A pesar de los riesgos, Profepa encubre a depredadores

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I.- El ecocidio del malecón de Tajamar de Cancún, en Quintana Roo, se gestó en el sexenio de Fox. Y tras 15 años de corrupción, aparece cómo se tejieron los dizque permisos para desmantelar el ya devastado manglar y, cómo se encubrieron quienes consintieron ese desastre. Al determinar en su dictamen el titular de la Profepa: Guillermo Haro Bélches, que “no hay ecocidio ni devastación… la zona no es humedal y tiene poco valor natural” (Reforma y La Jornada: 29/I/16), se comprueban las complicidades que han hecho del gobierno federal una ciénaga de corrupción, de violaciones a los derechos humanos y ecológicos y que nuestro país sea acusado de total falta de transparencia cuando los funcionarios simulan rendir cuenta de sus actos, negligencias y esconden transas que explican los favores a los empresarios, a quienes nada les importan los daños que causan al destruir el medio ambiente, construyendo los edificios, centros comerciales, etc., que han cercado a lo que resta del manglar.

II.- En la estructura burocrático-administrativa del foxismo, calderonismo ni el peñismo hay instancia (la Suprema Corte entra en las complicidades), para impugnar este irresponsable dictamen. No hay más que recurrir a órganos internacionales, pero el tiempo corre y empresarios ambiciosos y funcionarios corruptos han justificado que siga el desmonte de 7 hectáreas, para rescatar hasta su total consumación, el proyecto comercial. Fonatur y Semarnap han sido exculpados del ecocidio. Al igual que Fox, Calderón y Peña. Pero todos ellos son corresponsables del desastre ecológico, aunque el peñismo dice defender el medio ambiente, y parar el calentamiento global. El Papa vendrá –en lugar de suspender su visita– a donde su propuesta de cuidar ambos, es una burla de parte de quienes se hincarán para recibir su bendición. Y es que devastaciones como esta han provocado cambios climáticos irreversibles en el mundo, entre los que se incluye la grave escasez de agua potable para consumo humano, y para la agricultura y ganadería.

III.- Ya del centro al norte del país reclaman la falta de agua potable. Y los gobernantes de la Ciudad de México han dejado sin control la edificación de multifamiliares, los más lujosos hasta con albercas. Y se han multiplicado los centros deportivos con baños y servicio de vapor y sauna, que gastan agua sin límite. Esto obliga a racionarla a pesar de que, entre habitantes y población flotante, la ciudad rebasa los 20 millones, y todos requieren ese líquido. Hay lugares donde escasea aun sacrificando la necesaria para agricultura y ganadería. Y otros que de plano carecen de agua y sus habitantes han de pagar, a precio de oro, pipas para tener algo del líquido. Así que junto con evitar a toda costa que terminen de destruir el manglar de Tajamar, no deben construirse más mansiones, dúplex y edificios como si el agua fuera inagotable. Hay que construir obras de reciclado, presas y acueductos para racionalizar su uso, educándonos en optimizar su consumo, pues estamos ante un drama de supervivencia

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