Estudio genético de más de 500 mamuts ha permitido descubrir un patrón que hasta ahora no se veía con claridad dentro de muchos de los grandes conjuntos de huesos hallados.
Esto en yacimientos prehistóricos en Europa.
Según los datos se aporta una prueba científica sólida de que buena parte de dichas acumulaciones no se formaron por causas naturales.
Sino por una acción humana durante el periodo Paleótico superior.
La clave se encuentra en comparar el sexo genético de los mamuts encontrados.
Por un lado los restos procedentes de depósitos naturales y por otro los huesos hallados dentro de sitios arqueológicos con señales claras de actividad humana.
Dentro de los contextos predominan los machos solitarios qué representan el 66.5 por ciento de la muestra.
Por otro lado en los yacimientos vinculados a humanos cerca del 70 por ciento los restos correspondían a hembras.
El estudio arroja que los grupos humanos cazaban manadas matriarcales, pues estas vivían juntas con crías lo que la hacía más visibles y accesibles para poder cazar.
Recordando la idea de que el mamut no fue un recurso ocasional sino un animal central para muchas de las comunidades del Paleótico.
Pues aportaba carne, grasa y piel.
Sino también marfil y huesos usados para la fabricación de herramientas, construcción de estructuras y en ocasiones prácticas de rituales.









