El día de hoy les hablaré sobre Margaret Tatcher. El más reciente lunes falleció Margaret Tatcher, y en twitter -específicamente- se desató por un rato un debate sobre su verdadera aportación a la humanidad, a la historia y a su país, ya que se le quiere y se le odia a tal grado que parece que en Europa se celebró y se veló por igual su muerte. Es tal su peso que, al igual que sucedió con Chávez y con todos y todas las grandes lideresas, no puedes permanecer indolente y sin postura ante ellos. Eran héroes o eran villanos, depende de cada quien.
Es muy loable la posición de las feministas que tuiteaban que lo más importante era que fue una mujer de poder, de las primeras en el mundo, ya que estuvo al frente del Gobierno Británico de 1979 a 1990, y eso es algo muy loable y más teniendo en cuenta que, como dice Denise Dresser en su columna del pasado lunes en Reforma: “de los 195 países independientes en el planeta, sólo 17 son gobernados por mujeres. Las mujeres sólo ocupan el 20 por ciento de los asientos parlamentarios a nivel global”.
Las anteriores, sin duda, cifras alarmantes política y socialmente hablando, y que hacen que sea muy importante y positivo el hecho de que haya sido -por mucho- la mujer más poderosa del mundo durante dos décadas.
No soy tan fan de declarar como bueno un logro por cuestiones de género, aunque si influye y mucho, pero así como tampoco hubiera votado por Josefina Vázquez Mota por el hecho de ser mujer, el hecho de que fuera hombre no quitó simpatías a AMLO (Véase videohttps://www.youtube.com/watch?
En política lo que más pesa son las convicciones, las ideas y las acciones y, en este caso, Margaret Tatcher era una mujer que, al menos desde el punto de vista ideologico, era extremadamente de derecha.
Pero también hay que decir lo cierto: es una mujer ante todo conservadora, quien -desde luego- sacó a su país de una grave crisis financiera que tuvo grandes costos para la mayoría de los británicos. Con tal de conseguir su objetivo hizo lo mismo que trata de hacer el gobierno de Enrique Peña en México, aplastar sindicatos y privatizar lo poco que queda de país, dejando en indefensión a los que menos pueden y a los que menos tienen.
Durante su gobierno, se implementó la política de “el que no aporte que no coma”, literalmente, lo anterior sin importar que no hubiera las condiciones para aportar, en este caso, a la economía del país. Contrario a lo que sostenemos en la oposición que debería ser el país, efectivamente que todos y todas aporten al país pero también que todos y todas tengan acceso a lo mínimo indispensable, a una educación de calidad, a un servicio de salud decente, a una vida digna.
Sin duda murió Margaret Tatcher, hay que reconocer su peso histórico, pero no se vale santificar al que murió y no reconocer sus errores.
Margaret Tatcher era la Salinas de su época en su país, hoy la representa David Cameron y a Salinas lo representa Enrique Peña Nieto, no olvidemos lo importante por atender lo urgente.


