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Scheherezade, y las “Estatuas sepultadas”

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No se puede entender la trayectoria de Antonio Benítez Rojo si no se atiende a las vicisitudes que rodearon la escritura de Tute de Reyes (1967), volumen que contiene el cuento Estatuas Sepultadas. En el prólogo que abre una antología de cuentos del autor, Roberto González Echavarría concluye con una analogía digna de resaltar que  “así como Scheherazade narraba cuentos para salvar su vida, Antonio Benítez Rojo los escribía para salir de Cuba.” Es paradójico pensar que Benítez Rojo tuvo como incitación principal a la escritura, siendo economista de profesión y empleado gubernamental, fue la propia Revolución; hecho que a la larga terminó cambiando de forma radical, cuando el régimen cerró las libertades artísticas en función del mentado realismo socialista.

La enfermedad de su hija, Mari, y la posterior salida de ésta con su esposa de la isla, hizo apremiante que Benítez Rojo buscara desesperadamente salir de Cuba por dos razones principales: la primera, la enfermedad ya mencionada de la hija y su posterior tratamiento en un hospital de los Estados Unidos y, la segunda, el desacuerdo creciente que Benítez Rojo sentía contra el régimen cuando observó, en sus propias palabras, que Castro quería “convertir a Cuba en un satélite de la Unión Soviética”. Hacia 1968 Benítez Rojo ya había decidido exiliarse y valerse de los premios literarios, que le permitirían algún viaje al extranjero, para ello (ya el año anterior, Tute de reyes había ganado el Premio de Casa de las Américas). Esperaba que una nueva colección de cuentos, titulada El escudo de hojas secas, volviera a ser premiada. Y así fue, en el año de 1969. Sin embargo, a pesar del premio literario concedido a El escudo de hojas secas, el viaje fue denegado por el régimen en diferentes ocasiones y, con ello, la desaparición del autor de todo el movimiento cultural de la isla.

Esta desafortunada inercia acompañó al autor por espacio de once años, tanto en Cuba, como en los Estados Unidos, existió una intención de omitir no sólo al autor, sino a todo aquél que hozara estudiar su narrativa. Así, Benítez Rojo vivió un lapso de invisibilidad que se acrecentaría cuando, finalmente, en el año de 1980, abandonó una misión cultural del gobierno cubano en París, para pedir asilo al gobierno francés y así poder reunirse con su familia en Massachusetts, ya como Jefe editorial de Casa de las Américas y del Centro de Estudios del Caribe.

Resulta significativo, entonces, dar cuenta de la invisibilidad por la que ha tenido que atravesar Antonio Benítez Rojo en los círculos literarios hispanoamericanos, más cuando estamos hablando de un autor que cultivó distintos géneros literarios en los cuales intentó de entender su entorno, el caribeño, de una forma que fuera mucho más allá de las falsas interpretaciones socialistas del régimen cubano o de las enfermizas descripciones paradisiacas de folletines turísticos en Estados Unidos; esto a través de una travesía que lo llevó de cierta ingenuidad narrativa en los primeros cuentos de su obra hasta develar en su etapa de madurez, en ensayos y novelas históricas, la realidad caribeña como la repetición dinámica de islas que se repiten en sí mismas y se resignifican con características propias en otras más – me refiero a su ensayo La isla que se repite (1989).

En lo que respecta a su cuentística, se caracteriza por una simple complejidad y ambigüedad torturante. Así, hecha la referencia, la debida presentación del autor, dejo a consideración del lector el siguiente cuento titulado “Estatuas sepultadas” (contenido en el ya mencionado Tute de Reyes), magnífico cuento que reflexiona sobre una familia de la aristocracia cubana, arrinconada, agazapada, por el régimen revolucionario, y de qué forma la autoreclusión declara la propia extinción de la extirpe. También, de paso, dejo la “Introducción” de La isla que se repite. Sin más, dejemos que, de una vez por todas, nos hable Antonio Benítez Rojo:

 

– “Estatuas sepultadas”:

http://www.literatura.us/rojo/se.html

 

– “Introducción”, La isla que se repite.

http://www.literatura.us/rojo/isla.html

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