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Los mexicanos subsidian los bajos precios de electricidad que pagan Walmart, Oxxo, Bimbo y Kimberly-Clark

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Mientras el mundo atraviesa por una crisis energética como no se había visto en décadas, en México el debate sobre la contrarreforma eléctrica ha acaparado la discusión pública en las últimas semanas.

Lo que sorprende en el caso mexicano, es que a estas alturas de la historia, todavía existan personas que defienden la desastrosa reforma energética impulsada por Enrique Peña Nieto a través de sobornos, en complicidad con el binomio de derecha PRI y PAN. Los neoliberales siguen prometiendo algo que nunca ocurrió. Afirman que, de mantenerse la reforma peñista, ahora sí van a bajar los precios de la electricidad, a pesar de que la evidencia señala que, de hecho, ocurrió lo contrario. De 2015 a 2021 la tarifa de la electricidad para un hogar promedio, pasó de 1.39 a 1.91 pesos por kilowatt-hora (kWh), según datos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Los beneficios de la reforma energética de Peña, sólo son palpables para un selecto grupo de las élites empresariales. Grandes compañías como Femsa, Bimbo, Walmart, Kimberly-Clark y Cemex, pagan una menor tarifa de electricidad mediante un esquema de simulación en que aparentan ser socias de empresas energéticas como Iberdrola, cuando en realidad son clientes, con el fin de beneficiarse de una figura legal conocida como sociedades de autoabasto. A través de este mecanismo, las empresas adquieren electricidad generada por empresas privadas sin pagar los costos de transmisión en la red eléctrica, los cuales terminan siendo absorbidos por el Estado. De este modo, los mexicanos estamos subsidiando las bajas tarifas de luz que pagan empresas privadas, incluyendo grandes trasnacionales extranjeras como Walmart. Ese es el legado de la reforma energética de Peña que la derecha defiende.

Al mismo tiempo, la CFE se ha visto obligada a parar sus plantas de energía para privilegiar a los generadores privados, lo cual ocasiona cuantiosas pérdidas para el país.

La CFE ha señalado que este esquema de subsidios disfrazados han dejado pérdidas por más de 471,000 millones de pesos desde la aprobación de la reforma energética. Con semejante subsidio a expensas de los mexicanos, es entendible que las cúpulas empresariales hayan lanzado una campaña mediática para tratar de mantener un esquema de privilegios abusivos. Y el abuso es doble, si tomamos en cuenta que muchas de estas grandes empresas beneficiadas con precios preferenciales de electricidad, no pagaron impuestos durante años, tras varias condonaciones fiscales durante los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Por eso se entiende la manera en que el Consejo Coordinador Empresarial ha utilizado sus aparatos de propaganda en los medios corporativos para arremeter contra la contrarreforma eléctrica propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

La manera en que los grupos neoliberales han utilizado las energías renovables como arma política, es otro asunto particularmente cuestionable. Lo que menos le importa a las grandes empresas energéticas es el medio ambiente, pues operan bajo una lógica estrictamente de rentabilidad y negocio. La bandera ambiental que defienden estas grandes corporaciones es un clásico ejemplo de ‘lavado verde’ (greenwashing), una estrategia de marketing que trata de hacer pasar por ecológicas cosas que en realidad no lo son. Un ejemplo de eso es la empresa española Iberdrola, beneficiada con contratos durante los sexenios de Calderón y Peña. De acuerdo con documentos de la compañía, México es el país donde más contamina Iberdrola de todos aquellos donde tiene plantas de electricidad.

En 2021, Iberdrola emitió 305 gramos de dióxido de carbono por cada kilowatt-hora (gCO2/kWh), mientras que en España apenas alcanzan los 60, en Europa los 53, en EE.UU. los 57 y en Brasil 63 gCO2/kWh. Esto se debe, a que el 86% de la energía que genera Iberdrola en México proviene de plantas de ciclo combinado que operan con gas, mientras sólo un 12% proviene de energías renovables como eólica y solar. De este modo, queda en evidencia la farsa retórica de que los privados generan únicamente energía limpia, cuando en realidad, su negocio principal es la quema de hidrocarburos.

Otra cosa que salta a la vista, es la manera en que la derecha mexicana, promotores de la Iberosfera enarbolada por el voxipanismo, sigue esgrimiendo argumentos caducos sobre los supuestos beneficios de la privatización del sector eléctrico, mientras que en el mundo, no existe evidencia sólida de que este esquema de privatizaciones haya repercutido en mejores precios al consumidor.

En un estudio de 2013 titulado Electricity prices and public ownership: Evidence from the EU15 over thirty years (Precios de electricidad y propiedad pública: evidencia en 15 países de la Unión Europea en 30 años), los académicos de la Universidad de Milán, Carlo V. Fiorio y Massimo Florio, sostienen lo siguiente: “Dada la disponibilidad de datos, en cualquier caso existe evidencia de que los precios al consumidor son más bajos en países donde se ha preservado la propiedad pública”.

La explicación de por qué ocurre esto, se debe a que los esquemas de privatización del sector eléctrico “las ganancias de productividad no se transmiten fácilmente a los consumidores”. Dicho de otro modo, cuando aumenta la productividad en la generación de electricidad por parte de empresas privadas, esto no se refleja en mejores precios para el consumidor, debido a que las empresas buscan maximizar sus ganancias. Tan sencillo como eso.

El proceso de privatización del sector eléctrico en Europa, inició en Reino Unido durante la época neoliberal, para luego exportarse a otros países de la región desde principios de la década de 1990. Treinta años después, Europa paga hoy los platos rotos de una política privatizadora, en medio de una crisis que ha disparado 260% los precios del gas natural en el último año, lo cual ha ocasionado riesgo de apagones en el suministro eléctrico en la antesala del invierno. De ahí, que países como Alemania emitan anuncios para advertir a la población sobre cómo sobrevivir al crudo invierno sin calefacción, en caso de apagones.

En España, la historia no es muy distinta. En el último año, las tarifas de la electricidad se dispararon casi 500% en el último año. Tras la privatización de Endesa, la que alguna vez fuera la empresa pública española de electricidad, las autoridades gubernamentales en España no cuentan hoy con mecanismos que le permitan al Estado sortear con una subida repentina de precios que pone en riesgo la viabilidad financiera de las empresas privadas.

Un caso similar ocurre en Reino Unido, donde existe el riesgo de que la crisis del gas provoque la quiebra de 45 de las 55 empresas privadas de energía que abastecen a los británicos. El primer ministro Boris Johnson ha advertido que no habrá un rescate de empresas eléctricas, como ha ocurrido en otros países con los grandes bancos. Sin embargo, existe enorme incertidumbre de hasta qué punto podría escalar la crisis conforme se acerque el invierno, y la tendencia de los precios del gas siga a la alza los próximos meses.

Como si la experiencia europea no fuera suficiente razón para tomar precauciones, la derrotada oligarquía neoliberal sigue pugnando por mantener un esquema de privilegios, profundamente abusivo, sin tomar en cuenta los riesgos que implica para el país, e incluso para los mismos intereses de las élites empresariales, poner en manos de los caprichos del mercado un sector crucial para la seguridad nacional de México, como lo es el sector eléctrico.

Esto no es especulación. En febrero de 2021, una helada en Texas disparó los precios del gas natural e impidió que México pudiera importar el hidrocarburo desde EE.UU. Bajo una lógica de precios, los neoliberales hicieron que la matriz energética de México dependa de las importaciones de gas, ya que cerca del 60% de las plantas eléctricas en el país, operan con gas natural. La helada en Texas, provocó apagones masivos en varios estados del norte de México, lo cual provocó pérdidas millonarias en fábricas que tuvieron que parar sus actividades durante varios días, incluso semanas. Como si aquella experiencia no hubiera sido suficiente señal de alerta para realizar cambios al sector eléctrico, la derecha sigue pugnando por dejar intacta la nefasta reforma energética prianista que representó un duro golpe a la soberanía energética del país. La ceguera de los neoliberales es tal, que no pueden ver más allá de llenarse los bolsillos aún cuando el futuro del país esté de por medio. Su incapacidad para entender cuestiones elementales como esta, explica en buena medida, el cambio de régimen político y el apoyo popular que hoy existe en torno a la propuesta de contrarreforma eléctrica de AMLO. Falta ver si los números en el Congreso le aclanzarán a la 4T para modificar este corrupto esquema de saqueo eléctrico.

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