sociales están encarcelados por defender los derechos legítimos de miles de ciudadanos sin voz en Guerrero, Michoacán, Oaxaca y otras entidades del país?

En cambio, obras indispensables para poblaciones que las requieren con urgencia, no se autorizan si no reportan beneficios a los amigos de los gobernantes en turno. Es el signo de los tiempos del neoliberalismo: la corrupción de “alta escuela” que no deja huellas de ilicitud. De ahí que el futuro de los mexicanos esté en grave riesgo, pues nada detiene las ambiciones del grupito que detenta el poder con el objetivo primordial de saquear al erario y depredar las riquezas nacionales, ahora con el método de “construir” megaproyectos que al paso del tiempo arruinarán no sólo el medio ambiente sino el tejido social de las comunidades afectadas.

Qué diferente sería la situación si las obras públicas obedecieran a un plan de desarrollo sustentable de largo plazo. El mejor ejemplo de ello se encuentra en las refinerías que debieron construirse hace tres décadas, no se invirtió un peso en ellas ni tampoco en un indispensable mantenimiento de Pemex, con una proyección de futuro. Ahora estamos pagando las consecuencias.

- Anuncio -spot_img

MÁS RECIENTE

NO DEJES DE LEER