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Que el próximo año sea mejor

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Armando Escobar G
@Escarman

En las vísperas de la celebración de año nuevo un hombre piensa en lo que habrá de hacer en cuanto amanezca: buscar los restos de la cachaça aún contenida en botellas muertas, levantar farofa tiesa y retazos de gallina. Ahí, desde el lugar de quien narra, se recalienta sólo lo que sobra, porque la abundancia y el calor están en otra parte: emanan del televisor, que pone ante sus ojos la imagen de los almacenes de prestigio abarrotados por las madames que extinguieron las caras vestimentas que habrán de utilizar en sus palacios totales horas más tarde; las casas de artículos finos para comer y beber agotaron todas sus existencias para los que existen.

Del baño ha salido uno de los que no existen, Pereba, quien se queja del hedor que proviene del baño. No hay agua, tiene que orinar en la escalera. Después, sentencia: “estoy muriéndome de hambre”. El hambre será, pues, el punto de partida de uno de los relatos más mordaces del escritor brasileño Rubem Fonseca: “Feliz año nuevo”, cuento que le da título al libro más célebre y controvertido de este autor, publicado en 1975 y censurado en su país un año después. El hambre engendra el arrebato y la violencia, quizá, aunque esa fórmula resulta simple en la pluma de Fonseca.  Sin duda, al leer este y otros cuentos de Feliz año nuevo nos encontraremos ante una de las plumas más  mordaces, satíricas, violentas y, sobre todo, desautomatizadoras de la literatura latinoamericana. Fonseca busca desenmascarar distintos temas de la realidad social brasileña que bien podrían aplicarse en y sobre cualquier otra sociedad latinoamericana y, de paso, abrir la caja de Pandora que contiene los claroscuros de la existencia humana: la miseria, pero sobre todo, la desigualdad, que mitiga la dignidad supuestamente intrínseca al individuo; la violencia descarnada que inunda los espacios de medios masivos de comunicación y a la cual, como réplica completamente justificada, el individuo se ve obligado a responder con la más simple y llana indiferencia ante la muerte, pero también ante la vida; el hastío que merma las relaciones sociales dentro de una cotidianeidad en donde cualquier virtud moral o ética, sin agregar un tono romántico, o incluso religioso, al hecho, parecen ser valores sumidos en lo anticuado y, finalmente, una sociedad en la que la justicia es vista desde lejos: una justicia vil, o vil justicia, que se arrima con quien más le conviene. Así, la literatura de Fonseca se establece como un grito, una denuncia, expelido por personajes, tramas, situaciones que retratan fielmente una realidad cruda, que atosiga y desautomatiza, sin omitir detalle alguno de ésta porque cualquier omisión pondría al escritor ante una encrucijada: hacerse parte de ella al no narrarla.

Después del asalto, colocaron la comida y las botellas sobre una toalla sobre el suelo. Zequinha, impaciente, quiso beber, pero no le fue permitido hasta que Pereba estuviera presente. Ahí, una vez que estuvieron todos reunidos, llenaron los vasos y brindaron esperando que el próximo año sea mejor. Feliz año nuevo.

 

“Feliz año nuevo” está contenido en el libro del mismo título, recientemente publicado por la editorial Cal y Arena.

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