(31 de diciembre, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- El 31 de diciembre de 2012, un grupo de hombres vestidos de negro, con armas cortas y pasamontañas, estacionaron su camioneta negra blindada frente al pequeño local comercial de José Alfonso, quien se dedica a la venta de especias; el hombre de 63 años pensó que lo iban a matar, “eso que dicen que quien nada debe, nada teme, en Guerrero no aplica, aquí cualquiera puede morir, pero corren más peligro los inocentes, porque no somos gente mala, no tenemos con qué defendernos y tampoco vamos por la calle amenazando a los vecinos, de ser así, nadie se metería con nosotros. A mí me tocó.
Me pidieron 500 pesos semanales, me dijeron que alguien en moto vendría a recogerlos cada jueves, a cambio me darían seguridad, es decir me cuidarían de ellos mismos, me sorprendí que me pidieran solamente esa cantidad, es mucho para mí, pero con tanto armamento y los carros que usan, pensé que exigirían más, la realidad es que no sabía que pasaría más que eso, en un primer momento no tuve más que aceptar, sino era posible que me mataran ahí mismo. No se lo comenté a nadie y quienes se dieron cuenta de aquel momento tampoco mencionaron más, sin embargo después de tres meses la cuota aumentó, eran 500 por ‘cuidar mi negocio’, otros mil pesos por ‘proteger’ a mis nietos que van a la escuela, y 600 por cuidar de mi persona, todo esto a la semana, poco a poco comenzaron a cobrarme por todo, llegando a una suma semanal de 3 mil 500 pesos”, narra José a Revolución TRESPUNTOCERO.
Siendo una cantidad que él asegura, no gana ni siquiera en un mes, prefirió cerrar su negocio, porque además de las pequeñas ganancias que le produce, estaba comenzando a adquirir una gran deuda, solamente por los pagos a los extorsionadores. Aunque esa no fue la solución, las otras ‘cuotas’ continuaron y prefirió intentar mudarse, pero no lo logró porque fue amenazado de muerte. En distintas zonas de Guerrero, la narcoviolencia ha penetrado al grado de no permitir que la población extorsionada pueda salir de su territorio y migrar a zonas más seguras.
A quienes son amenazados de secuestro o a los familiares de víctimas de desaparición forzada también los mantienen vigilados, sin poder cambiar de residencia, incluso salir por un corto tiempo fuera de sus comunidades, ya que las carreteras son vigiladas por distintos grupos criminales, que en muchas ocasiones asesinan a quienes transitan por ellas.
“Las jornadas de narcoviolencia en el estado no cesan y se hicieron presentes desde 2012, aunque con mayor intensidad desde el 2014, esto provocado no solamente por el abandono de las autoridades sino por la colusión de éstas con el crimen organizado. Son principalmente las policías municipales quienes se han unido al narcotráfico, entonces no solamente les brindan protección, al mismo tiempo vigilan a la población y son capaces de presenciar un tiroteo o una extorsión, y no realizar ninguna acción de defensa a favor del pueblo y en cuanto a las comunidades lejanas, dejan sola a la comunidad y aunque se pide ayuda, bajo el argumento, ‘no hay patrullas’ se desentienden del grave problema”, afirma a este medio el activista rural Clemente Sánchez, quien se ha dedicado a la investigación de los estragos de la narcoviolencia en Guerrero.
Por su parte Alfredo Córdova, especialista en comunicación política comenta a este medio que “Taxco, Iguala, Chilpancingo, Acapulco y Teloloapan son los principales focos rojos de una entidad en llamas, en algunas comunidades sí han logrado escapar, por lo que sin errar, en comunidades de aproximadamente 500 habitantes, hoy solamente quedan de cinco a diez personas, que no lograron abandonar el estado de sitio, pero es como si no hubiera absolutamente nadie, pues los que quedan se han callado, todo el tiempo las casas tienen candados y quienes pagan extorsiones, lo hacen por debajo de la puerta, ni siquiera el no tener comida los hace salir de sus hogares”.
Es así como la entidad es hoy, a finales de 2015, un estado de sitio “en su máxima expresión”, en donde a diario hay dos o más personas víctimas de homicidio, en donde los grupos delictivos están relacionados, a decir por los especialistas este tipo de muertes no se perpetran por mantener nexos con el narcotráfico, ya que la sociedad civil ha convertido en un rehén permanente. Es por ello que quienes han logrado escapar, en días recientes han decidido hacer un llamado al gobierno estatal y federal, asegurando que debido a la apatía e indiferencia que ambos han mantenido ante las constantes ejecuciones, desapariciones forzadas y secuestros, ellos serán quienes tomen las armas para luchar, ya que el narcotráfico se sigue apoderando con pasos firmes y rápidos de absolutamente todo Guerrero, despojando de sus bienes a las personas y cuando les interesa una tierra o casa, entonces ahí sí los obligan a marcharse, sin oportunidad de defensa alguna.
Los desplazados han señalado que en la sierra se moviliza un grupo de al menos 200 hombres armados al frente de dos sujetos identificados como Carlos Sierra Santana “El Greñas” y Casto Rodríguez García “El Chaparro”, quienes tienen sometidos a los pobladores de Armenia, Guayameo, Aratichanguio, Cupuan, Zirándaro, Zihuaquio y Vallecitos de Zaragoza, siendo una de las mayores amenazas de la entidad y la que ha causado graves daños, incluso mortales.
Según datos de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMPDPDH), entre 2008 y 2014 se documentaron 121 episodios de desplazamiento forzado como consecuencia de enfrentamientos entre cárteles y fuerzas de seguridad pública en la entidad, en el país.
Cuando logran huir, describe la CMPDPDH, se van de sus pueblos y apenas llevan lo que pueden cargar. En el último Guerrero año duplicó su récord y se convirtió en el líder del desplazamiento forzado por la violencia en México. Según los datos de la misma Comisión Guerrero concentró 40% de los 23 desplazamientos masivos que hubo en el país entre enero de 2014 y febrero de 2015 y que implicaron el destierro de más de 9 mil personas.
Ante la ola interminable de violencia en Guerrero, han sido ya cinco países los que mantienen sus alertas de viaje a México, en las que advierten a los turistas que pueden ser víctimas de secuestro, extorsión, fraude, robo e incluso homicidio, éstos son los gobiernos de Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia e Italia, quienes precisan que en Guerrero, los visitantes pueden padecer ataques derivados de la narcoviolencia.


