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Comparten México y Colombia violencia contra mujeres; “estamos en guerra, aunque formalmente se niegue”: Natalia Parra

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(17 de agosto, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- La vida cotidiana las mujeres colombianas está llena de agresiones, en algunos casos porque se les pretende estandarizar, volverlas objeto de mercado y lo más grave, por las agresiones físicas de las que son víctimas, en contextos similares a los que padecen las mexicanas, explicó Natalia Parra, secretaria técnica de la Bancada Animalista del Congreso de la República de Colombia.

“Las cifras en Colombia no llegan al nivel de México porque proporcionalmente somos menos población, pero si son altas. Si bien tenemos una legislación importante, muy bonita, no se aplica. Hay miles de agresores sueltos, sabiendo que la justicia no los procesará. A veces los jueces, los inspectores de policía, no prestan la debida atención y no se llevan a cabo los procesos”, detalló.

En entrevista con Revolución TRESPUNTOCERO, Parra explicó que para explicar la violencia de género en Colombia, se debe tomar en cuenta que es un país que ha estado en guerra desde hace varias décadas, aunque formalmente se niegue –como en nuestro país- lo que ha agregado matices, pues la violencia no está asociada solamente al narcotráfico, sino a la exclusión social, al levantamiento en armas de grupos de derecha e izquierda, lo que deja en situación de vulnerabilidad a ciertos sectores de la población.

Detalló que la guerra ha invadido completamente la esfera de lo público y lo privado, lo que ha propiciado toda clase de violaciones a los derechos humanos y por supuesto, a los de las mujeres, generando que algunas, incluso tengan que ligarse a la guerra como combatientes para evitar que sus hijos sean las víctimas.

“No son pocos los casos de Colombia en que las violaciones se dan en regiones rurales. Por pertenecer al bando contrario o simplemente por hablar con el bando contrario, llegan y las violan. Ha habido casos en que, a las mujeres embarazadas, les sacan a sus hijos. Esto viene desde hace décadas, aunque ahora estamos en un proceso pacificador con el grupo más fuerte, que es el de las FARC. Tenemos una esperanza grandísima en que se pueda lograr”, agregó la asesora.

Impunidad, otra constante

Para Natalia Parra, la impunidad es otra problemática que comparten México y Colombia, en el intento por hacer frente a la violencia contra la mujer, además de la falta de infraestructura para atender los casos, pues; por ejemplo, carecen de figuras como hogares de paso que reciban a las mujeres que quieran salir de ese entorno, lo que les impide dejar a sus parejas que en muchas ocasiones, vuelven a maltratarlas e incluso, terminan por asesinarlas.

“En regiones apartadas, el machismo es evidente y es donde además, se da más maltrato. Quienes producen animales de consumo relacionan a las mujeres con ellos. Hay un movimiento denominado ‘Machista Casanareño’, que dicen que una relación con la mujer, es como adiestrar a un caballo o cosas similares, lo que hace parte de una cultura y que las autoridades tengan el mismo chip”, explicó.

Datos estadísticos señalan que la mayor violencia de género se da en contra de habitantes de comunidades afrodescendientes, ubicadas en la costa del mar Caribe y en la del Pacífico que son básicamente, zonas de miseria donde las mujeres -en razón de la guerra- han tenido que tomar las riendas de sus comunidades, pero bajo un esquema machista, pues no es que ellas manden, sino que les toca realizar la parte más pesada.

Por lo tanto, las mujeres afrodescendientes e indígenas que viven en la zona más pobres y alejadas, se convierten en las más vulnerables, al permanecer en un continuo ambiente de maltrato; sin embargo, este también se da contra mujeres de clase media y alta, aunque generalmente son menos visibles a consecuencia de que no lo exteriorizan o no son conscientes del daño, pues viven en ciertos entornos en los que simplemente, creen que el abuso es normal.

Además, a pesar de que en Colombia hay una Ley de Cuotas, la inclusión política de las mujeres sigue siendo limitada y la minoría que ha logrado llegar a espacios de toma de decisiones, son objeto de improperios, incluso por sus mismos compañeros que tienden a menospreciarlas y a darles un trato despectivo.

Como en México con las llamadas “Juanitas” –mujeres que ganan una elección popular y luego renuncian para que su suplente, generalmente un hombre ocupe el puesto- en Colombia, familias que tradicionalmente han estado cerca de la política y del gobierno, utilizan a las mujeres para aparentar apertura, pero es el patriarcado quien sigue tomando las decisiones.

“Lo que sí se nota, es que los partidos llaman a mujeres para engrosar las listas, pero el poder real siempre queda en las mismas manos. En Colombia tenemos un matiz adicional, que nosotros conocemos como ‘los delfines’, que son los hijos o familiares de los que siempre nos han gobernado. Parece una monarquía, pero se refrenda”, explicó Parra a Revolución TRESPUNTOCERO.

Víctimas invisibles

La también directora de la Plataforma Colombiana por los Animales ALTO, habló de la necesidad de llamar la atención sobre la violencia que también se ejerce en contra de los animales, pues ellos son las víctimas invisibles de la violencia; además de que los animales también son un foco de entendimiento de esta, pues están relacionadas y “quien es capaz de maltratar a un ser vulnerable, lo puede hacer con cualquier otro”.

“Cuando hay agresión hacia los animales, la persona que la comete, posiblemente también está agrediendo a una mujer, a un niño o a una persona de la tercera edad. Está comprobado por cifras de la Coordinadora de Profesionales por la Prevención de Abusos de España, que en la mayoría de hogares donde se detecta que a un animal lo están maltratando, lo mismo se replica con la esposa o hijos”, explicó.

A este escenario se suma que las mujeres que reivindican el cuidado de los animales son agredidas por comunidades machistas que las catalogan y han impulsado una persecución en su contra, que ha dejado como saldo, incluso, ataques físicos.

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