Valentina Pérez Botero / @vpbotero3_0
(05 de agosto, 2013).- La minería ilegal en Colombia ha desplazado, en rentabilidad, a la siembra de cultivos ilícitos –tanto de coca como de marihuana– porque resulta menos peligrosa y más redituable.
En el último conteo realizado por el gobierno colombiano, bajo la dirección del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci), se registró una correlación entre la disminución de estos cultivos y el aumento de la minería ilegal.
Un ejemplo claro es el departamento –división territorial-administrativa colombiana– de Antioquia, en el que se redujo el área total de plantíos de 3 mil 104 a 2 mil 725 hectáreas al mismo tiempo que la cantidad de mineros ilegales creció desmesuradamente.
El sueño del oro parece haberse convertido en el giro que libra a los pequeños campesinos de cultivar y procesar la coca en sus terrenos, aunque es muy probable que tengan que pagar una cuota de los minerales extraídos. El descenso en cultivos ilícitos también significa una disminución en la erradicación de estos a través de sobrevuelos que tienen efectos nocivos en la tierra y en la salud de las personas, aunque la minería conlleva sus propias –y graves– afectaciones sanitarias y ambientales.


