(06 de marzo, 2016).- Este domingo poco más de 50 personas fallecieron en un ataque suicida, calificado, como el “más sangriento”, que ha padecido Bagdad, en los últimos dos años, el cual fue perpetrado por un terrorista suicida del Estado Islámico (EI), en un puesto de control policial en la ciudad de Hila, en donde también hay 70 personas heridas de gravedad.
La explosión destruyó completamente la posición de seguridad y provocó además el incendio de vehículos militares y civiles que se encontraban en los alrededores.
Según explicó una fuente de seguridad, el terrorista, al volante de un camión cargado de explosivos, logró pasar un puesto de registro situado antes del puesto de control sin ser detectado. Tras atravesarlo, el suicida detonó el camión junto al puesto de control conjunto de la Policía y el Ejército iraquíes, situado en la entrada norte de Hila.
Después de los hechos, el Estado Islámico asumió la autoría a través de un anuncio difundido por su agencia de noticias Amaq, donde se señaló que “la operación de martirio (suicida) con un camión bomba causó decenas de muertos y heridos”.
Por su parte, el Ministerio de interior calificó el ataque terrorista de “inmoral” y confirmó la muerte de al menos siete miembros de las fuerzas de seguridad.
El vicepresidente de la Comisión Parlamentaria de Seguridad y de Defensa, Hamed al Mutlak, aseguró que “esta explosión es parte de un terrorismo que no cree ni en fronteras ni en geografías”. Según Mutlak, el mensaje que quiere enviar el Estado Islámico con este ataque es también que puede “hacer daño” donde quiera y cuando quiera.
“Es un mensaje de desafío que quieren decir: todavía estoy aquí y todavía tengo capacidad de influir y de llevar a cabo operaciones en cualquier zona”, agregó el político.
Para el diputado, la manera de evitar este tipo de agresiones es “aumentar la capacidad y la profesionalidad de los servicios de seguridad, así como su acceso a la información de Inteligencia para que puedan llevar a cabo intervenciones preventivas”.
El grupo terrorista proclamó un califato en junio de 2014 en vastas zonas de Irak y Siria, donde logró imponer su dominio.
En los últimos días, el Estado Islámico ha asumido la autoría de varios ataques en Irak, coincidiendo con los avances de las fuerzas leales a Bagdad en distintos frentes con los yihadistas.
El pasado 1 de marzo, al menos 40 militares iraquíes, entre ellos un general, murieron en un atentado perpetrado por dos suicidas contra la sede de las Fuerzas Armadas en la zona de Hadiza, en la provincia occidental de Al Anbar.
En los días previos, el Estado Islámico perpetró también dos atentados suicidas, uno de ellos en la zona de Al Meqdadiya, que causó 35 muertos, y otro en el distrito bagdadí de Ciudad al Sadr, de mayoría chií, con 55 fallecidos.


